1 de septiembre de 2012 09:46 AM
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La sequía golpeó fuerte, pero no logró derrotar a los farmers

Los rendimientos de maíz cayeron entre un 25 y un 30 por ciento respecto de lo esperado. Sin embargo, los agricultores están cubiertos por un sistema de seguros.

BOONE, Iowa. Para los farmers , en términos estrictamente productivos 2012 quedará grabado en sus mentes como un año malo. El maíz, que aquí es como tener un Fórmula 1 de rinde en el campo, esta vez se frenó en seco. Por la sequía, en el medio oeste norteamericano, que concentra más del 50% de la producción en estados como Iowa, Illinois, Indiana, Ohio, Missouri, entre otros, muchos maíces registran pérdidas promedios que van del 25 al 30% a nivel individual de los campos. Pero hay casos peores aún. La cosecha ya ha comenzado y se van confirmando las pérdidas en los rindes.

Los 100 a 120 millones de toneladas menos de producción de maíz van generar un efecto dominó, impactando primero en el consumo para la hacienda, después en la exportación y, por último, en el etanol, que tiene una tasa de corte que va del 10 al 15 por ciento. La población podría sentirlo en productos y combustibles más caros. En rigor, esta situación ya ha levantado polvareda. La producción porcina está en jaque y los feedlots podrían terminar realizando una fuerte liquidación de stock. Estados ganaderos como Texas, Nuevo México, entre otros, se han pronunciado en favor de que se suspenda el programa de etanol hasta que pase la crisis. La industria de este biocombustibles procesa prácticamente lo que se va a perder de maíz por la sequía.

Pero, pese a tener un año malo en términos productivos, a los farmers no se los ve abatidos. La suba de los precios del maíz compensó en parte sus pérdidas. Pero, además, en una situación como la actual se puede observar el poder de lobby de estos productores, mucho mayor a los ganaderos y los feedloteros. Gracias a un sistema de seguros para este tipo de eventos donde el Estado paga el 50% de la prima más los gastos administrativos, los farmers van a tener un año con un resultado financiero positivo en gran parte de los casos.

Con esos productos se aseguran del 60 al 80% del ingreso bruto. A modo de ejemplo, el seguro preferido de más del 70% de los farmers cubre el 80% del rinde promedio de su campo en los últimos cinco años. Si se suma la tasa de adopción general, hoy del 80 al 90% de los productores agrícolas tienen algún tipo de seguro de esta característica.

Por ello, como pudo observar La Nación en diálogo con productores en el Farm Progress Show, la muestra más importante para este sector con 58 años de vigencia, el ánimo no está por el piso.

Sequía

“No fue nada bueno lo que pasó. Nunca fue tan dura y en tantos estados la sequía”, dijeron Mike y Matt Werner, dos productores de Iowa. “Fue en todos los estados”, insistió Matt.

Estos productores sostienen que el rinde en maíz se les cayó un 40%. En esta región están acostumbrados a lograr promedios de más de 10.000 kilos por hectárea. “En soja estamos con un 30% por debajo de lo normal”, precisó Matt.

Los Werner no tuvieron piedad con el presidente de los Estados Unidos, el demócrata Barak Obama. Respondieron bajando su pulgar que la ayuda del gobierno, más allá del pago de parte de los seguros, no había sido suficiente. “No hubo una ayuda importante; la suba de los precios, en cambio, fue más importante para nosotros”, apuntó Mike.

Steve Petersen es técnico de Monsanto. Pero también tiene su propio oficio como productor. Es farmer en Chelsea, Iowa. Da un dato clave para entender por qué la sequía golpeó tan duro. “Tuve un 50% menos de lluvias”, indicó.

Sobre la merma en el rinde, este productor ejemplificó: “Mi rinde de maíz se redujo en un 30% y en soja, un 20%”. Pese a estos resultados, Petersen destaca el rol del seguro. “Tengo un seguro que me cubre tanto en soja como en maíz. Aunque no sé cuánto va a ser, voy a tener una ganancia por el seguro que tengo”, comentó.

El seguro que tomó considera una serie histórica con porcentajes de rindes. “A mi me cubre un 85% del porcentaje histórico del rinde”, afirmó. “Me gusta ver crecer los cultivos y cosechar y en un año así el seguro ayuda”, agregó.

Hay estimaciones de que en los Estados Unidos las compañías de seguro cobran unos 12.000 millones de dólares por año de primas por esta clase de seguros agrícolas. Pero esta vez se estima que deberán pagar indemnizaciones por unos US$ 30.000 millones ante la sequía. Como lo que recaudan es menor a lo percibido por ellas, se prevé que sacarán US$ 7100 millones de sus reservas y el Estado pondrá otros US$ 10.900 millones.

Robert Whutchcrust es de Missouri. En sus 250 hectáreas produce maíz y soja con promedios entre 90 y 100 quintales del cereal y 25 a 35 quintales de la oleaginosa. Para él, la sequía fue inclemente, al punto de perder casi la cosecha entera. “Nunca vivimos algo así; es la peor seca en 100 años. El maíz apenas no va a rendir 25 quintales y la soja, con suerte, llegará a 15 quintales. Nos salvó el seguro; aseguramos 100% de la superficie”, dijo.

Kaitlin Weitekamp es técnica de John Deere. Y está vinculada con la producción de manera directa porque su padre es productor del sur de Illinois. “Para él, fue como si no se hubiera cosechado nada. Cayó un 90% el rinde”, ejemplificó. “En julio hubo dos lluvias, pero llegaron tarde. No fue nada bueno lo que ocurrió. Fue muy dura, especialmente en los estados de Illinois y Iowa”, agregó.

Otro productor del norte de Iowa, Mark Shriver, describió el mismo panorama que otros agricultores. “Fue muy importante la falta de lluvias. La mayoría de los productores tenemos pérdidas del 50%”, precisó.

Steve Propsy, de Wisconsin, hace maíz y soja. Aseguró el 75% de las 900 hectáreas que trabaja entre campo propio y alquilado, en una proporción de 40 y 60%, respectivamente. “De los 120 quintales de maíz que obtenía como promedio de los últimos años, el rinde se caerá a menos de 70 quintales”, explicó.

Todos concuerdan que los seguros han sido clave para amortiguar esto.

Fuente: La Nacion

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