8 de septiembre de 2012 11:35 AM
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Fruta: u$s 422 millones de pérdida en tres años

Todo indica que el Valle va hacia una importante reducción de sus hectáreas en producción, con más concentración comercial y menos chacareros en el sistema.

La presidenta de la Nación, Cristina Fernández, aseguró esta semana en el acto de celebración por el Día de la Industria, frente a unos mil empresarios de todos los sectores productivos, que “el tipo de cambio no está retrasado”.

La cadena nacional, que esta vez fue diferida y emitida al finalizar el partido que –con contundencia– Racing había logrado ganar, entró de lleno en el horario principal de la ficción y las familias argentinas.

“Podrán pensar que voy a hablar del modelo económico”, destacó en el inicio de su discurso en el auditorio central de Tecnópolis. “Sucede que no estamos frente a un modelo económico. La industrialización no es una variable del modelo, sino que responde a un proyecto político de país. Es la decisión de no ser un país productor de materias primas sin agregación de valor”, indicó.

La presidenta habló así para una parte de la Argentina.

El campo y, en especial, las economías regionales escuchaban atónitos el mensaje de la primera mandataria.

El relato oficial es sencillo. Con los altos precios internacionales que están registrando los commodities, retenciones a las exportaciones de por medio, el gobierno realiza anualmente una transferencia millonaria de recursos desde el sector agropecuario al industrial para que éste pueda sostenerse competitivo en el mercado. Esta transferencia puede ser en forma directa, a través de subsidios, o indirecta, buscando sostener el dólar en niveles que no colisionen con el modelo, paradójicamente, llamado “productivista”.

Los dichos de la presidenta también cayeron como un nuevo balde de agua fría sobre la actividad frutícola. La pérdida de competitividad que muestra el sector es cada vez mayor y el gobierno nacional, como en otros tantos temas –seguridad e inflación, por dar sólo algunos ejemplos–, niega esta realidad. La ceguera oficial que existe sobre las economías regionales es total.

Las estadísticas que muestra el sector privado detallan que en estas tres últimas temporadas el sistema frutícola del Valle de Río Negro y Neuquén perdió 422 millones de dólares. Datos oficiales sobre la crisis regional no hay. O peor aún, existen pero no salen a la luz para no romper la dinámica del relato que llega de boca de la presidenta. El lema pareciera ser que “no es el momento para llevar malas noticias a la Casa Rosada”. Nunca lo es ni lo será.

Las millonarias pérdidas mencionadas por la cámara empresarial (CAFI) representan las exportaciones en una temporada completa. El dato no es menor. Todo indica que el sistema se está achicando en forma compulsiva con la complicidad del gobierno nacional y los provinciales.

En silencio, el sector político avala la lenta pero progresiva caída de productores, de pequeñas y medianas empresas del sistema, a la espera de un equilibrio económico que, todo indica, consiste en un Valle comercialmente más concentrado, con sólo el 50% de las hectáreas que hoy existen pero con explotaciones de alta productividad y la mitad de chacareros de los que están registrados en la actualidad. Política similar a la de los 90, dejar que el mercado “reacomode” naturalmente las variables del sistema. Una de las tantas contradicciones que presenta el relato del modelo nacional y popular.

Pero en el medio de toda esta realidad están los más de 3.000 obreros rurales que ya fueron expulsados del sistema en las tres últimas temporadas y otros miles marginados por las distintas industrias satélites que trabajan para la fruticultura.

Me permito mencionar sólo un dato comparativo para entender la magnitud de esta crisis. Hace sólo un par de días, la estatizada YPF anunciaba desde sus oficinas de Puerto Madero, a través de su CEO Miguel Galuccio, inversiones para el próximo quinquenio por más de 12.000 millones de dólares destinados a la exploración y explotación de gas y petróleo en la Cuenca Neuquina.

Eufóricos, funcionarios de la adminisración Sapag salieron a aplaudir los anuncios prometiendo, una vez más, que con esas millonarias inversiones se crearían 3.000 puestos de trabajo; muchos menos de los que estos mismos políticos ya dejaron caer en sólo tres años en una actividad más noble y redistributiva de lo que es la industria hidrocarburífera.

Precios en sus máximos

 

Estudios del sector privado llegados desde distintos puntos del globo destacan que la temporada frutícola del hemisferio sur volvió a tocar nuevos máximos en referencia a las cotizaciones logradas en los mercados de la Unión Europea y Rusia.

