14 de septiembre de 2012 11:51 AM
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Las tres “íes” . . . (Susana Merlo)

Ignorancia, irresponsabilidad, imprevisión . . . Al menos algunos de estos calificativos merece la inacción oficial, tanto nacional como provincial, a lo largo de los últimos 10/12 años, respecto a obras de infraestructura esenciales para el país, y en particular para el campo y su producción.

Los recientes hechos en la provincia de Buenos Aires, donde una lluvia de apenas algo más de 100 milímetros dejó bajo agua a medio territorio de la provincia más grande, rica y productiva del país, es apenas una muestra de esto.
¿Cuánto cuesta tener los canales limpios y cuánto lo que se pierde con cada inundación? ¿Cuál es el costo de las obras que aún restan del Plan Maestro para desaguar, racionalmente, la Cuenca del Salado, y cuánto lo que se debe gastar después por rotura de caminos y puentes, o falta de producción en las regiones que durante meses/años siguen anegadas? ¿Adónde fueron a parar las partidas asignadas para mantenimiento y para algunas de estas obras en los últimos 12 años? ¿Por qué prácticamente ninguna de las entidades del sector preguntó estas cuestiones hasta ahora?
¿Nadie, ni propios ni ajenos, saca las cuentas para darse cuenta que es mucho más barato hacer las cosas bien que mal?
Holanda
, el segundo exportador mundial de alimentos detrás de Brasil (¡!), se encuentra 6 metros bajo el nivel del mar y, obviamente, no se inunda.
Por el Río Mississippi se transportan, anualmente, más de 600 millones de toneladas de carga. Tiene 7.500 km. y es navegable en toda su extensión. A su vez, el Rhin, en la Unión Europea, tiene más de 1.300 km., pero además se une por canales al Danubio y es la mayor vía de tráfico fluvial de Europa, mientras que en Argentina no se puede casi navegar la famosa Hidrovía, en la parte sur de un Río Paraná que atraviesa 3 países del Mercosur en sus 4.700 km.
Mientras Argentina desarticulaba sus ferrocarriles Brasil, silenciosamente, construía una vía férrea (que ni siquiera pasa por la Argentina), que prácticamente une los puertos del Atlántico con el Océano Pacífico, vía Paraguay y Bolivia.
¿Y esto qué tiene que ver con las inundaciones?
Simplemente es parte de lo mismo. De la imprevisión, del alto costo argentino de la falta de pensamiento, y por ende, de decisiones estratégicas.
¿Cómo se puede resolver la situación de un país que casi triplicó su producción agrícola en 30 años (la duplicó entre el ’90 y el 2000) y, lejos de tener más infraestructura en caminos, trenes, puertos, comunicaciones, etc., decayó nuevamente en la última década?
De hecho, de los 600.000 km. de caminos con que cuenta el país, apenas poco más de 10% están pavimentados, mientras la gran mayoría es de ¡tierra!, y el resto enripiado o mejorado.
De autopistas hay solo algo más de 2.000 km., y la mitad están en San Luis.
Falta energía, combustible, etc. Las industrias del interior lo saben muy bien ya que registran restricciones continuas desde hace años.
¿Es compatible esta situación con el “relato” sobre la ayuda a las pequeñas y medianas empresas (PYMES), y el objetivo de apuntar a la agregación de valor?
Definitivamente no hay consistencia ya que son, justamente, las empresas más chicas las que sufren fuertemente las restricciones de infraestructura, las que no tienen espaldas para aguantar, las que no tienen recursos para sustituir lo que el Estado no les provee, y no pueden atenuar los déficits de las políticas oficiales. El campo no es una excepción. Mayoritariamente (más de 92%) son empresas micro y PYMES.
Entonces no extraña la alta concentración que se viene dando, con la desaparición de establecimientos agropecuarios, industriales, comerciales, y hasta de servicios.
Los chicos no tienen defensa, y los medianos y más grandes, aunque aguantan, deben afrontar los altos costos argentinos que en más de un caso los sacan de competencia. Solo la “ayuda” directa oficial (vía tipo de cambio diferencial, subsidios, reintegros, etc.) les permite “seguir en carrera”. Claro está, siempre y cuando se actúe en consonancia con el poder de turno.
Tal vez por eso, en la más espectacular coyuntura internacional que se recuerde (por los niveles de precios alcanzados y por la duración), Argentina no llega siquiera a capitalizar (como si lo hacen los países vecinos) semejante situación y se mantiene semiestancada con el solo crecimiento (espectacular, por cierto), que sigue brindando la tecnología que bate sus propios récords año tras año.
Pero es evidente que eso solo no alcanza. Peor aún, porque tampoco se está previendo el potencial productivo que se viene con estos avances.
La pregunta es: si con esta producción existen los problemas y los cuellos de botella que se registran periódicamente, ¿qué pasaría si se estuviera produciendo lo que realmente el país puede ofrecer, o sea, en la actualidad, unos 130 millones de toneladas de granos versus los magros 90/95 que se promedian?
¿Y si no se hizo en estas circunstancias, cuando el contexto internacional es tan favorable, entonces, cuando se va a hacer?
Por eso, también, solo 3 “íes” parece escaso, habría que agregar una media docena más… (insólito, increíble, indecente, indignante, incomprensible, etc., etc., etc.).

Fuente: Campo 2.0

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