11 de septiembre de 2012 22:38 PM
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Chile y el auge desafiante de los vacunos

El panorama global habla de que el precio de la carne viene en alza. Sin embargo, Chile, que tiene una excelente oportunidad por su sistema productivo, tiene aún una baja masa ganadera, aunque la situación empieza a cambiar. Especialistas plantean qué hacer para sacarle partido al momento.

Mientras a los crianceros nadie les quita la sonrisa de la cara, a los engorderos se les ve preocupados. Es que depende del cristal con que se mire, cómo se ven las perspectivas del mercado de la carne bovina.

La situación se da porque mientras el precio se mantuvo bajo en décadas pasadas, se llegó a 2008 con valores nominales de 550 a 600 pesos el kilo de ternero, y ahora con el alza de los precios ese mismo ternero cuesta 1.200 a 1.350 pesos el kilo -similar a lo que se paga por el kio de novillo gordo-, lo cual ha generado una rentabilidad muy grande en la crianza bovina. Eso está cambiando la rentabilidad del rubro en Chile y en el mundo.

Quienes ven con preocupación el momento, dicen que los precios de los granos están subiendo y que los que engordan usando maíz u otros granos, como los que tienen feed-lots, tendrán un muy ajustado nivel de rentabilidad.

“Un engordero compra a 1.200 pesos el kilo vivo, más comisiones y otros cargos y además tiene que recuperar las pérdidas de peso que son usuales después de la compra en el período de engorda, pero el maíz y en general los cereales están carísimos, por lo que debe seguir agregando kilos a un costo similar a lo que le cuesta el alimento, y al final el diferencial es de 50 a 100 pesos del animal vivo, es decir, logra una rentabilidad baja, de 6 a 7% y con costo financiero altísimo”, señala Gonzalo Briones, gerente general de Chilebeef.

Además, no ven con buenos ojos el regreso de Paraguay al mercado chileno -se le cerró por la aparición de fiebre aftosa en su rebaño-, porque eso provocará una caída en los precios. De hecho, se teme que la decisión sea más política que técnica al abrirles de nuevo la puerta, ya que  lo que se buscaría es traer producto barato para dominar el riesgo inflacionario local. Además, quienes inviertan en animales hoy caros, al bajar los precios tendrían pérdidas considerables.

Si bien el escenario general es de altos precios y buena demanda internacional, en Chile la situación es de baja capacidad productiva, por una pérdida en la masa ganadera que alguna vez estuvo cercana a los cuatro millones de cabezas y hoy se estima que se acerca a los tres millones 200 mil.

Eso sí, en el último tiempo se advierte en el país un ciclo de retención de vientres, lo que habla de un avance en la recuperación de la masa, pero eso depende de ciclos biológicos que son lentos. Aunque el incentivo de buenos precios podría acelerar las cosas.

“Estudios internacionales muestran un horizonte de 20 años con precios que se mantendrán al alza, pero no en forma explosiva, aunque la demanda va a ir siempre por encima de la oferta. A nivel nacional la situación es bastante similar al año pasado. Los precios tuvieron una subida importante entre 2010 y 2011, hasta llegar a valores superiores a mil cien por el kilo vivo, que son parecidos a los que se ven este año”, señala Christian Arntz, presidente de los productores de carne.

Dentro de ese contexto  de auge para los vacunos, algunos ven la situación compleja.

“No se ha visto un desarrollo en función de la ganadería carnicera. Al contrario, la lechería es la que está sosteniendo prácticamente la producción de carne en nuestro país, a través de los machos castrados que se crían y se engordan. Entonces, la situación es bastante precaria. Pese a tener condiciones sanitarias, praderas y clima impecables no aprovechamos esas ventajas comparativas para convertirlas en ventajas competitivas, y abordar los mercados más exigentes del mundo con carnes de características especiales”, señala Harry Jürgensen, presidente de Frigorífico Osorno.

La lenta oferta y la rápida demanda

La producción de carne bovina en el mundo tiene dificultades para aumentar su oferta al ritmo que se expande la demanda.

