15 de septiembre de 2012 11:33 AM
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El lucro cesante que deja la inundación

Según los especialistas, la recuperación del suelo dependerá de la geografía del lugar; las zonas altas escurrirán más rápido; pero habrá pérdida de nutrientes, ascenso de la capa freática y riesgo de salinización.

No resulta nada sencillo volver a sembrar un campo que estuvo afectado por una inundación como la que actualmente afecta a 10,5 millones de hectáreas de la pampa húmeda, como informó la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap).

Por supuesto que depende de la geografía, las lomadas y zonas más altas no sufren tanto perjuicio porque el agua escurre más rápido, pero sí los bajos.

Según los especialistas en suelos consultados por La Nacion, la correntada de una inundación arrastra nutrientes, el peso del agua compacta la tierra, levanta las capas freáticas que llevan sales a la superficie y provocan una salinización que erosiona la tierra.

Por este motivo llaman la atención las declaraciones del gobernador Daniel Scioli, efectuadas esta semana a radio Mitre, refiriéndose a la situación hídrica en la provincia de Buenos Aires y en las que más allá de referirse a las medidas de ayuda provincial, entre otros conceptos señaló que “esto garantiza una buena siembra a aquellos campos que puedan mantener la humedad una vez que baje el agua” .

Las declaraciones de Scioli llegaron justo cuando en una asamblea realizada en la localidad bonaerense de Bolívar, unos 800 productores agropecuarios amenazaron con volver a realizar protestas si el gobernador no resolvía pronto la situación en la que, según afirmaron, se perdieron unas 300.000 cabezas de ganado y hubo graves daños en agricultura.

Según Roberto Casas, especialista en suelos del INTA Castelar, “hay zonas que no van a ser tan afectadas, pero otras que sí. Evidentemente el agua lava principalmente los nutrientes móviles del suelo, como el nitrógeno y el azufre “, dijo.

Agregó el especialista que hay un agravante en algunas zonas. “Este período húmedo de los últimos meses generó un ascenso de la capa freática, en lugares como Pehuajó, Carlos Tejedor, yo diría casi todo el noroeste bonaerense. Y esas capas freáticas tienen sales en soluciones”, explicó.

Puntualizó Casas que la capa freática en estos momentos está a entre 20 y 30 centímetros de profundidad respecto de la superficie. “Entonces cuando se retire el agua, y ante la época de vientos en la que entramos, sumado al ascenso de la temperatura, se va a generar un proceso de salinización que afectará superficies importantes; incluso donde el agua corre y lava los nutrientes habrá un recrudecimiento de los procesos erosivos”, explicó.

Entonces para que esos campos estén en condiciones de ser sembrados, el primer punto que hay que observar, según el especialista, es que tiene “que secarse todo” y eso va a depender de “cuánto han sido afectados esos campos y cómo evoluciona el clima; hay que tener en cuenta que estamos en un año Niño (lluvias superiores a las normales), con lo cual se espera una primavera relativamente húmeda.

Otro aspecto es saber cuándo van a estar en condiciones de laborearse estos suelos. Para Casas, en algunas zonas con lomas, o medialoma alta, sí puede ser que el agua se vaya más rápido, entonces los suelos van a poder trabajarse antes. Habrá que oxigenar el suelo para impulsar los procesos biológicos porque van a quedar muy compactados y desestructurados ante la presión del agua, e incrementar la fertilización para recuperar el nitrógeno y el azufre perdido.

En cambio en las áreas más bajas, la situación es distinta: el agua tiende a permanecer más tiempo y aparece el problema de la salinización, muy difundida en todo el noroeste de Buenos Aires.

Fuente: La Nacion

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