10 de septiembre de 2012 12:03 PM
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El sorgo de Alepo resistente a Glifosato no se deja vencer y genera preocupación entre los agriculto

Estamos muy preocupados por la presencia del biotipo de sorgo de Alepo resistente a Glifosato (RG) en Chaco y Misiones, provincias a las que se consideraba libres de ese problema y lo manifestamos en el taller del XX Congreso de Aapresid, realizado a principios de agosto en Rosario de Santa Fe, dijo Ignacio Olea, técnico de la sección Malezas de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) de Tucumán.

Por ello, es necesario establecer políticas nacionales contra la expansión del sorgo de Alepo RG (Resistente a Glifosato).

“En 2005, cuando se difundió la existencia del primer caso de resistencia a glifosato en nuestro país, con el biotipo de sorgo de Alepo en Tartagal (Salta), también lo encontramos en Tucumán. Entonces, entre los productores hubo una gran preocupación. Afortunadamente, gracias a nuestra experiencia con esa maleza en otros cultivos, pudimos afrontar el problema”, explica Olea, quien expuso en Aapresid ante una sala colmada y como invitado especial.

Comenta que en aquella época se organizaron reuniones para buscar la solución. De ahí surgió la necesidad de realizar estudios donde el biotipo era abundante y, para ello, contó con dos elementos claves para realizar esa tarea: los profesionales de su equipo de la Eeaoc -que lo acompañaron a trabajar en Tartagal durante dos campañas- y el apoyo de las autoridades del centro de estudios e investigación agronómica.

En Tartagal, colaboraron los agricultores nucleados en Prograno y, muy especialmente, una empresa que había arrendado un campo de 1.700 hectáreas, invadido completamente con sorgo resistente, “a la que convertimos en nuestro campo experimental; después de cuatro meses habíamos encontrado las claves del manejo, y de un campo que parecía abandonado, presentamos una explotación cultivada con una soja hermosa”, evoca Olea, sin olvidar la inversión que realizó el propietario, porque, en promedio, el costo del manejo de un lote en esas condiciones no es inferior a U$S 70.

¿Cuáles fueron esas claves? “Como no se laboreaban los suelos y se quemaba todo con el herbicida glifosato -y éste ya no controlaba el sorgo de Alepo-, había que buscar otra estrategia. Echamos mano a un herbicida muy barato, el MSMA, cuyo empleo conocíamos bien porque veníamos usándolo para la caña de azúcar. En esa primera oportunidad, desde una parcela experimental de 200 metros cuadrados, en el transcurso de una semana se pasó a utilizar el MSMA en alrededor de 3.000 hectáreas”, comenta Olea, cuyo equipo contribuyó a definir las primeras estrategias para el manejo del barbecho químico y del cultivo de soja después.

Al año siguiente se reafirmaron dichas técnicas y, actualmente, en la zona conviven con el problema, porque resulta imposible de erradicar. “En todo el país están usando y adaptando estrategias nuestras porque, evidentemente el sorgo de Alepo resistente a Glifosato sigue extendiéndose”, dice el profesional.

Las resistencias

De manera indefectible, cuando se emplea un mismo producto de modo reiterado aparecen resistencias: “Después del Sorgo de Alepo, trabajamos de manera similar para determinar el manejo del biotipo resistente de Echinochloa colona, presente en cultivos cítricos de Jujuy y Tucumán, y en cultivos de granos en esas provincias junto con Santiago del Estero, Córdoba y Santa Fe. La estrategia para evitar esos problemas es la diversidad de cultivos y de modos de acción en los productos que se van a usar”, advierte Olea.

Por su parte, Daniel Ploper, Director Técnico de la institución, indicó que la Eeaoc pone de relieve la importancia de contener los focos iniciales del biotipo de sorgo de Alepo para que no siga expandiéndose dentro de un lote. Se debe evitar que produzca semillas, y que éstas se distribuyan con el paso de las trilladoras.

Resaltó Ploper que la Estación Experimental es la institución que más ha trabajado en este tema con su propia carga y riesgo, de manera similar a la labor que realizara hacia fines de la primera mitad del siglo pasado, cuando fue pionera en advertir sobre la peligrosidad del sorgo de Alepo, y lograr que fuera declarado plaga nacional. “Nuevamente estamos iniciando una acción similar -indicó el investigador- porque hay medidas que deberían adoptarse a nivel nacional para que el problema sea controlado y para evitar la aparición de nuevas resistencias. En el Norte ya tenemos dos especies de malezas con biotipos resistentes a glifosato y estamos trabajando en la verificación de un tercer caso”.

Por último, Ploper señaló: “El error fue creer que con el glifosato los productores estaban protegidos para siempre contra todas las malezas. En los dos casos de resistencia que nos tocó actuar nos han salvado el conocimiento y la experimentación, pero para el futuro hace falta mayor especialización. Actualmente, tenemos un técnico capacitándose en el exterior y estamos apelando a técnicas bio-moleculares para la caracterización del biotipo y la naturaleza de la resistencia”.

Fuente: La Gaceta

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