A pesar de la crisis económica en Europa y del menor crecimiento global, el desarrollo de los países asiáticos sigue generando un incremento en la demanda de productos pecuarios. Son ya conocidos los factores que acompañan a este fenómeno, como el crecimiento económico, la urbanización y el desplazamiento de personas a vivir en ciudades, factores que se están dando con fuerza por la expansión de países como China e India, cuya población suma más de 2.500 millones de habitantes.

China presentará un gran crecimiento en las importaciones de soya para la producción pecuaria, lo cual estimula su producción en varios países del Mercosur, especialmente Brasil y Argentina. Por otro lado, la grave sequía en Estados Unidos determina un aumento muy fuerte en los precios del maíz y la soya, lo cual aumentará el área de siembra en la próxima temporada que ya se inicia en el Hemisferio Sur.

Esto implica que dada la mayor rentabilidad de la agricultura, se incorporan suelos que tradicionalmente se dedicaban a la ganadería, lo que deja escasez de superficie para los animales. Con todo eso, la competencia por el uso del suelo se desata entre cultivos y ganadería.

“Adicionalmente, dados los altos valores del maíz, el grano básico en la alimentación del ganado bovino en confinamiento -feed-lot-, los costos de producción han subido fuertemente al extremo de generar pérdidas de más de US$ 100 por cada novillo engordado en confinamiento en EE.UU., de acuerdo a productores que visité en Texas en agosto, cuando el precio del bushel de maíz era cercano a los 8 dólares”, señala el consultor Rodrigo Prado Donoso.

¿Cómo Chile podría sacarle partido a la nueva situación planteada?, es lo que responden técnicos, productores y autoridades:

La pradera se impone

Se entiende que Chile ha mejorado en eficiencia productiva en la carne bovina. De hecho, genera del orden de 200 mil toneladas anuales con tres millones de cabezas, algo más de 60 kilos por animal en stock, eso es superior a los indicadores del Mercosur, un poquito más bajo que Nueva Zelandia, pero inferior a Estados Unidos donde la engorda se acelera en corral, que siempre tiene la desventaja que es muy dependiente de los precios del maíz.

Por eso en el proceso de engorda, como el sistema a corral enfrenta un alza muy fuerte en los costos, la pradera aparece con un potencial de competitividad muy interesante. Y eso le cae como anillo al dedo a Chile, que la realiza masivamente. En la zona sur y austral se pueden establecer praderas que, bien manejadas, pueden ser muy productivas. Eso generaría carne muy competitiva. Se puede engordar íntegramente con praderas o se puede prolongar la recría en praderas hasta pesos superiores, de modo de acortar el período final de engorda a corral.

Ahí el uso de subproductos es muy necesario, sobre todo en este escenario. En EE.UU., por el altísimo precio del maíz, crece también el uso de subproductos. Se debe controlar la ganancia de peso tanto en praderas como en la engorda a corral, para tomar las medidas correspondientes cuando el aumento no sea el esperado.

“La pradera presenta períodos de gran digestibilidad, la cual decrece en la medida en que las plantas maduran. Se deben buscar alternativas forrajeras que permitan adecuadas ganancias de peso en distintas épocas del año. Como siempre en el negocio de la engorda, la compra y venta del ganado es un aspecto clave del negocio”, señala Rodrigo Prado.

Ríen los crianceros

En el proceso de crianza se deben mejorar los manejos de los rebaños en sus aspectos nutricionales, sanitarios, reproductivos y genéticos, y ponerse metas más ambiciosas, que generen mejor eficiencia y mayor competitividad. Por ejemplo, con períodos de parición restringidos y en una época adecuada del año se pueden maximizar los pesos al destete. Así, un ternero que nace en agosto tiene la posibilidad de ser 100 kilos más pesado que el que nace en noviembre, porque uno llega a abril en 150 kilos, mientras que el de agosto puede estar entre 250 kilos y 300 kilos.

La crianza goza con el buen precio actual del ternero. Sin embargo, ocupa zonas más bien marginales, con praderas de baja y mediana productividad. Para ellas un programa integral de manejo de praderas podría hacerlas resistir mayores cargas animales. El manejo del pastoreo también es fundamental para aumentar la eficiencia del proceso productivo.

