14 de septiembre de 2012 11:15 AM
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Manifestación 2.0: las cacerolas dejaron de sonar y los analistas hablan de un punto de inflexión para el “relato” K

El ruido fue muy fuerte y la movilización, contundente. Hasta le puede restar iniciativa a un gobierno que no está acostumbrado a perder el control de la calle. Quienes son afines al kirchnerismo minimizan las protestas al decir que se trata de una minoría de clase media-alta. ¿Cambia el escenario?

La concentración de “indignados” anti-k, que tuvo este jueves su epicentro en la Plaza de Mayo, marca la llegada de un nuevo actor al escenario político argentino: un segmento de clase media, sin filiación partidaria ni liderazgos visibles, que de todas formas quiere expresar su profundo rechazo a las políticas y al estilo del kirchnerismo.

Potencialmente, puede crecer hasta llegar a condicionar tanto al Gobierno como a la oposición.

“Esto es un punto de inflexión. Se evidencia un cansancio de una parte de la población y un cambio significativo en la forma de expresarse”, indica Sergio Berensztein, director de la consultora Poliarquía.

Es probable que nunca haya acuerdo sobre la cantidad exacta de manifestantes que concurrieron a los diversos actos realizados en los principales centros urbanos del país, pero lo que sí resultó evidente, incluso para los voceros del kirchnerismo, es que lo de anoche fue un fenómeno digno de atención.

Como suelen recordar los analistas políticos, si hay algo que un gobierno peronista no puede admitir es perder “el control de la calle”.

Es decir, que una manifestación masiva adversa a sus filas se transforme en un fenómeno que le quite la iniciativa en la agenda política.

Y anoche, por primera vez desde el conflicto del campo ocurrido en 2008, el kirchnerismo sintió que esto podía ocurrir.

En una jornada sin proclamas ni discursos, las voces que articularon la protesta fueron los cánticos de la multitud y los carteles realizados en forma casera por los asistentes.

“Se va a acabar la dictadura de los K”, fue uno de los cánticos que se escuchó en la Plaza de Mayo, lo cual habló a las claras sobre el ánimo predominante entre los asistentes: una acusación en el sentido de que el kirchnerismo está avanzando sobre libertades republicanas.

“Cristina, devuelvan el país”, rezaba el cartel alrededor de la pirámide de Plaza de Mayo. Y en algunos actos no faltaron las comparaciones con el régimen chavista.

También se escuchó “Que se vaya” y “Argentina sin Cristina”, lo cual abona la tesis oficialista respecto del “ánimo destituyente” que alienta estas movilizaciones.

Las voces oficialistas apuntaron a minimizar lo ocurrido anoche haciendo referencia a que sólo se trató de la expresión de una minoría de clase media-alta que actúa bajo el influjo de los medios de comunicación críticos.

Y que, por encima de cualquier otra reivindicación, está enojada por las restricciones a la compra de dólares.

“Quédense tranquilos que nerviosa no me van a poner“, afirmaba Cristina Kirchner desde San Juan, al mismo tiempo que todos los canales de noticias emitían las primeras imágenes de los manifestantes.

En ese acto, pasó revista a los anuncios realizados el día anterior sobre mejoras en las asignaciones familiares. Los mismos tuvieron el objetivo de destacar el contraste: mientras los sectores más desprotegidos recibían un aumento de la asistencia estatal, el segmento medio-alto protestaba.

Los analistas más cercanos al Gobierno, como Artemio López, fueron contundentes respecto de cuál es la versión oficialista: “Esto no es una sorpresa. Es la expresión de pequeños sectores de clase media-alta, que están fuertemente influidos por los medios de comunicación”.

El analista fue más allá y sostuvo que “que no se trata de algo con espesura política, no es comparable al fenómeno que en su momento lideró Blumberg contra la inseguridad”.

Y como apoyo para su argumento, López se valió del ejemplo de un cartel que rezaba “Chau relato”, en manos de un manifestante en Plaza de Mayo.

“¿Qué entiende un habitante de La Matanza cuando lee ese cartel? Esto evidencia que se trata de un fenómeno de clases medias urbanas, que se movilizan por temas que a la gran mayoría le resultan indiferentes“, argumentó el politólogo K.

Y destacó que “esto sería algo importante sólo si se diera en el contexto de una caída del empleo o del consumo, pero no es el caso”.

Pero resulta evidente que no será fácil “ningunear” la convocatoria de anoche.

“Fue muy contundente, más allá de lo que diga el Gobierno. Y su fuerza también se apoya en que se dio de manera espontánea, a diferencia de los actos kirchneristas, como el realizado en abril en el estadio de Vélez, que contó con todo el apoyo del aparato partidario”, resalta Berensztein.

¿El nacimiento de la política 2.0?
La convocatoria se produjo luego de varios antecedentes de pequeñas manifestaciones, algunas de ellas espontáneas, como la ocurrida durante la extensa cadena nacional que, en pleno “prime time” televisivo, protagonizó la Presidenta durante el último Día de la Industria.

Antes de esa noche de “caceroleos” en contra del mensaje televisado, habían surgido otras manifestaciones, de concurrencia menor, más bien circunscriptas a barrios de clase media-alta de Buenos Aires.

Los medios afines al Gobierno habían logrado cierto éxito en presentar a esas convocatorias como inspiradas casi exclusivamente en el enojo que causaban las restricciones a la compra de dólares en un sector económicamente privilegiado de la población.

