20 de agosto de 2012 14:54 PM
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La chilena que analiza los aceites de oliva del mundo

En pocos años se ha consolidado como jurado de los más prestigiosos concursos mundiales de aceite de oliva. En paralelo, ha perfeccionado su veta de empresaria, que la ha llevado a conocer almazaras -procesadoras de aceite de oliva- en distintos lugares del orbe y a participar en cuanta feria internacional existe.

El 2004 es el año que Denise Langevin considera como el despegue de su pasión: el aceite de oliva. El extra virgen. Con padre agricultor y marido dedicado a la exportación de productos agrícolas, para esta residente de Codegua, en la VI Región, nada la relacionaba con el aceite de oliva. En ese momento lo veía como “algo que surgió, con interesantes propiedades nutricionales y que venía con fuerza en Chile, tal como lo podría ser a futuro la exportación del maqui”, explica. 

Sin embargo, fue en un viaje a Niza, en Francia, cuando vio aceites macerados. 

“Me dio por hacer lo mismo aquí, pues me atrajo la idea de agregar valor al aceite de oliva chileno”. 

Decidió seguir su idea y crear “Agroindustrial Nuevos Campos”. Para establecer su pyme decidió importar desde Argentina aceite extra virgen, es decir, el de más alta calidad, ya envasado. 

“Si bien en Chile se producen muy buenos aceites, igual hay quienes prefieren el aceite de alta calidad importado”, cuenta. 

Por algunos años estuvo en esto, yendo a Argentina a visitar a un proveedor que le daba plena confianza en cuanto a la calidad. Al negocio le empezó a ir bien y ella se interesó por saber más. 

“Llegó el momento cuando supe, pasados los 30 años, que esto era lo que quería hacer hacia adelante, pero mejor”, resume. 

Hoy la chilena es una experta catadora, reconocida como tal internacionalmente. Al punto que es en forma continua invitada como jurado a concursos mundiales de aceite de oliva.

Un Château en el destino

A pesar de que Chile estaba en pleno boom productivo, en 2009 prácticamente no había catadores de aceite de oliva, no había quienes supieran analizarlo técnicamente, describiéndolo en precisos términos organolépticos. 

Viajó entonces a Italia, con la idea de a buscar alguna representación comercial para traer nuevos productos y también para seguir un curso de cata. Lo tomó en Lucca, ciudad que es parte de la Toscana y que, desde la antigüedad, está asociada al aceite de oliva. 

Luego su destino fue el campus de Cesena, en la universidad de Bologna, donde durante una semana profundizó sus conocimientos en otro curso, de corte más académico. 

Su itinerario en Europa siguió en la sede de un productor francés, Château Virant, en el terroir olivícola de Aix-en-Provence. El domaine o castillo ofrece vinos y aceite de oliva de alta calidad y de apelación controlada, tiene 126 hectáreas de viñedos y 30 hectáreas de olivos en el corazón de la Provenza y es manejado por la familia Cheylan. En esos suelos arcillosos con roca calcárea, de temperaturas altas y batidos por el Mistral, fuerte viento que sopla en la región, Denise Langevin aprendió in situ el proceso de recolección, de producción y de envasado del aceite de oliva. 

“El 2009 fue súper interesante. Aprendí mucho en Francia. Además ese año me traje una representación de un aceite toscano, con una marca privada elaborada para mí, Olivina”. 

Un tiempo después sumó la representación exclusiva de los aceites Chateau Virant que “se ganan todos los años el premio al mejor aceite de Francia”, comenta Langevin. 

Se trata de aceites de oliva -un blend de variedades donde dominan Salonenque y Aglandau, además de Picholine y Lucques, entre otras- reconocidos a nivel global, que por ejemplo, son parte de la oferta de la conocida tienda de productos gourmet Dean & Deluca en Nueva York. 