Igualmente importante es la necesidad de incorporar tecnología en el manejo genético, reproductivo, nutricional y sanitario de los rebaños. La fertilidad y los pesos al destete promedio del rebaño nacional son mediocres y existe un gran potencial de mejoramiento.

Razas adecuadas

Los especialistas plantean que se debe trabajar con razas que tengan características y requerimientos nutricionales más acordes con los recursos forrajeros del ecosistema. No es conveniente desde el punto de vista productivo trabajar con razas de doble propósito en suelos degradados o con praderas de baja productividad, como es el caso de la mayor parte de la mediana y pequeña ganadería, que concentran el 60% de la masa ganadera nacional.

Para mejorar la fertilidad es básico que los ganaderos utilicen razas de carne. No es conveniente usar vacas de cría con altos potenciales de producción de leche si las praderas no permiten cubrir los mayores requerimientos nutricionales de ellas. Eso genera desbalances nutricionales que inhiben las condiciones para que una vaca vuelva a quedar preñada en un plazo de 80 días después del parto, requisito básico para cumplir con el objetivo de un ternero por vaca al año.

Se debe maximizar el uso de la genética de modo de acelerar el mejoramiento productivo de los rebaños.

“Lo que se produce es muy heterogéneo, nada que ver con los pollos y los chanchos que son parejitos. Hay que innovar en comercialización y también  a nivel de campo para hacer más rentable el negocio. La meta es acortar el ciclo de producción, porque mientras más rotan los animales en los potreros, más barato es el costo de producción”, señala Miguel Ponce, gerente general de Achic, y director del Centro de Estudios de la Carne de la Universidad de Chile.

Mayor calidad

Un desafío para la industria es ir generando valor agregado ir diferenciándose, con una oferta de carnes de calidad superior. Esa tendencia se ha hecho notar con claridad en los últimos años, con ejemplos de marcas en el país. Pero es un proceso que tiene que seguir aumentando en la línea de dar satisfacción al cliente.

En ese tema, también es imprescindible entrar en el proceso de maduración de la carne. En Estados Unidos, por ejemplo, la carne que se vende en supermercados tiene un promedio de maduración de 21 días, que tiene un efecto muy marcado en la calidad. En restaurantes puede llegar  hasta a 40 días.

“Ese concepto en Chile prácticamente no se está manejando, por el costo que significa. Lo usual es que las canales pasen directo a las carnicerías. La carne importada de los supermercados viene con cierta maduración, pero no hay que olvidar que proviene de animales adultos”, señala Prado Donoso.

La mano del Estado

Hay quienes proponen mejorar ciertas políticas estatales de apoyo a la ganadería.

“Los productores no descartamos una ayuda más directa para aumentar más rápidamente la masa, a través incentivos como un programa de recuperación de praderas con más fondos, la entrega a los pequeños productores -que tienen el 50 por ciento del ganado-, de un bono por no enviar las hembras al frigorífico y desarrollar un programa similar a Decreto Ley 701 de fomento forestal.

Otros encuentran más valioso promover una buena asistencia técnica a todos los pequeños productores, para que trabajen con las razas adecuadas y traten de mejorar sus praderas, con lo que lograrían aumentar su productividad.

Pero también la mirada está en el riego y en la posibilidad de focalizar los apoyos orientados a las praderas. Eso permitiría poner riego en algunos sectores del campo, lo que impactaría en la producción en los períodos de verano. Muchas producciones se hacen en el secano, dependiendo de la pluviometría. En la VII y VIII Región el pequeño productor se beneficiaría mucho con el forraje extra que podría producir para el invierno.

El foco en el consumidor

Sin perjuicio de las debilidades de la industria de la carne -productores, faena, comercialización, importadores y exportadores-, especialistas concentran la mirada en el actor menos considerado.

“El consumidor de carne ha modificado sus gustos y preferencias y es hoy la principal amenaza de largo plazo, pero, al mismo tiempo, una oportunidad para quienes sean capaces de distinguir esas amenazas y concentrar las fortalezas del sector cárnico chileno para obtener ventajas competitivas”, dice Felipe Amtmann, jefe de unidad del Centro Nacional de Capacitación y Entrenamiento en Reproducción y Manejo Animal de la U. Austral.

