4 de septiembre de 2012 14:23 PM
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La soja, Brasil y el alineamiento de los planetas

No hace falta mucha ciencia para pronosticar que 2013 será mejor que este pálido 2012: en eso coinciden todos los economistas, aunque divergen en el quántum, o sea, en la magnitud del repunte . Los más optimistas apuntan a un crecimiento del 4 por ciento, quizás del 5 por ciento, y los moderados oscilan entre 2 y 3 por ciento.

Con el precio internacional de la soja por las nubes, a menudo de récord en récord, resulta difícil hacer pasar el relato de que el mundo se nos vino encima. En ese casillero, los jugadores ponen una ficha grande para 2013. Y en otro, apuestan a una remontada de Brasil que por ahora marcha lenta.

Todavía preliminares y siempre sujetas a los vaivenes del clima, las estimaciones sobre la cosecha de soja arrojan un aumento cercano al 30 por ciento. Tal vez por ciertos márgenes de dudas, hay diferencias enormes en el cálculo de divisas que las exportaciones del complejo sojero podrían arrimar.

Una misma consultora prevé un incremento de entre 6.200 y 9.500 millones de dólares respecto de este año. Otras prefieren plantarse en poco más de 5.000 millones.

En cualquier hipótesis, es una montaña de plata . Y aún para las proyecciones cautelosas, la oleaginosa pondría en el
mercado cambiario alrededor de US$ 26.000 millones. Suficientes como para desahogar las cuentas externas del Gobierno, ya aliviadas por los menores vencimientos de la deuda.

Sería un desahogo por partida doble, pues los derechos de exportación le dejarían al fisco nacional el equivalente a US$ 8.600 millones. Y traerían algo de aire a las provincias, que reciben un 30 por ciento de esa tajada: todas según la regla de la coparticipación, aunque muchas no produzcan un gramo de soja.

La importancia de una remontada brasileña se mide en exportaciones industriales argentinas, notoriamente, las automotrices. Pero en este caso la ruleta puede no dar exactamente un pleno .

El socio del Mercosur crecería menos del 2 por ciento este año. Y el que viene, alrededor  del 4,5 por ciento, según la meta del ministro de Economía, Guido Mantega: no estaría mal, aunque lejos del 7,5 por ciento de 2010.

Claro que para que el alineamiento de los planetas luzca perfecto , el precio de la soja debe mantenerse muy empinado y el clima local, acompañar. Además, tendrían que cumplirse los pronósticos sobre la trepada brasileña: para 2012, el gobierno de Dilma Rousseff había arrancado con una estimación del 5 por ciento y ahora, según las últimas proyecciones privadas, el año terminaría en 1,7 por ciento.

Se sabe, siempre juegan factores impredecibles. Y uno, cercano, es que desaparezcan los cortocircuitos con Brasil por las trabas al ingreso de sus productos.

Hasta aquí, dependencia del exterior . Demasiada, para quienes hacen alarde con el modelo K. Luego, entran en escena los actores propios y el efecto de las decisiones del Gobierno.

Está descontado que la máquina de emitir dinero seguirá funcionando a todo vapor, tanto para sostener el gasto público como para oxigenar la economía.

Algunos analistas afirman que, cuanto menos, la emisión le pone un piso al proceso inflacionario . Y el problema es que 2012 terminará con una suba promedio de los precios cercana al 25 por ciento.

Ese es un dato nada alentador para el año que viene.

Otro, encadenado, proviene del fuerte retraso del tipo de cambio oficial, que erosiona cada vez más la competitividad de la producción nacional y de las exportaciones industriales . De seguido, alimenta presiones sobre el dólar.

En la misma lista habría que incluir una economía que crea menos empleo o directamente dejó de crear empleo . Un sondeo reciente reveló que la tercera parte de las empresas líderes ha recortado horas extras y no cubre las vacantes que van produciéndose.

Para el mismo boletín, una caída de la inversión en torno del 20 por ciento . Se detuvo el motor que garantiza actividad económica y puestos de trabajo.

Finalmente, dos protagonistas conocidos de sobra: el deterioro de la estructura energética y el rojo intenso de las cuentas fiscales. Más otro: de tanto exprimirlos, han quedado bastante desinflados los colchones del Banco Central y la ANSeS.

Por lo que se ve, aquí adentro hay unos cuantos planetas desalineados. O, como diría el senador Aníbal Fernández, no todos los patitos están en fila.

Pronto el Ministerio de Economía definirá las estimaciones sobre crecimiento del PBI, inflación, exportaciones e importaciones. Figurarán en el Presupuesto que irá al Congreso, pero no es aconsejable esperanzarse demasiado:
durante la era K, varios de esos números fueron pura ficción. Tampoco importa mucho, pues la mayoría oficialista votará el proyecto que mande la Casa Rosada sin tocarle siquiera una coma.

En 2013, el Gobierno aprovechará el desahogo de divisas para abrir importaciones con peso decisivo en las cadenas de
producción . En cambio, tal cual quedó definitivamente claro, seguirá cerrado el acceso de la gente al dólar oficial: pesificación al modo de Ricardo Echegaray, el jefe de la AFIP, o más bien, al de Cristina Kirchner.

También jugará todas las fichas a mano, más otras que vaya descubriendo, con la idea de meter mucha plata en la economía. Ningún descubrimiento, apostará fortísimo a la re-reelección. Y con una metodología previsible: actuar sobre el corto plazo. Total, después se verá.

Fuente: iEco

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