20 de agosto de 2012 14:57 PM
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Flores “made in Chile” : A la conquista del mercado nacional

El producto importado se hace cargo del 40% del mercado local. A la producción doméstica le falta diversificar la oferta, profesionalizar el sector e invertir en mayor tecnología para así consolidarse como exportadores.

Los chilenos no sólo regalan flores para los aniversarios, Día de la Madre, San Valentín o para acompañar nuestras condolencias. Hoy, las flores tienen un uso en la vida cotidiana más  extendido y menos suntuario. Sin embargo, y a pesar de que en el país existe una producción y diversidad interesante, cerca del 40% de lo que se comercializa proviene del extranjero.

Según los datos de Odepa, las importaciones de flores crecieron en 201% en valor entre los años 2005 y 2011, pasando de US$ 3,8 millones CIF a US$ 11,4 millones.

Que los chilenos estén comprando más se debe a una mejora en la situación económica del país y a cambios en los hábitos de consumo. Los floricultores nacionales tienen clara la tendencia y, por lo mismo, están trabajando para mejorar su participación en el mercado y ganar espacio del que se han adueñado las flores importadas.

A pesar del crecimiento que ha tenido en los últimos años, en el país sólo se destina a la compra de flores el 10% de lo que se gasta en países desarrollados. Por tanto, las cifras podrían seguir hacia arriba. “Se estima que el gasto anual de flores en nuestro país alcanza los US$ 70 millones, US$ 4,4 per cápita al año (producción interna más exportaciones). En cambio, Estados Unidos consume US$ 43, y países europeos como Holanda, Alemania y Dinamarca llegan a sobrepasar los US$ 50”, resaltó hace algunos días el subsecretario de Agricultura, Álvaro Cruzat.

De ahí que la Asociación Gremial de Productores y Exportadores de Flores, APEF, en conjunto con la Fundación para la Innovación Agraria, están realizando un trabajo para evaluar cómo potenciar el consumo interno de flores.

“Una campaña de fomento al consumo interno, que busque aumentar solamente en un dólar per cápita al año, implicaría aumentar US$ 17 millones más de ventas, más de 5 veces las exportaciones chilenas de flores. Es en este mercado interno donde la Agricultura Familiar Campesina tiene mucho donde crecer”, dice el ministro de Agricultura, Luis Mayol.

Las tareas por delante

Pero, además de aumentar el gasto que los chilenos destinan a comprar flores, lo que les interesa a los floricultores nacionales es que esos recursos se inviertan en flores locales más que en las extranjeras.

Serían factores como su calidad, los colores, las especies diferentes a las que hay en el mercado nacional y una duración en el florero más larga de lo habitual, entre otros, los que haría que a los chilenos les gusten especialmente los productos importados.

La tarea, a juicio del ministro Mayol, debe apuntar a seguir capacitando a los agricultores dedicados a la floricultura tanto en producción como en posventa; traer variedades nuevas, como ya se ha estado haciendo; capacitar en tecnologías de producción y con una orientación hacia lo que quiere el consumidor final.

Precisamente conscientes de la oportunidad de crecimiento y también de la imagen que tienen los productos extranjeros, es que los productores, organizados a través de APEF, están trabajando en una nueva imagen para las flores chilenas, con un “sello de calidad” que las posicione sobre las flores importadas.

Tomás Schmidt Ariztía, presidente de APEF, explica que “hoy existe la idea de que lo importado es mejor que lo local, pero no es así porque lo que llega a Chile desde Ecuador y Colombia es básicamente el desecho de lo que estos países mandan a Estados Unidos o a Europa”.

Entre las ventajas del producto local, que se busca destacar, es que la flor chilena es fresca, al contrario de la mayor parte de las importadas.

 “Queremos trabajar un sello de calidad desde la flor cortada hasta la poscosecha, de tal forma que el consumidor opte por la flor nacional sobre la importada, porque se dará cuenta de que tiene un producto incluso de mayor calidad y a precios más competitivos”, plantea Schmidt.

Este concepto de sello de calidad se trabaja con la Universidad Católica de Chile y la Universidad de Chile, socios también de APEF.

En esta búsqueda de un mejor posicionamiento, han diseñado una estrategia que contempla una intensa agenda de participación en ferias nacionales, así como distintas actividades para llegar a los consumidores.Otra de las cojeras que tiene el sector es la de los canales de distribución.

Hoy el principal es el Terminal de Flores de Santiago, que concentra casi 80% de la producción nacional. A pesar de presentar ciertas deficiencias logísticas y de comercialización, en él se abastece la mayoría de las florerías, tanto de Santiago como de regiones.

Un estudio de Odepa, denominado “Flores de corte: nuevas oportunidades” (enero, 2012), resalta que existen otros canales utilizados por algunos productores nacionales, como son la venta a distribuidores mayoristas en el mismo predio y la venta directa a consumidores locales.

Asimismo, el incremento del consumo de flores a nivel país ha permitido que se desarrollen canales regionales de comercialización que son abastecidos por productores de esas zonas, como en el caso de Arica y Parinacota.

