17 de septiembre de 2012 00:38 AM
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Un nuevo capítulo para la industria por sustitución de importaciones

El país avanza en un nuevo esquema de producción proteccionista como respuesta a la coyuntura internacional. Se para en el control de importaciones, los incentivos a empresas locales y el manejo del dólar. Un repaso histórico para entender el largo camino desde la nación agroexportadora a estos días.

 La denominada “industrialización por sustitución de importaciones”, o abreviadamente ISI, tiene larga historia en la construcción de la Argentina moderna. Desde la organización nacional posterior a 1880 y hasta 1930 se desarrolló el llamado crecimiento hacia afuera. La gran expansión agropecuaria, el desarrollo de la red ferroviaria, la llegada de inmigrantes y la ampliación de la rica frontera cultivable posibilitaron la participación argentina en el comercio mundial como gran exportador de materias primas e importador de bienes industriales. El país crecía bajo las leyes de mercado que le asignaban ventaja competitiva a su sector primario y se orgullecía de ser uno de los graneros del mundo.
La crisis de 1930 cambió el tablero del comercio, comenzando el denominado crecimiento hacia adentro o dirigido al mercado interno. El proteccionismo se impuso en Europa, conjuntamente con una importante baja de los precios de nuestros bienes exportables. La restricción a la entrada de divisas que esto significó forzó un giro del gran modelo argentino hacia el intervencionismo económico y la ISI. Se incrementaron los impuestos a las importaciones y se devaluó en 1933. Un año antes se había creado la Junta Nacional de Granos para garantizar un precio mínimo a los agricultores.
El pacto Roca-Runciman  (1933) firmado con Inglaterra establecerá  una cuota de exportación de carne sin posibilidad de modificación, empujando los excedentes al mercado interno. Como consecuencia del acuerdo se crean la Junta Nacional de Carnes y la Corporación Argentina de Productores de Carne. A las medidas se le suma la importante decisión de fundar el Banco Central para regular la cuestión monetaria y crediticia.

El rol del peronismo
La segunda guerra mundial de 1939 a 1945 dificultará aún más el comercio internacional y condicionará otro forzado proteccionismo industrial. El peronismo de 1946, al menos hasta 1952, seguirá y profundizará esta dirección. La industrialización significó el éxodo de poblaciones rurales a los centros urbanos ya que las fábricas necesitaban obreros. Así se robustecieron las periferias populares y se consolidó una nueva clase que demandaba su lugar en la historia. El general Juan Domingo Perón fue quien logró responder a sus necesidades  y los atrajo a su movimiento que, con sus variantes, jugó y juega uno de los roles protagónicos de nuestra realidad.
El proceso de la ISI, que de diferentes maneras se puede ver en  toda América Latina, abarcó dos etapas: la primera, de fácil sustitución,  cuando se comenzaron a fabricar localmente productos de tecnología simple y de implementación sencilla, tal el caso de alimentos, calzado y vestimenta. Eran bienes de relativo bajo precio y consumo masivo. Hacia fines de la década del cincuenta este proceso estaba casi finalizado. Las fábricas locales abastecían una demanda ya existente y de fácil acceso.
La segunda etapa o de sustitución difícil, surgió con industrias como la automotriz, (priorizada con Arturo Frondizi 1958-1962) los electrodomésticos como heladeras, lavarropas, etc. y otras ramas complejas. Estas industrias “modernas”  producen bienes duraderos, de mayor tecnología y suelen desarrollarse con componentes importados. Su precio es relativamente alto y son demandados inicialmente por los sectores medios de la población con el apoyo de sistemas de financiación. Muchas industrias eran sucursales de multinacionales que superaban las restricciones a las importaciones produciendo en el interior de nuestros países.
Una diferencia importante entre la etapa fácil y la difícil es que en la primera las industrias participantes eran en general competitivas y en la segunda se quedó frente a poderosos oligopolios. En la década del ’70 se comenzó a mencionar el agotamiento de este ciclo y la búsqueda de otros patrones de crecimiento basados en una apertura mayor del comercio internacional.
Como es sabido, en los noventa se popularizó la globalización o abandono de todo proteccionismo. Nuestro país se sumó a la corriente y no solamente se abrieron nuestras aduanas a los productos del  mundo entero sino que sumamos una liberalización financiera que aceptaba la entrada y salida de capitales sin restricción alguna y equiparaba el peso con el dólar. El nuevo sistema mundial que se instaló trajo una acentuada internacionalización de la producción: las multinacionales hacen parte de sus productos donde les resulta ventajoso, mientras concentran la investigación científica y eligen un lugar de ensamblado. 
Por otra parte, se desarrollaron las ramas vinculadas a la computación y sistemas de comunicación que revolucionan los finales del siglo XX.  La velocidad del cambio y la innovación tecnológica generaron una renovación de productos nunca vista. Esto hizo muy costoso las políticas industriales autónomas, pudiendo significar mayores precios y atraso tecnológico a quienes se apartan del sistema.
Mano de obra barata y una moneda devaluada  convirtieron a China en la factoría del siglo pero, simultáneamente, en un gran demandante de materias primas. Al nuevo mundo se le suma coyunturalmente una crisis de origen financiero que desde el 2007-2008 ha complicado el horizonte.

Argentina ante este panorama
La Argentina de nuestros días, presionada por la necesidad de importar combustibles y proteger sus reservas de divisas está ensayando el regreso a un nuevo capítulo de la ISI, conjuntamente con una férrea intervención del mercado cambiario. Las medidas que sustentan este tipo de política económica son: a) control de las importaciones, exigiendo permisos para cada compra, poniendo trabas a las entradas de productos foráneos con aranceles, demandando a quienes importen que exporten en magnitudes similares, etc.;  b) establecimiento de una política de apoyo a diversas ramas de la producción por vía de subsidios, ventajas impositivas, apoyo a  la elaboración de partes o componentes en el país con miras a estimular el empleo, etc.  El desarrollo de la industria electrónica en Tierra del Fuego es un intento en esta dirección; c) manejo de un tipo de cambio elevado que sea una barrera natural a la importación y un estímulo a la exportación. En este punto la disputa es grande en nuestro país, dado que la inflación arrastra un cierto atraso cambiario, pero a bienes exportables como la soja, favorecidos por altos precios internacionales, el valor del dólar no los afecta. Sin embargo otros sectores de la economía no tienen esta situación, tal es el caso de la fruticultura.
El 21 de agosto de 2012  Estados Unidos y Japón denunciaron ante la Organización Mundial de Comercio a la Argentina por las trabas a sus exportaciones, sumándose a la presentación de los países de la Unión Europea, que en mayo hicieron una demanda similar. Hemos tenido controversias con México vinculadas al mercado automotor, sin olvidar la delicada relación con Brasil, un socio fundamental de nuestro intercambio. La gran presencia de empresas multinacionales, la dependencia de las Pymes de componentes importados, y el sistema vigente de división internacional del trabajo, conjuntamente con los acuerdos que regulan el comercio mundial, hacen complejo el nuevo capítulo de la ISI.
Ernesto Bilder (Economista de la UNCo)

Fuente: www.lmneuquen.com.ar

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