24 de agosto de 2012 22:57 PM
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La crisis lechera

Los recurrentes conflictos llevan a pensar en la conveniencia de buscar caminos de unión entre los productores tamberos.

La lucha de los tamberos con las industrias por el precio de la leche no es novedad, aunque por estos días ha adquirido una fuerza pocas veces vista. Se trata de obtener un pago por la leche fresca de 2 pesos por litro en lugar de 1,50, como perciben ahora, una diferencia importante que además deberá hacer frente a una inflación del orden del 25 por ciento anual.

El escenario se ha vuelto más conflictivo y ríspido en tanto los tamberos presentan un frente desunido en el contexto de algunas entidades de franca adhesión con el sector oficial. Por otro lado, uno de los tamberos que participó de la protesta recibió, en la madrugada del viernes pasado, la visita de tres integrantes de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) en su establecimiento, que interpretó como otra forma más de intimidación.

La leche es un producto altamente perecedero, que debe ser enfriado apenas emerge de las ubres de las vacas y transportado a baja temperatura hasta su entrega a las industrias. El tambo es en sí mismo una actividad capital intensiva, que no reconoce sábados, domingos ni feriados, y con importante valor agregado, que finaliza en el comercio interno y en la exportación.

En su lucha por el precio, grupos de tamberos decidieron como forma de lograr su propósito el bloqueo del ingreso de la leche a unas 30 industrias en importantes cuencas lecheras, una decisión equivocada por cuanto, ante la imposibilidad de darle otro destino, el precioso alimento debió ser derramado en las cunetas de los caminos con las consecuencias ambientales y también las pérdidas económicas que son de imaginar. Quienes creyeron que podía ofrecerse a colegios y hospitales, o a la población en general, olvidaron que, según la prescripción legal existente, la leche que se consuma debe ser previamente pasteurizada, so pena de transmitir importantes y diversas enfermedades.

La crisis lechera no parece de fácil ni pronta solución en un contexto internacional de sobrantes en Europa, EE.UU., Nueva Zelanda y Australia, principales abastecedores del mundo, donde los precios de la leche en polvo vienen registrando reducciones importantes. La industria lechera nacional, por su lado, ha manifestado sus debilidades, expresando que satisfacer las aspiraciones de los tamberos la colocaría en una situación de endeudamiento estructural, mientras que aquellos que esperan la ayuda estatal tanto del gobierno nacional como de los provinciales chocan con las penurias presupuestarias de ambas jurisdicciones. Los tamberos, por su parte, lejos de unirse, muestran frentes parciales, aliados en parte con el calor oficial, en procura de encontrar allí la solución.

Viene al caso recordar la experiencia uruguaya de cuatro años atrás, cuando ante una situación crítica, los 3300 tamberos emitieron un bono de 42,5 millones de dólares, en proporción a sus entregas de leche, instrumento financiero bien recibido por el mercado, cuya evolución ha permitido al sector un desenvolvimiento muy favorable, al punto de lograr saldar la deuda con anticipación a su vencimiento.

No sería la única contribución de nuestros vecinos a nuestra economía ganadera. En el último decenio, los presidentes Sanguinetti, Lacalle, Tabaré Vásquez y ahora Mujica dieron continuidad a la eliminación de las retenciones a las exportaciones de carnes vacunas, una política de Estado de la cual el país recogió abundantes frutos, tales como superar las exportaciones argentinas en la materia. De una u otra manera, tanto a la luz de la realidad actual como la experiencia extranjera, se percibe que la unidad es el primer requisito para la solución de tan reiteradas crisis.

Fuente: La Nacion

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