 Hoy se consume más carne en el mundo y la demanda efectivamente aumenta, pero la pregunta es si el alza se debe a un crecimiento demográfico o a un genuino interés de consumir más.

“Las cifras revelan, quizás en forma alarmante, la caída del consumo per cápita sobre todo en las economías más desarrolladas, porque crece el interés por consumir alimentos sanos, naturales y trazados. Crece la relevancia por el bienestar animal, la huella de carbono y agua tras cada kilo producido; y jóvenes más entusiastas por consumir alimentos no bromatológicos (veganos)… ¿Qué estamos haciendo para enfrentar las nuevas tendencias? ¿Hasta qué punto definirán el éxito de nuestra estrategia productiva?”, se pregunta Amtmann.

Lo que propone es valorizar los productos cárnicos, definir una estrategia de diferenciación, ya que Chile no puede sostener volúmenes, y hacer una revolución de la calidad, donde los genes son más importantes que la raza; calidad de carne objetiva y certificada más que subjetiva, sistemas productivos naturales valorizados y rotulados; objetivos comunes de la industria chilena (genética, sistema productivo, crianza, engorda, faena, comercialización).

“Estamos frente a la misma disyuntiva que antes enfrentó la industria del cerdo y las aves. ¿Qué hará la industria de la carne? ¿Dónde estará el sector en 2050? Confiamos en nuestras capacidades, en la voluntad de los productores, la generación de políticas públicas más que instrumentos y, ante todo, la capacidad técnica y experiencia acumulada: esas son nuestras reales fortalezas”, añade.

¿Logrará la carne chilena de vacunos aprovechar este momento?

 Más mercados a la vista

Frente al panorama actual el ministro de Agricultura, Luis Mayol, sostiene que los crianceros estén más sonrientes y que los engorderos no tanto está dentro de las cosas que pasan en la agricultura, que es muy variable y de ciclos.

Consultado sobre programas especiales para promover una mayor recuperación de la masa bovina, explica que el mercado ya está mandando las señales para una retención de vientres por los precios que son nunca vistos.

“Aumentar la masa es decisión de los propios agricultores. Para los productores medianos y pequeños, que atiende Indap y que son de atención preferente del Estado, hay algunas políticas en curso. Indap ya tiene para sus usuarios un incentivo a la retención de vientres, también hay un programa de adquisición de vaquillas para reposición, y tercero, está en estudio un banco ganadero, similar al que operó en décadas pasadas, pero mejorado”, señala.

Recalca también que se está haciendo mejoramiento genético de la masa existente, con material que se está licitando para ser importado. Eso se une a los programas de mejoramiento de suelos. Sobre eso planteó la posibilidad de obtener un aumento en el presupuesto del próximo año para mejorar esos ítemes. Por ahora, dijo, “hemos disminuido los trámites burocráticos para postular al beneficio”.

Destacó también la apertura de nuevos mercados a la carne bovina, como la conseguida después de ocho años de negociaciones con Corea del Sur que se espera que empiece a operar en unos 15 días más. Y con China, que empezará pronto a certificar las plantas faenadoras.

La masa está repuntando

Desde marzo de 2008 hasta mediados de 2009 se produjo un fuerte aumento en el beneficio de hembras, casi tan profundo como el observado en los años 83 y 84. Esto estuvo motivado por la abrupta caída en los precios y las malas expectativas de mediano plazo. La recuperación de los precios de 2010 revierte esta situación y lleva a una retención de vientres en 2010 y 2011 que debiese seguir aumentando en 2012 y alcanzar su máximo en 2013 y 2014.

“Estos cambios en el rebaño reproductor explican la caída del beneficio bovino a mínimos similares a los observados a mediados de los 80 y la actual recuperación, que este año debería alcanzar los 800 mil animales, para el 2013 y 2014 puede llegar a unos 900 mil. La nota de incertidumbre la pone la situación financiera en la UE. Si evoluciona favorablemente, las expectativas serán más positivas y el rebaño podrá seguir expandiéndose más allá de 2015. Si se complica, es posible que de nuevo se inicie una fase de contracción con una reducción en el número de vientres y una caída en el beneficio a partir de 2015”, señala Claus Köbrich, director del Departamento de la Producción Animal de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile.

Fuente: Revista de Campo

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