24 de septiembre de 2012 11:38 AM
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La política ganadera no funcionó

Desde 2006, el gobierno intervino en forma inédita los mercados de carnes a través de la prohibición de exportaciones, la creación de los Registros de Operaciones de Exportación (ROEs), la intervención del Mercado de Liniers, así como de un sinnúmero de normas no escritas y órdenes telefónicas a empresarios. El costo de no cambiar estos […]

Desde 2006, el gobierno intervino en forma inédita los mercados de carnes a través de la prohibición de exportaciones, la creación de los Registros de Operaciones de Exportación (ROEs), la intervención del Mercado de Liniers, así como de un sinnúmero de normas no escritas y órdenes telefónicas a empresarios.

El costo de no cambiar estos ejes fue enorme. Se festejó el “aumento” de la producción cuando, en realidad, nos íbamos comiendo el futuro y se trataba de una matanza de hembras, de las máquinas para producir carne en el futuro.

Las consecuencias están a la vista. Nuestro país perdió 12 millones de cabezas de ganado (todo el stock bovino de Uruguay), cerraron más de 100 frigoríficos, se perdieron más de 10 mil empleos, cayeron exportaciones, se redujo en 20 kilos por habitante por año el consumo interno de carne vacuna, no cumplimos con la Cuota Hilton por tercer año consecutivo, y no pudimos aprovechar los buenos precios de la carne en el mercado internacional.

En la localidad de Olavarría, en agosto de 2008, la Mesa de Enlace presentó un documento elaborado por AACREA que sostenía que para el año 2012, la Argentina debería importar carne para mantener los niveles de consumo.

Nos tildaron de agoreros, sin embargo, eso fue lo que efectivamente sucedió: Importamos carne de Uruguay.

Pero, por sobre todo, se creó un clima no propicio para la inversión en un momento en el que el país debería haber festejado los excepcionales valores que pagaba el mundo por la producción argentina. Hoy, esos precios ya no existen.

¿Cómo se puede justificar semejante desastre cuando las circunstancias fueron tan favorables?

Sólo se puede provocar con políticas que no reconocen las consecuencias en el largo plazo de los controles de precios, de las prohibiciones de exportaciones, de los impuestos arbitrarios. Que no reconocen lo complejo que es el sistema de mercado y la asignación de recursos en economías muy sofisticadas, cuando se actúa simplemente con una visión miope y de inmediatez.

Es en el sector de la carne donde se están viendo las graves consecuencias del populismo. Hoy no tenemos carne para todos. Tenemos un menor consumo a mayor precio.

Por eso, resulta indispensable no volver a cometer los mismos errores que en el pasado.

Generemos las condiciones que den previsibilidad al sector, reglas de juego claras, libertad de comercio, respeto por las instituciones y permitamos recomponer el capital productivo necesario para poder abastecer al país y al mundo, que están demandando con sumo interés los productos argentinos.

Como la cría es una actividad de largo plazo, es necesario consolidar un modelo que sea rentable al criador y que le permita crecer en el negocio.

Sin dudas, el mejor plan ganadero es la rentabilidad y la confianza. Dejen que el productor gane y que confíe, y él va a saber cómo aumentar la producción.

Fuente: Terra

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