15 de septiembre de 2012 11:36 AM
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Renta e inundaciones, un sistema que dejaron rengo

De las últimas grandes inundaciones de esa pampa plana, que baja de a escalones después de recorrer tramos de 25 kilómetros casi sin pendiente, y que encima está atravesada por 111 líneas de médanos que interrumpen ese mínimo declive, los bonaerenses recuerdan las de los años 78, 88/89, 2000 y la actual.

El fenómeno que tiene bajo el agua a unas 10 millones de hectáreas en 26 distritos de la provincia, según un relevamiento realizado por Carbap, viene ocurriendo aproximadamente cada diez años con una regularidad inalterable. ¿Se puede decir entonces que es un hecho excepcional o extraordinario?

Claramente, no lo es. Se sabe que las contingencias climáticas son intrínsecas a cualquier producción a cielo abierto. Como también lo son las sorpresas que despachan los mercados con las subas y las bajas de las cotizaciones. “En la agricultura lo que cuenta son los promedios”, suelen decir los chacareros curtidos que no se dejan obnubilar por una campaña de altos rindes. Desde los tiempos bíblicos ya se comprendía que lo que se perdía en los tiempos de vacas flacas se recuperaba en los años de vacas gordas, y viceversa. Sin embargo, la política agropecuaria aplicada por los Kirchner no parece haber tomado nota de lo que viene enseñando la historia. En los últimos años, cualquier actividad que entraba en un ciclo de bonanza de precios quedaba automáticamente en la mira del gobierno para efectuarle la poda y el recorte correspondiente.

Existe una manifiesta dificultad por entender que lo que se proyecta a diario en las actividades del campo es parte de una película y no una serie de fotos aisladas. Esta visión equivocada del kirchnerismo es quizá la mayor fuente de errores de las decisiones oficiales. No es casual entonces que la producción esté sometida a un ciclo en que a los tiempos de vacas flacas le siga uno de vacas a medio terminar, pero que nunca llegan a gordas. Así, luego de una seca, una inundación o un período de bajos precios, la recuperación nunca será completa y salvo unos pocos, siempre se andará galgeando.

Los que con una fe ciega creen que en el campo la “renta extraordinaria” existe, desconocen que no es un hecho aislado. Ignoran olímpicamente que pasado el tiempo muy probablemente se sufrirá también “una pérdida extraordinaria”.

Si se las dejara oponerse libremente, tanto las rentas, como las pérdidas extraordinarias se compensarían y por lo tanto abandonarían de alguna forma su categoría de excepción. Pero este es un concepto imposible de adoptar por los que ven sólo un muestrario de fotos o por aquellos que ni siquiera se llegaron a embarrar en una actividad productiva y al otro día de salir de un tupper inventan, por ejemplo, las retenciones móviles.

A todas las actividades les llegó su turno en la poda del ciclo de bonanza. Por la tímida suba de precios de Liniers en el verano del 2006, le llegó a la ganadería el cierre de las exportaciones y la intervención del mercado.

La lechería argentina, a diferencia de lo que ocurrió en otros países competidores, no pudo disfrutar de las bonanzas del último lustro, especialmente de los picos de precios del 2007 y 2010. Se triplicó el nivel de retenciones que se tenían en el 2005 y se implementó un precio de corte, que retenía todo valor por encima de los 2.700 dólares. Sobran los ejemplos de este tipo.

Cuando finalmente baje el agua, la recuperación económica de los productores bonaerenses no vendrá de un diferimento impositivo sino de capturar toda la renta posible que ofrecen los mercados.

LA FRASE

Francisco De Narváez

Diputado nacional

“El 40% de la provincia está inundada. No hay tiempo para que el Gobierno siga analizando”.

Fuente: Félix Sammartino LA NACION

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