31 de agosto de 2012 16:07 PM
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¿El campo vuelve a escena? (Susana Merlo)

Prácticamente, con el oficializado arranque de la campaña electoral 2013, al menos, a la luz de los últimos movimientos del Gobierno, con anuncios casi cotidianos y la utilización continua de la cadena oficial de radio y televisión, sumada a la irrupción más visible de algunos jugadores políticos a partir de reuniones, gestos (la mayoría fotos) y declaraciones, se podría asumir que a partir de ahora todo lo que suceda va a ser pasado por el tamiz del “proselitismo”, tanto para justificarlo como para denostarlo, según quien sea el actor y de qué lado de la vereda se esté mirando.

Desde este punto de vista, la presentación que hizo días atrás el Gobernador José Manuel de la Sota, quien es visto por varios como un probable candidato potable para las presidenciales de 2015 (se le reconoce la mayor experiencia política de todos los que hoy aparecen en el candelero), y tras algunas jugadas interesantes (como reclamarle a la Nación el pago de más de $ 1.000 millones) finalmente recaló bastante fuerte en Buenos Aires, fue un tanto sorpresiva.
Rodeado por dirigentes políticos, gremiales, y empresarios de prácticamente todas las vertientes excepto, claro está, del Frente para la Victoria, el mandatario cordobés, ex legislador, ex embajador y otros varios cargos en distintos niveles, de arranque no más afirmó que: “No es conspirador el que tiene otra opinión”.
A partir de ahí fue desgranando varios conceptos políticos y económicos como. “No soy antikirchnerista, soy peronista”, o “yo no estoy persiguiendo el pasado”, al tiempo que marcaba las diferencias entre “los que se sienten propietarios del poder versus los inquilinos del poder”.
Fue interesante lo de De la Sota, entre otras cosas, porque fue prácticamente el primero en “jugar en descubierto” y, si bien no declaró explícitamente sus intenciones políticas, tampoco hizo falta.
Pero tal vez, lo más destacado (además del amplio arco de asistentes), fueron algunas declaraciones del político mediterráneo, como por ejemplo las referidas al Mercosur.
Es que allí, sin tener en cuenta que algunos sectores no comparten demasiado el esquema de integración regional, especialmente en lo comercial (mientras que en lo político en los últimos tiempos el Mercado Común se vio conmocionado por acciones muy controvertidas que, incluso, no serían jurídicas como la suspensión de Paraguay o el ingreso de Venezuela), De la Sota se pronunció abierta y fuertemente a favor de la propuesta y, más aún, del principal socio: Brasil. “Es el destino de más del 40% de las exportaciones argentinas”, dijo tras destacar la “ética capitalista del riesgo” que tienen los empresarios vecinos que, además, “ya llevan 22 años sin una huelga general”.
En la misma línea de las relaciones comerciales planteó “la necesidad de repensar la relación con los Estados Unidos” ya que, dijo, “el país del norte es el 4º exportador mundial de alimentos y biocombustibles”, mientras que Argentina es el tercero y Brasil el primero (exporta anualmente por US$ 37.000 millones y en aumento).
Pero las definiciones shocking no terminaron allí. “Nunca podremos ir en contra de quienes nos ayudaron tanto”, dijo refiriéndose al sector agroindustrial, tras enumerar los aportes anuales del rubro, especialmente en materia de soja, biodiesel, harinas proteicas, etc. Lo que también sirvió para dejar en claro que tiene un conocimiento vasto del tema y su importancia económica.
Mientras algunos de los asistentes se miraban entre si (la mayoría de los políticos no conocían o normalmente no tiene para nada en cuenta estos datos), De la Sota explicó que en las próximas décadas crecerá fuertemente la demanda de comida y de metales, y que ese despegue estará dado, especialmente, en los países emergentes.
Y tal vez esa fue la declaración más clara de la noche, al menos, respecto a cual es su visión sobre las posibilidades y el potencial de la Argentina que se viene.
¿Y por qué es importante esto? Porque más allá de que De la Sota esté o no en lo cierto, “primereó” en las definiciones, lo que en alguna forma obliga a los demás a jugar también en esa línea.
Pero también porque habló de la salida “productiva” del país, y en eso el campo y sus industrias relacionadas son centrales. “Defender la producción es defender la vida de nuestra gente”, dijo, y con eso dejó absolutamente claro cual es el esquema proselitista que está eligiendo: no a la confrontación, si a la firmeza de criterios (aunque tengan costo), y si a la producción y al crecimiento genuino.
En el caso del campo, no es poca cosa considerando la performance con que la política nacional trató al sector en los últimos años.
Ahora veremos qué van diciendo, en su momento, los próximos candidatos, mientras la política nacional se afana por exprimir “un poquito más” a los sectores productivos.

Fuente: Campo 2.0

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