1 de septiembre de 2012 00:05 AM
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Pioneros de la industria semillera

Fueron muchas las personas involucradas y hechos que se sucedieron, como variedades transgénicas ola siembra directa, los que permitieron adoptar y desarrollar cultivos como el maíz, el trigo o la soja en la Argentina.

Cada tanto le adjudican a alguien en particular la “paternidad” de un determinado cultivo, principalmente de la soja. Sin embargo, fueron muchas las personas involucradas y los hechos que se sucedieron, y que permitieron adoptar y desarrollar cultivos como el maíz, el trigo o la soja en la Argentina. En todo caso, si tuviésemos que buscarle un padre al maíz podríamos pensar en los aztecas o los mayas, que lo cultivaron durante cuatro mil años; en los egipcios para el trigo, que lo cultivaban a la vera del Nilo, o en los chinos para la soja.

En el caso del trigo, el cultivo llega al país a fines del siglo XIX de la mano de los agricultores italianos, que traían sus bolsas de semillas para sembrar acá. Luego vinieron los mejoradores como Backhouse, Buck, Klein, Massaux y otros, que fueron marcando el rumbo del trigo en la Argentina. Todos ellos, pioneros de la industria privada de semillas.

Con el maíz sucedió lo mismo. La Argentina comenzó a trabajar con maíces híbridos a principios de la década del 30, prácticamente en la misma época que los Estados Unidos. En el Instituto Santa Catalina, cerca de La Plata, el doctor Salomón Horovitz comenzó a trabajar en los procesos de hibridación de maíz, haciendo líneas auto fecundas para después cruzarlas entre sí. A fines de la década del 40, Antonio Marino y Tomás Luna, fitotecnistas que habían estudiado con Horovitz, comenzaron a desarrollar los primeros híbridos en el sur de Santa Fe. Luego otros mejoradores fueron haciendo la realidad del maíz argentino hasta llegar a los híbridos simples de altísimo potencial de rendimiento que conocemos hoy.

Respecto de la soja, uno de los pioneros fue Henry Ford, que ya en 1920 la sembraba en su granja en Peoría, Illinois. El ingeniero Lorenzo Parodi, profesor de botánica de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, cada vez que se refería a la soja la llamaba el “cultivo milagroso”, con el cual se podía hacer café con leche con pan y manteca, todo de soja. La expansión fuerte se da en los Estados Unidos después de la guerra: En la década del 60 ya producía unos 18 millones de toneladas de soja.

La experiencia local

En la Argentina se hicieron varios intentos. Uno de los más antiguos y serios fue realizado en la década del 50 por el ingeniero Ramón Agrasar, que en asociación con Laboratorios Brandt constituyeron la firma Agrosoja.

En 1963 tuve la oportunidad de viajar a los Estados Unidos por una beca y ver cultivos de soja en distintas partes del país. Traje 32 variedades para probar, pero faltaba el paquete tecnológico.

En 1974, el ingeniero Armando Palau, subsecretario de Agricultura de la época, impulsó la importación de semillas de los Estados Unidos e intentó estimular el cultivo. También la Facultad de Agronomía iba haciendo su parte en las cátedras de Climatología, Cultivos Industriales y Forrajes a cargo de los ingenieros Pascale, Remussi, Saumell y Tomé, entre otros.

El cultivo ya había adquirido mucha relevancia en el mundo como harina proteica, era fuerte en Brasil y venía bajando de Norte a Sur. En 1970 el mundo producía 40 millones de toneladas de soja, mientras que la Argentina prácticamente nada. Como éstas hubo varias iniciativas más. No obstante, la soja siempre tropezaba con la falta de mercado.

Las fábricas aceiteras recién comenzaban y la exportación de oleaginosas en grano estaba prohibida. Esta resolución venía desde el primer gobierno de Perón y estaba referida principalmente al lino. La Argentina era un importante productor y la teoría era que se debería exportar sólo como aceite. Como consecuencia de esto, el cultivo de lino prácticamente desapareció del país.

La verdadera expansión de la soja comienza en 1976 cuando se autoriza su exportación en grano y la construcción de puertos privados. Hasta ese momento sólo la Junta Nacional de Granos podía tener puertos para embarque de grano. Con el nuevo contexto, las fábricas de aceite de soja se fueron erigiendo a la vera de esos puertos, de la mano de familias pioneras como Urquía, Vicentín, Buyatti, entre otras, y empresas como Molinos Río de la Plata, La Plata Cereal, etcétera. Al mismo tiempo comenzó a importarse el paquete tecnológico necesario. Por su parte, el INTA, a través del ingeniero Roquero en Casilda y el ingeniero Mitidieri en San Pedro, también realizó una labor importante.

Se arma el mercado

Con la demanda simultánea de las fábricas y de la exportación se fue armando el mercado. Paralelamente se encontraron condiciones agroecológicas excepcionalmente favorables para el cultivo. También hay que destacar el extraordinario aporte que hizo la soja en la rotación de cultivos, limpiando campos que estaban llenos de maleza.

Luego, con las variedades transgénicas y la siembra directa logró una expansión extraordinaria convirtiéndose en el cultivo más importante de la Argentina, que junto con Brasil y Estados Unidos producen más del 90% del total mundial.

Hay que tener en cuenta que otros grandes productores agrícolas como Australia y Canadá, no pueden producir soja en cantidad. El primero por razones climáticas. y el segundo porque está muy limitado por sus veranos demasiado cortos. Europa tampoco la produce. La producción está concentrada en América y principalmente en América del Sur, donde el volumen total es ampliamente superior al del hemisferio Norte.

Sin embargo, la soja aun tiene potencial para crecer en algunas zonas como por ejemplo en África. Hay regiones con condiciones aptas para el cultivo donde podría replicarse el modelo aplicado en la Argentina o Brasil hace 40 años: introducir el cultivo, la tecnología y desarrollar el mercado. En suma fueron muchos los que hicieron su aporte para llevar a lo que es el principal cultivo del país.

90% del total mundial

Es la producción de soja entre la Argentina (donde es el cultivo más importante), Brasil y los Estados Unidos. Esta expansión extraordinaria se logró en los últimos años gracias a las variedades transgénicas y a la siembra directa

Fuente: La Nacion

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