Denise no es de las que se quedan en Codegua. En 2010 fue a la SIAL en Canadá. Los organizadores supieron por Christine Cheylan que ella era catadora y consideraron interesante tener a una chilena entre sus filas.

“Me invitaron como jurado del concurso Olive d’Or”, cuenta. Se trata de un concurso internacional en el seno de la exhibición y al que en esa oportunidad se presentaron cerca de 125 muestras. 

Y “como una cosa lleva a la otra”, reflexiona Langevin, conoció a un representante de una cooperativa de productores portugueses que le ofrecieron su representación para abrir mercado en Chile. “Aunque les he hecho más contactos en otros lados que ¡en Chile!” dice. 

Consolidación del prestigio

En 2011 siguió consolidándose como jurado internacional. Por segunda vez fue juez de la SIAL en Canadá y por ahí supo de un curso en Latina, región del Lacio italiano. Allá partió. 

“Fue un curso muy práctico, en terreno, en la mitad de un cerro rodeado por olivos. Aprendí, por ejemplo, de la variedad Itrana, que no conocía”. 

También fue a la feria Anuga, en Colonia, Alemania, donde estuvo en contacto con muchos potenciales clientes. 

“Pero sobre todo las ferias me permiten probar muchas variedades, conocer empresas. Todo el comercio está en las ferias. Resultan muy importantes”, comenta. 

Desde comienzos de este año, el ritmo de esta empresaria se ha intensificado. Denise Langevin se ha subido a un avión como nunca. En febrero fue a la feria portuguesa SISAB. En marzo fue jurado en Los Ángeles International Extra Virgin Olive Oil Competition 2012, en California. 

“En abril tuve el honor de ser invitada como jurado en el concurso de aceites extra virgen de la feria Ovibeia 2012, en Portugal. Pero, además, nos dieron a los jurados la oportunidad de mostrar aceites de nuestros países respectivos en una cata privada. Una fantástica oportunidad para promover Chile”, cuenta con entusiasmo. En mayo tuvo lugar el Olive d’Or, en Montreal, donde fue catadora. En junio estuvo en Israel, convidada como jueza en el concurso TerraOlivo, en Jerusalén. En julio visitó la Fancy Food Fair, feria de productos gourmet más importante de Estados Unidos. Y para octubre, los boletos están destinados a Paris, sede de la SIAL, conocida feria internacional de alimentación. 

Y 2013 está ya parcialmente planificado. En marzo o abril debería hacer la práctica de un curso de olivicultura que hizo antes. Y hay más cursos a los cuales siente que debe asistir. “Detrás de una botella hay mucho esfuerzo, mucho trabajo de un productor. Por lo tanto, ser jurado es una gran responsabilidad para mí. Estar adecuadamente preparada es mostrar respeto a ese productor, pues mi opinión trae consecuencias y debo prepararme bien”, expresa la profesional. 

En paralelo, se ha preocupado de mover comercialmente sus representaciones en los canales que le parecen los más adecuados para sus productos de nicho, principalmente hoteles y restaurantes, y de vez en cuando las secciones de delicatessen de algunos supermercados. 

La semana pasada estaba analizando un potencial acuerdo de comercialización con un dueño de una distribuidora de productos gourmet que a su vez abastece a restaurantes y tiendas gourmet de alto nivel a nivel metropolitano. Ella conoce bien su mercado objetivo, y es exigente respecto de la calidad de los productos que promueve. Si bien los productos le llegan terminados, viaja al menos una vez al año a las fábricas y existe todo un proceso de pre-aprobación suya, tanto en la calidad del aceite como eventualmente en el diseño de la etiqueta o el de la botella. 

El giro que viene

También ha debido interiorizarse en detalle sobre la producción chilena. “Puede ser curioso pues yo importo aceite de oliva, pero a la vez al ser jurado chilena en los concursos yo represento de alguna forma a los aceites de oliva chilenos. Uno pone la bandera de Chile en otros lados”, discurre Denise Langevin. 

