15 de septiembre de 2012 12:20 PM
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La oferta regional de berries pierde competitividad

Los altos costos golpean duro a una actividad que ya no puede exportar.

Si bien la producción de berries en la Argentina es todavía incipiente en comparación con la de otros países donde se desarrolla la actividad, en la Norpatagonia existe un interesante potencial que permitiría reconvertir parte de la matriz productiva con que cuenta hoy esta región.

En el Valle de Río Negro y Neuquén y en la zona andina existen interesantes explotaciones de este tipo.

Las frambuesas son, según datos de los especialistas, uno de los productos que mayores posibilidades de desarrollo tienen en la zona de referencia.

En la versión preliminar de un estudio elaborado por el Ministerio de Agricultura de la Nación, financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo, se detalla que el consumo aparente de frambuesas durante el 2010 fue superior a 1,6 millones de kilos, con un valor bruto de producción del orden de los 22 millones de pesos.

En la actualidad el mercado argentino es abastecido en su gran mayoría por la oferta local, como consecuencia de las restricciones existentes a las importaciones. “Si llegan a abrir la frontera con Chile estamos acabados”, admitió un productor de la zona andina al ser consultado por el tema.

Y es que la estructura de costos que debe enfrentar la actividad no escapa a los problemas generales que aquejan a las economías regionales del país.

La producción de berries se caracteriza por ser de mano de obra intensiva –que se lleva el 61% del total de los costos– y en la mayoría de los casos las explotaciones existentes son de tipo “artesanal”.

El aumento de los costos internos que sufrió la actividad en los últimos años fue realmente impactante. Dos ejemplos sirven para justificar esta calificación: desde el 2003 hasta la fecha la mano de obra creció cerca del 500% mientras que las maquinarias agrícolas que se utilizan en la actividad lo hicieron a una tasa del 370%. También se puede mencionar –tal como se refleja en el informe preliminar oficial– que en el 2003 para implantar una hectárea de frambuesa se requerían 26.700 pesos, considerando para llegar a esta cifra esencialmente tres ítems: “preparación de suelo y plantación”, que incluye labores de tractor, manuales y el costo de plantines; “sistema de conducción”, definido por los postes y alambres que lleva la explotación, y “sistema de riego”, que incluye la cinta de goteo. Estos ítems crecieron, desde aquella fecha hasta el 2011, hasta a un valor de 67.100 pesos por hectárea, lo que da cuenta de un aumento del 150% en el período.

Con la evolución de las variables detalladas, el margen bruto del productor pasó del 55% en el 2003 a menos del 20% ocho años después.

Las estadísticas demuestran, en este sentido, que los costos de producción fueron creciendo paulatinamente desde el 2003 hasta el 2007 pero a partir del 2008 dieron saltos anuales totalmente desproporcionados, lo que llevó a que los márgenes de ganancia se redujeran drásticamente. (Ver infografías)

Es así que en las últimas tres temporadas los costos subieron, en dólares, a una tasa del orden del 20% anual con un techo sobre los precios en destino, lo que significó el achicamiento de los márgenes de ganancia.

Ante este escenario, el productor se ve obligado a mejorar su eficiencia a través de dos vías. La primera de ellas es el aumento de productividad, generando más kilos por hectárea, lo que terminaría licuando los costos fijos de la explotación. La segunda es la búsqueda de alternativas comerciales que le permitan agregar valor a su oferta comercial.

En orden ascendente, en términos de valor agregado la oferta de la región comprende la denominada “fruta en caliente” o “wenco”, la congelada en bloque, la congelada IF, la congelada individualmente IQF y la fruta en fresco. En el caso de la última alternativa, de acuerdo con el informe oficial el margen bruto puede llegar al 33% mientras que en la primera alcanza sólo el 18%, siempre hablando de fruta de calidad y productividad media en una explotación tipo.

Obviamente, en la medida en que se agregue valor a la oferta la necesidad de servicios crecerá y con ella lo harán los riesgos comerciales.

Por lo general, los productores pequeños están más orientados a vender su fruta con bajo valor agregado mientras que los medianos y grandes apuntan a las instancias comerciales con agregado de valor.

Desvío del comercio

 

En los primeros años de la década pasada (2003-2006) los medianos productores –especialmente ubicados en la zona andina– priorizaron sus colocaciones hacia el mercado externo, teniendo en cuenta los valores que se pagaban en ese entonces por la fruta del hemisferio sur y la posibilidad de continuidad que les brindaban los importadores europeos a la hora de acordar programas de mediano y largo plazo.

Muchas fueron las horas hombre regionales destinadas a formalizar acuerdos con los compradores del exterior.

Las empresas de la Norpatagonia entendían que la llave para el crecimiento de la actividad estaba en el desarrollo de los mercados de ultramar, especialmente en el europeo, y alguna “ventana” que dejaba Estados Unidos, adonde la oferta de Chile no llegaba en tiempo y forma.

Mientras los costos fueron competitivos, las exportaciones de berries desde la Patagonia mantuvieron una tendencia creciente. Pero a partir del 2008, con una inflación en torno al 25% y un dólar casi atado a una paridad que depreciaba al 8% anual, se fueron generando severas inconsistencias económicas en la acti- vidad.

Lenta pero progresivamente, las exportaciones se volvieron cada vez menos competitivas y los importadores no pudieron convalidar los precios que necesitaban las empresas regionales para no perder plata en la operación.

Fue a partir de ese momento que el mercado interno cobró importancia para la actividad.

Según datos tomados a campo, en el 2005 un importante grupo de productores de la zona andina exportaba cerca del 60% de su oferta, mientras que el restante 40% la orientaba hacia la plaza local. Hoy el 100% de esta producción se destina al mercado interno. La exportación desapareció como alternativa comercial para la actividad.

“Nuestros costos de producción crecieron en las últimas tres temporadas, en dólares, a una tasa promedio del 17% con una cotización relativamente estable del producto en el exterior… una matriz imposible de sostener en el tiempo”, aseveró un productor de la región que solicitó mantenerse en el anonimato al ser consultado por el tema.

Si bien no se cuenta con cifras oficiales al respecto, el costo de producción del kilo de frambuesa con destino a la elaboración de dulce en chacra sin congelado ni caja ronda los nueve pesos (al tipo de cambio oficial, 1,94 dólares). Empresarios chilenos aseguran que ese mismo producto ellos lo pueden colocar en seis pesos, equivalentes a 1,29 dólares por kilo.

Sin muchas expectativas, la actividad espera algún cambio en el modelo económico que le permita volver a ganar competitividad para poder exportar y desarrollar todo su potencial. Pero las señales del gobierno van a contramano de lo que necesitan muchas economías regionales. De ahí que el secretario Guillermo Moreno se haya convertido en una pieza clave para la rentabilidad del sector al cerrar las fronteras para que no pase ningún berry al mercado argentino. Una ilusión que difícilmente pueda sostenerse en el tiempo.

Fuente: Rio Negro

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