3 de septiembre de 2012 13:37 PM
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Las puertas del mercado europeo

Según dictan las normas europeas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en el área de transportes, todo el gasoil consumido en Francia estaría cortado en un 7 por ciento con energía verde, es decir, biocombustible. Tanto en ese país como en Alemania se trata de biodiésel de colza. El líder indiscutido del […]

Según dictan las normas europeas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en el área de transportes, todo el gasoil consumido en Francia estaría cortado en un 7 por ciento con energía verde, es decir, biocombustible.

Tanto en ese país como en Alemania se trata de biodiésel de colza. El líder indiscutido del mercado francés es Diester Industries, cuya división internacional es propriedad del grupo Bunge en un 40 por ciento. Su capacidad instalada sería de 3 millones de toneladas de biodiesel, y el volumen de negocios anual alcanza los 5.000 millones de euros en el último ejercicio.

Christian Baichere, gerente comercial de la cooperativa francesa InVivo, accionista minoritario de Diester Industrie, dice que “no hay realmente un mercado galo del biodiésel, pero sí existe un mercado libre europeo”. Por teléfono, desde París, le explica a Clarín Rural la situación: “Nuestro mercado doméstico -el francés- aún está relativamente protegido, o cerrado según uno lo mire, por un tema de trazabilidad de la producción y certificación de plantas,
igual que el mercado alemán con otro sistema de certificación”.

Baichere destaca la existencia, en la campiña francesa, de contratos plurianuales entre los fabricantes de biodiésel y productores de colza. Esos contratos tienen un mecanismo de cálculo de precios para repartir mejor el valor agregado dentro de la cadena. Así, los agricultores tienen un beneficio financiero directo en el uso final de la materia prima que ellos producen. Detalle para nada pequeño, pues un 70 por ciento de los aceites de colza ahí son usados para producir biodiésel, según la consultora Agritel. A pesar de eso, los industriales franceses y europeos en general se encuentran en una situación claramente deficitaria en aceites vegetales, más aún ahora, con las perspectivas de una cosecha magra en Ucrania, primer proveedor de colza de la UE.

Los productores franceses cosecharon el año pasado 5,35 millones de toneladas de colza. El rinde medio fue de 35 quintales por hectárea. En comparación, los alemanes cosecharon ese año, considerado muy malo, unos 4 millones de toneladas, y se estimó lo producción total en Europa en 19 millones de toneladas.

En este contexto deficitario, los industriales buscan asegurarse un abastecimiento regular de su materia prima. De ahí también el interés de los contratos plurianuales con los agricultores. Para llegar al objetivo ambiental de un corte del 7 por ciento es necesario dedicar nada menos que dos tercios de la cosecha de colza. ¡Y no alcanza! Por eso, Diester Industrie no sólo firmó contratos con productores y cooperativas, sino que sale a comprar en el mercado europeo.

En el año 2011, la multinacional trituró 4,7 millones de toneladas de granos para una producción de biodiesel de 2,1 millones de toneladas, según informó la entidad. La producción cayó fuertemente en 2011 (16 por ciento con respecto al año anterior), en parte por la competencia del biodiésel argentino en un mercado europeo aún abierto. Pero ese es otro tema.

Fuente: Agromeat

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