28 de agosto de 2012 15:50 PM
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Paradojas que trae el cepo cambiario: la soja ahora es “amiga” del blue y la gran cosecha impulsará más al dólar paralelo

Los analistas prevén que buena parte de la lluvia de pesos que se emitirán para la compra de "sojadólares" irán al circuito informal. Esto, potenciado por la falta de vínculo entre ambos circuitos y porque los particulares evitan quedarse en moneda local. ¿Por qué cuánto mejor peor?.

Parece que hubieran pasado siglos, pero fue hace apenas un año cuando los economistas argumentaban que la gente, al comprar dólares masivamente, le hacía un favor al Gobierno.

La explicación era que, al adquirir divisas, sacaban los pesos “excedentes” de la economía y ello le quitaba presión a la inflación.

O, dicho de otra forma, que el público le ahorraba al Banco Central la necesidad de tener que hacer el “trabajo sucio” de emitir moneda local para comprar las divisas que entraban por la exportación agrícola.

Hoy, evidentemente, las autoridades consideran que hubo un “exceso de ayuda” por parte de los ahorristas y que, ante la perspectiva de un nuevo boom de la soja, es mejor que la entidad afronte en soledad esa “pesada tarea” de quedarse con los billetes verdes.

Y, si los precios suben, será un efecto colateral de segundo orden. A fin de cuentas, los funcionarios siempre podrán echar mano a la frase del premio Nobel Joseph Stiglitz, para quien lo importante no es la inflación en sí, sino las consecuencias de ella.

De manera que en los despachos oficiales sobrevuela la esperanza de que una supercosecha de 55 millones de toneladas de soja a precio récord salve el año y le aporte oxígeno verde a las castigadas finanzas públicas.

Hacen cuentas. Y se entusiasman con que esa mayor oferta ayude a descomprimir el convulsionado mercado cambiario.

Pero, ¿y si no es así? ¿Y si el remedio termina siendo peor que la enfermedad, y la lluvia de “sojadólares” no hace otra cosa que acentuar la brecha entre el valor oficial y el blue?

Parece una idea contraria al sentido común: a fin de cuentas, si la escasez de dólares fue lo que llevó al estrés cambiario y a la disparada del paralelo, un ingreso masivo de divisas debería obrar en sentido opuesto y resolver el problema.

Sin embargo, no es lo que opinan los analistas, que consideran que, después del “cepo” cambiario, muchas cosas ya no volverán a funcionar según la “lógica común”, ni tampoco como en el pasado.

“Antes de las restricciones, el circuito era así: el sojero liquidaba las divisas, luego con los pesos que le daba el Central recompraba dólares para invertir o para ahorrar. El Gobierno regulaba y en los momentos de más ingreso de dólares ampliaba la cantidad permitida“, describe el consultor Nicolás Dujovne, ex economista jefe del Banco Galicia.

Para este analista, ahora que rige una prohibición total ya se cortó el vínculo que existía entre el mercado oficial y el paralelo y que arbitraba entre ambos.

Es decir:

  • Antes del cepo: si había un mayor ingreso de dólares se ampliaba la oferta en el mercado cambiario, se cubría la demanda de particulares y empresas y esto no daba lugar a la creación de un mercado paralelo fuerte, con brecha pronunciada. 
  • Después del cepo: la lluvia de dólares que aporte la soja será comprada por el Banco Central (en forma exclusiva) a cambio de pesos, algo que lo obligará a una fuerte emisión. Buena parte de esos pesos -al estar la ventanilla oficial cerrada- irán en gran medida al blue, generando así una mayor demanda y elevando, en consecuencia, el precio del paralelo.

“Parece extraño, pero es así. Al ir recibiendo más divisas por exportaciones la brecha no se cerrará sino que se ampliará. Esto es así porque esa sobreoferta de moneda local superará la demanda de la sociedad, que no querrá quedarse con esos pesos de más en el bolsillo”, afirma Dujovne.