Por lo mismo, está enfrentando una encrucijada. 

En el último tiempo evalúa su próxima etapa como empresaria y cree que debería ser a la inversa.

“Voy a trabajar de Chile hacia afuera. Es lo natural y debería ser lo lógico. Inicialmente para nosotros que éramos tan nuevos en lo del aceite de oliva comercialmente era atractivo contar con productos importados. Pero dada la calidad tan buena que tiene el aceite chileno tal vez hoy día es menos necesario destacar que se trata de un aceite importado como sinónimo de alta calidad y más bien hay que resaltar su origen chileno”, dice. 

Hoy está pensando asimismo en plantar unos árboles en su parcela de Codegua para conocer mejor el comportamiento de las variedades, sus problemas, su relación con los distintos tipos de suelo y climas. “Es que hay tanto que me falta por aprender…”, justifica, entusiasmada.

 El día a día de un jurado de aceite de olivaSer jurado de un concurso de aceite de oliva extra virgen tiene su lado glamoroso y entretenido. Claro, se come rico y en lugares de muy buen nivel, mientras uno se codea con personajes interesantes. Pero como cualquier otro trabajo, requiere de mucha práctica y gran dedicación, muy concentrada en pocos días durante los concursos. 

“En el TerraOlivo de Israel, por ejemplo llegaron unas 400 muestras, que tuvimos que catar en 3 días bien intensos. El horario era de 9 a 13, almorzábamos y seguía el concurso de 15 a 18 horas sin parar”, explica la jurado chilena. “Los jurados olíamos la copa, detectamos y describimos los aromas con una puntuación. Luego definíamos los sabores. Consideramos de qué variedad de aceituna se trata, si es un aceite monovarietal -por ejemplo, de Picual, Frantoio, Arbequina, Itrana- o si es un blend y cuál. Analizamos si el aceite es afrutado, picante, amargo, si es intenso o suave, si permanece o no en boca, y otros aspectos. Entre cata y cata cortamos el sabor con una manzana Granny Smith o bien con pan”, agrega. En Codegua, en tanto, para captar adecuadamente las características de los aceites, Denise Langevin tiene una sala especialmente acondicionada para las degustaciones, con copas de cata azules para evitar fijarse en el color del aceite y la que, un día cualquiera de la semana, exhibe varias decenas de muestras. 

Qué le falta a ChileLos aceites de oliva extra vírgenes chilenos tienen muy alta calidad y los productores chilenos se están preocupando de temas como el terroir, asociando las propiedades organolépticas del aceite con el suelo y el clima de la zona donde se produce, recalca Denise Langevin. 

Pero reconoce que aún tiene mucho camino por delante. “Chile se ha ganado un espacio en el mundo olivícola, debido a la calidad de sus aceites. El desafío es mantener y mejorar esa calidad para afianzar el prestigio alcanzado y, por otra parte, consolidar los mercados ya existentes e ir en busca de otros”, dice. 

Aplaude el proyecto de ley que está actualmente en trámite. “Será de gran importancia ya que protegerá la calidad del aceite que se produce en Chile y dará veracidad sobre el mismo, evitando fraudes. Hoy puede producirse una contradicción entre lo que dice la etiqueta y la calidad real del producto”, comenta. 

Conseguir la más alta calidad es sólo el comienzo. Para comercializar hay que dar a conocer el producto adecuadamente. Pese a que las exportaciones de aceite nacional se han multiplicado en los últimos años, la profesional echa de menos un mayor marketing.

“Los aceites de oliva extra virgen chilenos alcanzan cada día más protagonismo en los concursos internacionales. Pero creo que acá no se percibe en toda su dimensión el alcance y la importancia de estas competencias”, dice Langevin.

Según estadísticas de ChileOliva, se exportaron 6.700 tons. durante 2011, duplicando las cifras de 2010.

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Fuente: Revista de Campo

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