20 de agosto de 2012 20:12 PM
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Barack Obama hace su apuesta por la agricultura

Barack Obama, en campaña en Iowa la semana pasada y en medio de la peor sequía que azota la zona central de Estados Unidos desde los años treinta, criticó fuertemente al Congreso norteamericano por no haber promulgado el “proyecto de ley agraria” que fija el apoyo al sector agrícola para los próximos cinco años. Es […]

Barack Obama, en campaña en Iowa la semana pasada y en medio de la peor sequía que azota la zona central de Estados Unidos desde los años treinta, criticó fuertemente al Congreso norteamericano por no haber promulgado el “proyecto de ley agraria” que fija el apoyo al sector agrícola para los próximos cinco años.
Es muy bien recibido el debate sobre la reforma, pero la discusión pone el foco en cuestiones equivocadas. Los actuales planes del Parlamento empeorarán los subsidios agrícolas, en vez de mejorarlos; y con el apoyo de la administración Obama. Tanto el Congreso como la Casa Blanca deberían pensarlo nuevamente.
El principal tema de controversia en el Congreso es el costo del programa de cupones mediante el cual se entrega tarjetas prepagas a las familias de bajos ingresos para que adquieran alimentos. Éstos representan tres cuartas partes del gasto, según el proyecto de ley. Esa parte de la reforma está equivocada o al menos es demasiado limitada. Definitivamente hay problemas con los cupones para alimentos. En términos generales es mejor transferir dinero que entregar beneficios en especie, y como no tienen restricciones nutricionales, los cupones para alimentos no mejoran en nada la salud pública. Pero como es probable que reemplacen mayormente otros gastos en comida, no generan una gran distorsión en el mercado. Y no es necesario realizar fuertes recortes porque la ley agraria representa una diminuta parte del presupuesto federal general.
Lo que preocupa más, particularmente para el resto del mundo, es el dinero que se les da a los productores agrícolas. El Congreso, alentado por la administración Obama, se está alejando de “los pagos directos” no relacionados con la actual producción y se inclina por variadas formas de subsidios vinculados al precio y al rendimiento. Políticamente hablando, es fácil de vender: ¿por qué pagar a los agricultores para que no cultiven nada?
Pero los pagos vinculados con el rendimiento conducen a la sobreproducción, al dumping de alimentos en el exterior y volatilidad de precios y de rendimientos porque los productores agrícolas asumen inversiones riesgosas financiadas por los contribuyentes. También los acostumbra a las dádivas. El hecho de que el sector avícola y los ganaderos dependan del maíz subsidiario para alimentar a sus animales los expone a los caprichos de la política federal de Estados Unidos. Tampoco ayuda cuando el maíz, gracias a la otra distorsión provocada por los impuestos, se desvía hacia la ineficiente producción de etanol.
Estados Unidos necesita un sector agrícola que responda a las señales del mercado. Los programas agrícolas deberían concentrarse en fomentar una economía rural diversificada, y no en una minoría que produce unas pocas materias primas básicas.
Cuando el Congreso vuelva a sesionar este otoño (boreal), debería ocuparse más allá de los cupones de alimentos y buscar una reforma fundamental para el proyecto de ley agrícola. La alternativa son otros cinco años más de distorsión y derroche.

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Fuente: El Cronista

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