En la misma línea argumenta Diana Mondino, experta en finanzas y docente de la Ucema: “Si llegan más dólares, entonces el Banco Central tendrá que emitir más pesos para comprarlos. Y ahí tiene que decidir si los deja en la calle o los esteriliza. A juzgar por lo que ha hecho hasta ahora, no va a esterilizar, de modo tal que ese excedente no hará otra cosa que ponerle más presión al mercado informal”.

Para Mondino, sólo podría pensarse en una reducción de la brecha entre el tipo de cambio oficial y el “blue” si el público demostrara “un aumento en sus ganas de quedarse con moneda local”.

No es imposible, pero altamente improbable, cree la docente de la Ucema: “Tendría que haber menos inflación o debería caer mucho la volatilidad política”.

Menos dólares y más pesos, blue al alza
Claro que habría una forma de que evitar esta paradoja y que la buena temporada agrícola que se espera tuviese un efecto anestésico sobre la brecha cambiaria: flexibilizar las restricciones para la compra de moneda extranjera.

Algunos, hasta se habían ilusionado respecto de que una medida de este tipo sería posible luego de la cancelación del Boden 12. Pero la propia Cristina Kirchner, en ese día de la “independencia económica”, se encargó de echar por tierra esas ilusiones.

Con el irrefutable argumento de que “el único país que fabrica dólares es Estados Unidos”, la Presidenta dejó en claro que esas divsas que ingresan al país tendrán un destino prioritario: la importación de equipos e insumos para la industria y el pago de obligaciones financieras.

Queda entonces más que claro que la posibilidad de ahorrar en dólares (al tipo de cambio oficial) seguirá vedada por mucho tiempo.

Para Javier González Fraga, ex presidente del Banco Central, la única esperanza de que la brecha cambiaria se modere reside en que, al menos, el Gobierno permita a las empresas un mayor flujo de transferencias de dividendos al exterior, por un monto en torno de unos u$s5.000 millones. De esa forma, argumenta, se debilitaría la demanda en el mercado del “contado con liqui”, e indirectamente enfriaría algo al “blue”.

De todas formas, no se muestra optimista respecto de los efectos que tenga el boom agrícola. “Mientras se mantengan las prohibiciones para los particulares, seguramente la brecha seguirá siendo importante“, afirma el influyente economista, para quien el tema de fondo sigue siendo la actualización del tipo de cambio oficial y el control de la inflación.

Habría también otra manera de evitar una mayor presión sobre el “blue”

Y es la de una fuerte suba en las tasas de interés que pagan los plazos fijos, hasta un nivel lo suficientemente alto como para que ese “premio” que pagan las entidades por las colocaciones supere el alza del billete verde.

Es decir, que el ahorrista reciba una tasa mayor al 17% para considerar que esa opción es más atractiva que adquirir dólares.

Pero, nuevamente, el comportamiento observado por el Banco Central no parece convalidar una política de este tipo, por temor a un efecto de enfriamiento sobre la economía (si los bancos suben dichas tasas también deben incrementar el costo de los préstamos, para evitar un efecto descalce entre lo que pagan y lo que prestan).

De todas formas, hay economistas que creen que, aun cuando el Gobierno decidiera revisar todas estas medidas intervencionistas sobre el mercado cambiario y financiero, sigue persistiendo un problema que tiende a agravar el protagonismo del dólar paralelo.

Se trata del creciente desajuste fiscal. “En última instancia, lo que define la brecha cambiaria es el déficit. Y todo apunta a que van a haber muchos pesos circulando“, sostiene Juan Luis Bour, economista jefe de la Fundación FIEL.

“Más allá del factor soja, el escenario de fondo es que vamos a tener un fisco más expansivo en los próximos meses, porque 2013 es un año electoral y el Gobierno va a querer gastar más para generar demanda”, agrega.

Si bien reconoce que una mayor exportación agrícola le aportará más recursos al fisco por concepto de retenciones, considera que “no va a llegar a compensar el aumento del gasto, que este año vino creciendo a un 28% y posiblemente el próximo pase a un nivel de 33%”.

