3 de septiembre de 2012 13:42 PM
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El choclo, una apuesta que vale la pena

El maíz se encuentra en un buen momento. A los altos rendimientos que se están logrando gracias a la genética disponible y las nuevas estrategias de manejo se agregaron los altos precios en los mercados internacionales como producto de la sequía en Estados Unidos y la falta de stocks. En este contexto, Nidera Semillas reunió […]

El maíz se encuentra en un buen momento. A los altos rendimientos que se están logrando gracias a la genética disponible y las nuevas estrategias de manejo se agregaron los altos precios en los mercados internacionales como producto de la sequía en Estados Unidos y la falta de stocks.

En este contexto, Nidera Semillas reunió en el Hotel Sheraton Pilar, en Buenos Aires, a un centenar de asesores y productores líderes, con el objetivo de seguir difundiendo los últimos conocimientos para incrementar los rendimientos a campo del cereal.

Entre los expertos estuvo Lucas Borrás, Dr. en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario e investigador
del Conicet, quien se refirió al manejo de las densidades, un tema que en maíz no es para nada sencillo. Borrás aseguró que “cada semilla comercial tiene una densidad recomendada por fecha de siembra, por ambiente y por rinde esperado, y como hay muchas variaciones es importante preguntarle al semillero cuál es la óptima. De esa manera se puede reducir el costo que implica la compra de semilla”.

El otro condicionante es el ambiente. “Los de baja productividad tienen valores de densidad óptima menores que los de mayor calidad”, ejemplificó, y “tanto superarla como quedar por debajo genera una merma en el rinde”.

El maíz tardío también fue parte del programa. Alfredo Cirilo, de INTA Pergamino, recordó que “en fechas muy tempranas el riesgo son las heladas, mientras que el problema de los maíces tardíos es la reducción del rendimiento potencial del cultivo”.

A la hora de evaluar los beneficios de sembrar entre octubre y noviembre destacó la posibilidad de minimizar los riesgos de heladas, pero también la recarga del perfil. “En Río Cuarto, por ejemplo, la probabilidad de partir con perfiles cargados a la siembra pasa del 30 por ciento a principios de octubre, al 80 a principios de noviembre, y más del 95 a principios de diciembre. Demorar la siembra permite recargar el perfil de manera mucho más segura”, agregó.

A su vez, “las tardías implican menor coeficiente de radiación solar y de temperatura, y en consecuencia menores rendimientos potenciales. Los ensayos indican que en Río Cuarto, los niveles de rendimiento potencial –sin limitación
hídrico-nutricional- caerían 5 quintales por hectárea por cada mes de atraso, desde una fecha de siembra de octubre”, destacó.

La sanidad fue otro de los ejes de manejo destacados durante el taller. El fitopatólogo de FAUBA, Marcelo Carmona, se refirió a roya y tizón. “La roya común genera una pérdida de entre el 10 y 20 por ciento. El tizón puede alcanzar hasta el 40 por ciento”, comentó. Y agregó: “Las condiciones predisponentes son los genotipos susceptibles, escasez de lluvias, alta humedad relativa, amplitud térmica y temperaturas de entre 13 y 27 grados”. Como medidas de manejo, destacó la resistencia genética y el control químico con fungicidas, “el umbral para decidir una aplicación es cuando hay de 9 a 12 pústulas promedio en la hoja de la espiga, superior e inferior”, describió.

“Si bien los fungicidas a base de estrobirulina más triazol son los más efectivos para controlar ambas enfermedades, el tizón es más difícil de controlar que la roya. En este caso, una lesión de hasta 4 cm es el umbral de daño económico”, añadió.

“En maíz, la decisión de aplicar debe estar basada en el umbral de daño, y no en la presunción de aumento de rinde que podría ocurrir en ausencia de la enfermedad”, cerró el fitopatólogo.

Fuente: Clarin

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