20 de agosto de 2012 00:56 AM
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La ganadería del Norte, todavía con déficit

Según el experto Carlos Peruchena en la región aún es escasa la adopción de tecnología, lo que serefleja en una baja carga por animal por hectárea y una reducida producción de terneros, entre otros indicadores.

El especialista en ganadería subtropical, forrajes y alimentación Carlos Peruchena analizó la productividad ganadera del norte argentino y efectuó algunas recomendaciones para su intensificación. El técnico presentó el trabajo que sigue en el Primer Congreso Ganadero de Tucumán, organizado por la revista Amanecer Rural, el Movimiento CREA y el INTA.

Recordó que “los problemas de la ganadería pastoril del Norte siguen siendo los históricos: la escasa adopción de tecnología, que se refleja en una baja carga animal por hectárea; pobre producción de terneros (con índices de marcación del 45-50%), y baja eficiencia en la ganancia diaria de peso en la recría y en el engorde”. Estos factores condicionan significativamente el resultado productivo y económico de los sistemas ganaderos sobre pastizales.

Las deficiencias nutricionales de los bovinos, principalmente durante el período otoño-invernal, constituyen el principal factor negativo para la intensificación de la producción de carne en la región. Son provocadas, fundamentalmente, por el bajo valor nutritivo de las gramíneas subtropicales.

Según la época del año, el contenido de proteína bruta de las pasturas oscila entre el 5 y el 16% de la materia seca, la digestibilidad es inferior al 60% y el contenido en carbohidratos no estructurales es inferior a 100 gramos por kilo de materia seca.

“Por las características del ciclo de crecimiento de las pasturas, y como consecuencia de este proceso, se observa una alta variación estacional en la concentración de nutrientes de las gramíneas subtropicales”, sostuvo el especialista.

En primavera, estas especies presentan un mejor balance, con baja concentración de materia seca y de fibra, y máximos niveles de proteína y digestibilidad. En estas condiciones, el consumo voluntario es elevado.

Luego, en verano, el contenido de materia seca se incrementa, el porcentaje de proteína se mantiene estable y aumenta ligeramente el contenido de fibra, disminuyendo la digestibilidad. El consumo voluntario es medio-alto. Posteriormente, durante el período otoño-invernal, se produce un gran incremento en el contenido de materia seca y de fibra indigerible, a la vez que caen en forma abrupta el contenido de proteína y la digestibilidad del forraje, por lo cual el consumo voluntario disminuye a niveles mínimos.

Un problema adicional lo constituye la estacionalidad en el crecimiento de estas pasturas, que presentan altos niveles de acumulación de forrajes en el período primavera-verano-otoño (más de 20 kg MS ha/día) y escaso o nulo crecimiento invernal (menos de 5 kg MS/ha/día).

La velocidad de crecimiento de verano y otoño contrasta con la baja carga animal de los sistemas extensivos (0,2 – 0,7 EV ha). Como resultado, se obtiene una baja utilización del forraje producido y una rápida madurez, lo que aumenta el contenido de fibra y lignina, y reduce la concentración proteica y la digestibilidad de la materia orgánica.

En condiciones de pastizales maduros, la selectividad ejercida por los bovinos en pastoreo permite mejorar la calidad de la ingesta. El efecto nutricional de la selección dietaria puede ser medido como la diferencia en los niveles de proteína y digestibilidad entre el forraje ofrecido y el ingerido. En el norte de nuestro país, se ha comprobado la importancia de la selectividad en pastoreo sobre gramíneas subtropicales.

El comportamiento selectivo de los bovinos en pastoreo se orienta hacia el componente hoja verde, que concentra el mayor valor nutritivo del forraje.

 Brechas nutricionales

La ganadería del norte argentino se desarrolla sobre pastizales naturales de bajo valor nutritivo, muy heterogéneos en su productividad, con diferentes grados de deterioro por enmalezamiento y avances de renovales y monte, y con escasa o nula producción invernal.

La pobre oferta de nutrientes de la base forrajera pastoril contrasta con la alta demanda de nutrientes de los bovinos jóvenes en etapas de crecimiento y engorde.

El déficit nutricional es muy significativo en el invierno, principalmente en los meses de julio, agosto y septiembre. En esta época, los altos contenidos de fibra (FDN) y los bajos valores de proteína y digestibilidad de las gramíneas subtropicales limitan el consumo voluntario de los bovinos en pastoreo, aumentan la brecha nutricional y comprometen el nivel de respuesta animal.

En los modelos productivos tradicionales, con una base exclusivamente pastoril, los desbalances nutricionales en el período otoño-invernal limitan la respuesta productiva anual y afectan la economía y la sostenibilidad de esos sistemas productivos.

“En algunas categorías de vacunos el problema se manifiesta con mayor gravedad, porque la brecha nutricional es mayor y el impacto sobre la respuesta productiva es más severo”, advirtió Peruchena.

Fuente: La Nación

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