“Al mercado mayorista también concurren los productores que no han podido colocar su producción en los mercados externos, lo que provoca dos efectos: por un lado, hace que la oferta sea más variada y, por otro, impacta en los precios internos. El mercado interno debería seguir expandiéndose, más aún si se logra desarrollar una estrategia público-privada para la industria y su cadena de valor. En un mediano plazo podría lograrse un promedio de consumo cercano a cinco dólares per cápita”, precisa el informe elaborado por los especialistas de Odepa Alfonso Traub y Bárbara Vicuña.

Floricultura de exportación

A pesar de la fuerte competencia con flores extranjeras, la floricultura nacional viene creciendo en forma bastante sólida. Una parte de ese crecimiento está dado por la exportaciones.

Chile presenta ventajas comparativas para la floricultura, entre ellas un clima frío requerido para el crecimiento especialmente de ciertas flores y la contraestacionalidad con respecto al hemisferio norte.

A pesar de esas buenas condiciones, las cifras hablan de un nivel de exportaciones US$ 3.200.000 FOB  y 271.000 kilos. Comparando las temporadas 2010 y 2011, se observa un leve aumento en el volumen exportado (4,6%), pero una caída de 11% en el valor; lo cual podría indicar una reducción de los precios promedio. Parte de esto puede estar condicionado por el impacto de la crisis económica europea.

Es decir, habría un potencial por explotar, no sólo a nivel local, sino también en las exportaciones, que no se está aprovechando. Las causas, según Traub, serían que el país trabaja con especies poco competitivas, como claveles, rosas y lilium; la falta de profesionalización y de capacidad técnica de los productores; y la atomización de la oferta.

 A ello se agregan problemas de logística que dificultan sacar el producto.

De hecho, quienes han tenido éxito en las exportaciones y se han consolidado son, en general, empresas de tamaño medio que han incorporado tecnología y usan material de propagación de calidad.

Al comparar las cifras de exportación entre los años 2005 y 2011 y su asociación con determinadas especies, queda en evidencia que las iniciativas que promovieron especies de baja competitividad respecto a otros países no prosperaron. En cambio, sí se están posicionando especies donde las ventajas territoriales son claras, como las peonías y calas, que se cultivan mayoritariamente en las regiones del sur de Chile.

Los principales países de destino de las exportaciones chilenas son Estados Unidos, con 65%, seguido por Holanda (aunque hay que considerar que este también redistribuye al resto de Europa), Perú y Japón, con 27%, 4% y 3%, respectivamente. Corea, el Reino Unido y Singapur representan menos de 1% cada uno.

Esta situación era muy diferente en el año 2005, cuando los destinos se concentraban en Holanda (71%) y Estados Unidos (29%).

Esto demuestra que la diversificación y apertura de mercado está mostrando algunos resultados positivos que indican el potencial del rubro para los productores.

Nuevas oportunidades

Los productores están optimistas ya que la apertura de nuevos mercados, especialmente en la región, elevará sus cifras. Ya están llegando a Colombia con tulipanes y están en proceso de certificar los Análisis de Riesgo de Plagas para otras especies. Y paralelamente también están trabajando para abrir el mercado brasileño.

“Nos interesa Brasil porque es un gran mercado y por su cercanía que implica un costo de flete bastante más barato”, precisa Tomás Schmidt.

Precisamente, el tema de los fletes es uno de los escollos que enfrentan estas exportaciones, ya que por ser un producto altamente perecible debe viajar muy rápido a sus destinos, pero al mismo tiempo ocupan más volumen que peso, lo que significa mayores costos.

Pero para explotar al máximo las potencialidades que se abren con los nuevos mercados, a juicio de Odepa los productores deben “fortalecer y desarrollar los elementos que los hagan ser más competitivos, tales como aumentar la producción y la variedad en la oferta de flores con el fin de entregar un servicio estable y diverso; profesionalizar el sector; fortalecer la asociatividad y el encadenamiento productivo; formar capital humano, introducir mayor tecnología y, en forma prioritaria, buscar fórmulas para resolver el cuello de botella de la logística”.

Y aquí el desafío no es menor, ya que es clave que los productores conozcan el potencial productivo, para que cuando lleguen a hacer las negociaciones tengan clara cuál será la oferta y cuándo dispondrán de ella.  Y también es importante contar con un volumen que sea atractivo para los compradores

“Las aventuras individuales sin una oferta atractiva de respaldo, en el mediano y largo plazo, no favorecen el desarrollo de la industria; los incumplimientos en estas situaciones tienden a hacerse reiterativos, perjudicando a todo el sector” advierte enfáticamente Traub.

Todo lo anterior sumado a inversión en tecnologías de producción, manejo y poscosecha, tales como invernaderos, material vegetal y cámaras de frío. Es decir, Chile tiene un camino todavía largo.

Ecuador ha sido en los últimos diez años el principal proveedor de Chile. En 2011 concentró casi 88% de las importaciones, seguido por Colombia con 11,2%.

Fuente: Revista de Campo

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