27 de agosto de 2012 17:27 PM
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Transgenicos : “Chile está perdiendo una gran oportunidad”

Patricio Parodi es el hombre del Minagri dedicado a impulsar la liberación de los alimentos transgénicos. Afirma que esa tecnología se ha demonizado. Luego de la elección municipal reforzará el lobby en el Parlamento enfatizando el menor uso de agroquímicos de esos cultivos.

Tiene un mes en el cargo. Sin embargo, Patricio Parodi ya está haciendo ruido. Su anodino cargo de asesor científico de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias del Ministerio de Agricultura dice poco. En cambio, la misión para la que fue contratado es una de las que saca más ronchas en el agro: impulsar la liberalización del cultivo de transgénicos en Chile.

Parodi es profesor jubilado de la Universidad Católica y se especializó en fitomejoramiento; de hecho, es responsable de casi una veintena de nuevas variedades de trigo y triticale. Su formación doctoral la realizó en la Universidad de Purdue, en Indiana, Estados Unidos. Toda su carrera trabajó con la técnica de cruzamiento, el estándar de mejoramiento desde que existe la agricultura. Alcanzó a divisar los albores del uso de transgenia en los años 80 y 90, aunque se mostró escéptico.

“Me parecía que se prometía más de lo que podía dar. Sin embargo, lentamente se fue consolidando. Mejora la productividad, baja los costos de los productores y reduce el impacto ambiental de la agricultura”, explica.

Parodi, eso sí, prefiere usar la palabra biotecnología, en vez de transgenia, pues advierte que está última tiene una connotación negativa. “En base a prejuicios y mitos se ha demonizado. Si en alguna parte nace un perro con la cola torcida, se acusa que fueron los transgénicos. Todos esos reclamos han resultados ser falsos”, advierte.

Parodi expondrá su visión sobre la necesidad de reformar la posición del país ante esos cultivos este jueves, en un seminario organizado por el gremio de los maiceros de Maule Sur en Linares.

La legislación chilena no permite el cultivo de transgénicos para el consumo local. Paradójicamente, sí posibilita que se exporten y también que se importen.

La tarea principal de Parodi es lograr que el Parlamento reforme el marco legal y termine con la prohibición. Ese objetivo, eso sí, choca con el rechazo taxativo de las organizaciones no gubernamentales ambientalistas que advierten sobre los posibles efectos en la salud en las personas y la contaminación de cultivos “tradicionales” con material transgénico, con la consiguiente pérdida de diversidad ecológica.

-El gobierno de Michelle Bachelet rechazó abrir la producción de cultivos transgénicos para consumo interno. La administración de Sebastián Piñera, a pesar de que su programa era pro transgénicos, no ha avanzado mucho. ¿Usted viene a reforzar ese compromiso?

-Debo aclarar que mi puesto es de consejero, no de toma de decisiones. Dicho eso, el solo hecho de que se me permita hablar públicamente de este asunto, desde un cargo de Gobierno, demuestra que hay interés en el tema.

La administración del Presidente Piñera tiene claro que vía legislativa, la situación de la biotecnología debe tener un cambio.

He conversado con parlamentarios de distintas tendencias. Hay algunos que están muy a favor, con otros voy a tener que reunirme para mostrarle cifras, estudios científicos y desmitificar. Ahora mismo es difícil, pues estamos ad portas de una elección municipal. Después del 28 de octubre espero tener buenas oportunidades para conversar con los congresistas.

A los opositores pretendo mostrarles que hay otra cara de la medalla, que no han apreciado.

Impacto medioambiental

-Chile tiene poca superficie agrícola y apunta a alimentos de especialidad, como fruta o vino. Los transgénicos están más asociados a cultivos industriales y cereales ¿Por qué poner tanto esfuerzo en liberalizar su cultivo?

-Tenemos 120 mil hectáreas de maíz, con altos rendimientos, pero con elevados costos. Los cultivos biotecnológicos permiten reducir a la mitad la aplicación de herbicidas, lo que permitiría ahorrar muchos pesos por hectárea.

Ni hablar de la reducción del impacto ambiental que eso significa. Y sólo hablo de control de malezas. Si se integran variedades con genes resistentes a ciertos insectos o que usan en forma más eficiente el nitrógeno, los beneficios medioambientales aumentan. Esos son datos científicos. Chile está perdiendo una gran oportunidad.

-Sin embargo, Europa tiene investigadores científicos de punta y no permite el cultivo de transgénicos. ¿Acaso ellos también se dejan llevar por los prejuicios?

-En los últimos años esa posición ha cambiado dramáticamente. En junio apareció un documento del Parlamento británico a favor de la biotecnología. En tanto, la Royal Society of Medicine añadió que no tenía efectos nocivos sobre la salud. Hay grupos daneses y suecos que impulsan un cambio legal en sus países respecto de esta tecnología.

Incluso los franceses, que han sido los más reacios, se dan cuenta de que se están quedando atrás.

Los cultivos biotecnológicos llevan 16 años en el mundo. Se han preparado cientos de millones de comidas con ingredientes derivados de esos cultivos y nunca ha habido casos de toxicidad, alergia o envenenamiento. Hay que tener en cuenta que en Estados Unidos, donde partieron estos avances, hay una cultura de litigios judiciales.

Si a alguna persona se le hubiera caído un pelo por esa causa habría terminado en un juicio. Sin embargo, nada de eso ha ocurrido.

-¿Me está diciendo que los cultivos transgénicos tienen riesgo cero para los seres humanos?

-No voy a sostener nunca eso. Ninguna actividad humana es de riesgo cero. Manejar para venir a esta entrevista tuvo un riesgo para mí. Sin embargo, en el caso de la biotecnología, esos han sido medidos y regulados a todo nivel.

-Pensemos que el Parlamento da el visto bueno a los cultivos transgénicos, ¿es partidario de liberalizar totalmente su producción?

-Hay que regularlo. Los eventos -campos de producción de transgénicos, N. de la R.- tienen que ser autorizados.

Por ejemplo, si hay posibilidad de contaminación de la miel con polen de esos cultivos, tiene que haber una aislación geográfica acorde. Vamos paso a paso, con limitaciones que correspondan, hasta que estemos convencidos que no pasa nada.

-Las organizaciones ambientalistas proponen que se etiquete si un alimento ha sido elaborado con materia prima transgénica, mientras que las empresas obtentoras se oponen a esa medida. ¿Cuál es su posición?

-El que se etiquete no hace ninguna diferencia. Es lo mismo que se coloque que un pan fue fabricado con harina canadiense o argentina. Si es necesario para que se apruebe la liberalización del cultivo biotecnológico, a lo mejor hay que permitirlo. Sin embargo, no es necesario.

 Falta más investigación y desarrollo

A pesar de su dilatada trayectoria académica, Patricio Parodi no es amigo de la seriedad. El blanco preferido de sus bromas es él mismo.

“Acepté trabajar en el Gobierno por mi compromiso con el bien del país. ¿No suena muy siútico lo que dije?, ja ja. Como profesor universitario me acostumbré a decir barbaridades con gran libertad y ahora tengo que ser políticamente correcto”.

“La comunidad científica ha sido muy laxa en participar en las discusiones públicas en Chile. Mi objetivo es aportar a un debate racional sobre temas como los cultivos biotecnológicos, pero también sobre la investigación científica. El financiamiento es escaso y cortoplacista. Por ejemplo, el desarrollo de una nueva variedad toma 14 años. Tú obtienes financiamiento para tres años y tienes que darte con una piedra en el pecho si te dan otros tres”, advierte.

Fuente: Revista de Campo

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