Ese estigma de elitismo había restado algo de legitimidad política a la convocatoria, dado que los organizadores y asistentes habían quedado ligados a una imagen de falta de solidaridad con los problemas que afectaban a sectores de menores ingresos.

Tal vez por eso es que, esta vez, en la manifestación se cuidó de que no pareciera exclusivamente una marcha de “enojados con la AFIP” y que tuviera una plataforma extensa de reivindicaciones.

Así, los organizadores pusieron en primer plano temas como la inseguridad ante la ola delictiva, la corrupción de funcionarios del Estado, el intento reeleccionista, la injerencia de “La Cámpora” en el sistema educativo, la persistencia de la inflación y los ataques a los gobiernos provinciales no alineados con la postura kirchnerista.

De todas formas, los analistas políticos no dudan respecto de la irritación por las restricciones a la compra de divisas y por los controles de la AFIP que fueron, por lejos, el principal factor motivador de esta movilización.

El tema fue motivo de polémica en las redes sociales, el ámbito donde este movimiento surgió y donde encontró su canal de difusión.

La controversia giró en torno a si la situación actual podía llegar a tener puntos de contacto con las manifestaciones pro-campo durante el conflicto de 2008 por las retenciones a las exportaciones de soja. O, yendo más atrás en el tiempo, si podía ser algo comparable a las protestas por el corralito en 2001.

Se trata de polémicas habitualmente subidas de tono y con altas dosis de agresividad, donde suelen participar los “cibermilitantes K” en defensa del Gobierno.

Allí pueden verse epítetos que parecían fuera de uso desde hacía más de 30 años, tales como “gorilas”, “zurdos”, “oligarcas” y otras antigüedades que suenan raras a los oídos de los veinteañeros de hoy.

¿Movimiento acotado o en expansión? 
Ya habiendo transcurrido la manifestación “anti K”, el punto central pasa por cómo debe ser interpretada la misma desde el punto de vista político.

¿Será un movimiento que crezca hasta el punto de que el Gobierno tenga en cuenta tales reacciones y busque evitar el avanzar en medidas que puedan generar una mayor irritación?

Y, más lejos aun, ¿podrá mutar desde su condición de movimiento inorgánico, espontáneo y no-partidario hasta otro tipo de fenómeno político que pueda tener correlato en el plano electoral?

En principio, los analistas se muestran escépticos al respecto.

Para Julio Burdman, director de la consultora Analytica, estas manifestaciones no deben interpretarse, por ahora, como algo que cause un grave daño al caudal político oficialista.

“Lo que sí está emergiendo es un aumento en el malestar de los que ya estaban disconformes. Es decir, los que siempre estuvieron en contra del Gobierno y que ahora tienen una mayor disposición a salir a manifestar“, afirma Burdman. 

A pesar de la masividad de la protesta de anoche, los expertos en opinión pública creen que es un poco temprano para trazar paralelismos con las protestas ocurridas durante el conflicto del campo.

“Lo que se ha visto ahora es el malhumor del ciudadano de clase media, que ya venía acumulando enojo con el Gobierno. Pero ese malestar aún no se ha canalizado, al menos de manera significativa, hacia otros sectores más bajos de la sociedad”, observa Marcos Novaro, director del Centro de Investigaciones Políticas.

Pero hay quienes no descartan que esta pueda ser la oportunidad para un dar a luz a un movimiento que aglutine a varios sectores de la sociedad, de manera que trascienda su inicial extracto de clase media.

“Los fenómenos sociales son difíciles de predecir, pero esto es un principio de algo. Hace seis meses era impensable ver una manifestación de este tipo. Y ahora se empiezan a ver síntomas de malestar”, señala Alejandro Corbacho, catedrático de Ciencias Políticas en la Ucema.

Y agrega: “Creo que el motor de este movimiento es el propio Gobierno: en la medida en que siga descalificando y combatiendo a sectores de la sociedad, habrá un clima propicio para que esto crezca”.

¿Al Gobierno le sirve la polarización?
Lo que está claro es que este resurgir de los “caceroleros” es el síntoma de una sociedad crecientemente polarizada.

“La misma Cristina Kirchner genera este fenómeno cuando abusa de las cadenas nacionales o promueve su reelección. Son cosas que causan malestar. Ella cree que las medidas controversiales son las que le reditúan electoralmente pero se equivoca: ganó a pesar de esas decisiones, no gracias a ellas“, observa Novaro.

Y toca uno de los puntos cruciales a la hora de analizar este nuevo fenómeno de la clase media que se manifiesta: ¿el Gobierno se perjudica con este tipo de actos? ¿O, por el contrario, cree que la polarización le resulta funcional a su discurso, porque puede mostrar que los descontentos con las políticas oficiales provienen de una minoría acomodada y egoísta?

El Ejecutivo va a estar tranquilo en la medida en que sienta que no es ‘su público’ el que participa de estas protestas. Su apuesta es que, con una recuperación económica en 2013, pueda revertir la actual situación”, señala Carlos Fara, titular de una firma de opinión pública.

De momento, el tema en el que todos coinciden es que, desde el punto de vista electoral, es muy difícil que esta manifestación sea capitalizada por la oposición: hubo muchos slogans “en contra” pero ninguno “a favor de”.

Es, de momento, un punto a favor que sigue teniendo la Presidenta. Y un gran punto en contra para el resto del espectro político.

Fuente: iProfesional

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