¿Cuanto mejor, peor?
Parece paradójico, pero hoy el enfriamiento de la economía resulta funcional para que el “blue” no se escape aun más. Y muchos analistas creen que una reactivación podría tensar la plaza cambiaria.

Así lo explica Mondino, de la Ucema: “Si la economía toma mayor temperatura, entonces los pesos giran más rápido y hay mayores posibilidades de que le lleguen al que quiere irse al dólar paralelo. El motivo por el que hoy no sube más el blue es porque hay olorcito a recesión“.

La analista cree que uno de los riesgos mayores que tiene hoy la economía argentina es que caiga la demanda de dinero

En la jerga de los economistas, esto significa que la gente quiera sacarse los pesos de encima rápidamente, a fin de evitar la pérdida de poder adquisitivo.

“En ese escenario, es cierto que hay más transacciones, pero esa mayor velocidad a la que circula la plata puede poner más presión a los aumentos de precios y también generar un agrandamiento en la brecha del blue”, afirma.

Suena a otra paradoja argentina, pero lo cierto es que hoy los analistas ven peligros en cada supuesta señal positiva que aparece en la economía.

Entre parches y soluciones verdaderas
Hay más paradojas en la situación actual. Porque no sólo una mejor performance exportadora puede empeorar la situación cambiaria, sino que además una mayor presión impositiva sobre los productores puede ser percibida a corto plazo como un factor estabilizador.

Ocurre que muchos insumos deben ser adquiridos con el dólar “blue”, pero a la hora de liquidar la exportación el productor recibe el valor oficial.

Si se tiene en cuenta que se aplica un 35% de retenciones, entonces lo que le queda en el bolsillo al sojero es casi la mitad de lo que cuesta la divisa paralela (47%). Y, luego de eso, viene el pago del resto de los impuestos.

“La verdad es que la resolución 125 quedó reducida a un poroto en comparación con el nivel de presión tributaria real que están teniendo hoy los productores”, afirma Gustavo Lazzari, economista de la Fundación Libertad y Progreso.

En definitiva, en la presión sobre el sector rural, “motor” de la economía, termina estando una especie de “solución” para el Gobierno, porque el margen decreciente de los productores hará que haya menos propensión al ahorro dolarizado.

Lo peor de todo tal vez sea que, ni siquiera en este escenario resulta claro si el Banco Central podrá tener una mejora sustancial en su nivel de reservas.

Para el consultor Federico Muñoz, lo que empieza a quedar en evidencia es que la estrategia represiva en el área del dólar está “prematuramente agotada”.

Y hace una dura advertencia: “Si el Gobierno insiste en aferrarse a esta receta, el balance cambiario seguirá mostrando un resultado deficitario y las reservas continuarán cayendo“.

El analista recuerda que el problema que continúa irresuelto es el retraso cambiario, que lejos de resolverse tenderá a agudizarse.

“En cualquier caso, tarde o temprano, la escasez de divisas deberá sincerarse a través de una devaluación. Cuanto más se demore, más severo y traumático será este sinceramiento”, señala Muñoz.

Quedaría, por cierto, otra forma de desandar estos desajustes que padece el “modelo”. Es uno de los puntos donde parece haber consenso absoluto en el gremio de los economistas: se trata de un plan orientado a una baja de la inflación.

Ello aumentaría el deseo de tener pesos y restaría el atractivo a comprar dólares. Pero, hoy por hoy, es la alternativa que parece menos probable.

“Mientras se mantenga la negación de la inflación, es muy difícil que este Gobierno modifique su política cambiaria, y en ese contexto, lo más probable es que persista la distorsión, e inclusive, que se profundice”, afirma González Fraga.

Aunque agrega otra posibilidad que tiene el Gobierno, si quisiera achicar la brecha del “blue”. No es lo que se dice una receta “ortodoxa”, pero está dentro de las posibilidades: “Que haya ‘filtraciones’ del mercado oficial que se ofrezcan en el paralelo“, apunta González Fraga.

En otras palabras, que el propio Gobierno pueda salir a hacerle la competencia a los “cueveros”.

Fuente: iProfesional

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