En promedio, para las peras y manzanas, durante el 2012 los precios en destino para la fruta que llegó del sur reflejaron un crecimiento del orden del 8% respecto de la pasada temporada.

Si bien durante el primer trimestre de este año las cotizaciones se mostraron relativamente estables en los mercados mencionados, entre mayo y junio el repunte de precios fue sustantivo. Esto se observó también en los retornos que percibió la actividad regional. Los datos presentados en las declaraciones de los exportadores (FOB) detallan que la mejora –computando el promedio de los primeros siete meses del año– fue cercana al 4%.

Pero toda esta buena performance de precios cae en “saco roto” luego de analizar otras dos variables clave del sistema.

La primera, los costos de producción. Un análisis del sector privado –no existen datos oficiales al respecto– detalla que la estructura de los costos de producción creció durante la presente temporada a una tasa del 13%, sin computar en este índice los futuros aumentos salariales que se otorgarán de aquí a fin de año. Es decir, como en las últimas tres temporadas, los costos crecieron este año mucho más que los ingresos registrados por la venta de fruta.

El segundo punto que se debe tener en cuenta en este escenario de mejores precios son los volúmenes comercializados. La estadística oficial del Senasa refleja que en los primeros siete meses del 2012 las exportaciones totales de frutas de pepita alcanzaron las 446.000 toneladas. Es decir se vendió un 28% menos que el año anterior. En valores absolutos esto significa que se dejaron de exportar cerca de 80.000 toneladas de fruta o, lo que es lo mismo decir, no ingresaron a la cadena que mueve la actividad alrededor de 130 millones de dólares.

Para que el sistema frutícola logre los mismos ingresos respecto de la pasada temporada –y esto no significa salir de su quebranto de este año– los precios FOB percibidos deberían crecer cerca del 40%. Las estadísticas muestran que en estos primeros siete meses sólo lo hicieron a una tasa del 4%.

Como conclusión se puede decir que no sólo con precios históricos en sus máximos la fruticultura del Valle puede salir de su crisis. Se necesitan condiciones internas que permitan sostener costos con volumen y calidad para poder lograr rentabilidad.

Muchas veces se ha escuchado decir que la fruticultura regional puede ser rentable con un dólar a 4,65 pesos (sin retenciones) si logra mejorar su productividad. Para llegar a este punto de equilibrio el sistema debería estar produciendo un promedio de 70 toneladas por hectárea, destinando el 85% de ese volumen al mercado en fresco de alta calidad. La realidad muestra que hoy el Valle está con una productividad de 30 toneladas por hectárea y de ese volumen el 40% se destina a industria y un 30% carece de calidad adecuada para ser ofertado en los mercados exigentes, que son los que en definitiva pagan precios por sobre la media registrada en las góndolas.

Tal vez la crítica más profunda que se hace desde los distintos sectores de la producción es que no existe a nivel provincial –y menos aún en los ámbitos nacionales– proyecto alguno para poder mejorar los bajos índices de competitividad productiva que muestra el sistema.

Las aguas en este sentido siguen divididas: están quienes aseguran que en esta crisis nada tiene que ver el retraso del tipo de cambio y, en el otro extremo, están las voces que piden hoy un dólar a 7 pesos para poder volver a reposicionar la fruta de la región en los mercados del exterior.

La misma perspectiva para EL 2013

 

Confirmadas las importantes mermas de fruta en la Unión Europea para esta temporada, los países productores del hemisferio sur comenzaron a festejar.

El faltante de pera y manzana ya se hace sentir en las góndolas del Viejo Continente, con precios hasta un 30% por encima de los registrados en esta misma fecha del año anterior. Mucho dependerá de cómo se mueva la demanda europea y hasta qué suba de precios está en condiciones de convalidar en los próximos meses. Si las cotizaciones siguen su tendencia alcista y se frena el consumo, la salida de fruta de las cámaras de frío aminorará y tiraría por la borda todas las buenas expectativas que hoy existen entre los exportadores del hemisferio sur. Por lo tanto será clave saber no sólo el nivel de precios que tendrá la fruta a fines de diciembre, sino también los stocks existentes a esa fecha para determinar cuán limpios estarán los mercados al momento del arribo de la pera y la manzana proveniente del hemisferio sur.

La pregunta del millón es si con una nueva suba de precios en destino, ¿el Valle puede revertir su actual situación? Lamentablemente no. En la medida en que no se modifiquen las condiciones internas –productivas y económicas– el sistema frutícola seguirá sumergido en una profunda crisis, con más desempleo y empresas que cerrarán sus puertas.

Fuente: Rio Negro

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