24 de agosto de 2012 13:46 PM
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La apicultura busca una salida

Al menos un 30 por ciento es lo que se estima que podría crecer rápidamente la producción local de miel que, por ahora, sigue estancada en 70-75.000 toneladas anuales, cuando llegó a rondar las 90.000 toneladas a fines de los 90. Aún así, con el relativamente bajo volumen actual, la Argentina sigue revistando entre los principales exportadores mundiales, aunque más por el escaso nivel de consumo interno, que le permite enviar al exterior alrededor del 90 por ciento de lo producido (lo que el año pasado dio un ingreso que permitió superar, holgadamente, los u$s 220 millones), que por una política firme y estable de captación de mercados.

El caso es que a pesar de ser la miel uno de los alimentos más completos y saludable que se conozcan, en el país apenas se ingiere alrededor de 200 gramos por habitante por año, mientras que en el resto del mundo la media es de 1,8-2 kilos, con extremos que alcanzan hasta los 7-8 kilos por persona.

Los problemas que se enfrentan no son pocos, además de los cíclicos como los climáticos (especialmente las sequías) y sanitarios (enfermedades, nitrofuranos, etc.), que conmocionaron la actividad en los últimos años. Ocurre que ante el tan bajo consumo interno (no llega ni al 10 por ciento del volumen actual), un aumento de la producción se vuelve un búmeran para los precios, tanto internos como internacionales, excepto, claro está, que se haga un importante trabajo previo en ambos frentes.

Sin embargo, la falta absoluta de esquemas de promoción dentro y fuera del país y la ausencia de políticas de Estado que contemplen, y respalden, la actividad fueron determinantes para el «achicamiento» relativo que viene sufriendo y que la llevaron de 5 millones de colmenas a apenas unos 4 millones en la actualidad.

Pero, el deterioro vino más aún por el lado de la productividad, ya que mientras a mediados de los 90 se lograban 70-80 kilos de miel por colmena, ahora la cifra es de sólo 20 kilos.

Por supuesto que los apicultores se quejan, además, por la actual falta de rentabilidad, a pesar de que los precios internacionales volvieron a acomodarse entre u$s 2-3 por kilo. Sin embargo, varios de ellos tienen muy claro que un incremento de producción en estas condiciones, sin plan y sin promoción previa, sólo serviría para agravar más el escenario.

Y es justamente ahí donde no se entiende demasiado el desmantelamiento que dicen que se hizo del Plan Apícola Nacional (2008/09), del que habían participado todos los eslabones de la cadena, y que fue desarticulado en coincidencia con la «aparición» del Ministerio de Agricultura y del PEA (Plan Estratégico Agroalimentario).

Algo similar ocurrió con el Consejo Nacional Apícola, que se había ido armando y fortaleciendo a lo largo de casi 15 años, y que era donde se discutían las cuestiones urgentes y también las estructurales de la actividad, con productores, empresarios y funcionarios de todas las provincias. De allí, incluso, había surgido un proyecto de Ley Nacional para la apicultura, que luego perdió estado parlamentario, aunque ahora habría una nueva propuesta reflotando a esa anterior.

Pequeños productores

Mientras tanto los productores -el 97 por ciento de los cuales son pequeños o micro- se esfuerzan para, por un lado, tratar de mantener sus colmenas afrontando los fuertes incrementos de costos que, por ejemplo, les habrían llevado al gasoil de 200 gramos de miel por litro en 2007 a más de 900 gramos en la actualidad. «Y no siempre se consigue…», se quejó un apicultor entrerriano.

Las subas también incluyen los fletes que son determinantes para la actividad, igual que la mano de obra que se encareció muy encima del valor del producto.

Pero por otro lado, también deben «cuidar» de no mejorar demasiado la productividad ya que si pasan de los magros 20 kilos actuales (por colmena) a, por ejemplo, 30 kilos, arrojaría un volumen final de alrededor de 120.000 toneladas, de gran peligrosidad para los precios internacionales, excepto que volviera a desaparecer otra camada de apicultores (o que los actuales disminuyeran más aún su cantidad de colmenas), como ya ocurrió cuando los problemas con los nitrofuranos, hace 5-6 años, o con las fuertes sequías de 2008 en adelante. Entonces, las provincias más afectadas resultaron La Pampa y Córdoba, mientras Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos lograron mantener más productores.

Otro item que causa malestar es la distorsión en los precios internos, tema que recientmente dio a conocer CRA, demostrando que la diferencia en los precios entre lo que recibe el productor ($ 8,30/kg a granel) y lo que paga el consumidor ($ 32,50/kg) plantea una brecha de 292 por ciento.

Pero éste no es tampoco el único inconveniente, ya que a la hora de mirar el frente internacional, los apicultores destacan que respecto a México, uno de los competidores importantes, la miel argentina tiene un 27 por ciento de diferencia para ingresar a la Unión Europea. Un 10 por ciento por las retenciones que soporta el producto y otro 17 por ciento por los aranceles comunitarios que le aplican a la Argentina.

Tampoco, sostienen, el actual nivel del dólar ayuda demasiado para competir en el frente internacional, y al no estar activada ahora la Mesa Apícola Nacional, ninguno de todos estos problemas se pueden abordar en forma articulada. Demasiadas limitaciones y un sabor amargo para un producto tan dulce.

Fuente: Ambito Financiero

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