29 de septiembre de 2012 10:36 AM
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Con pocos cambios, la ley se moderniza

Con relación a la nueva propuesta sobre la “ley de semillas” me permito realizar los siguientes comentarios sobre tres aspectos: transgénesis y mejoramiento tradicional, el uso propio y las regalías extendidas. Es importante entender que la transgénesis, hoy mal llamada biotecnología (ya que biotecnología es toda modificación biológica en búsqueda de algún objetivo), no es […]

Con relación a la nueva propuesta sobre la “ley de semillas” me permito realizar los siguientes comentarios sobre tres aspectos: transgénesis y mejoramiento tradicional, el uso propio y las regalías extendidas.

Es importante entender que la transgénesis, hoy mal llamada biotecnología (ya que biotecnología es toda modificación biológica en búsqueda de algún objetivo), no es más que la incorporación de genes con un método diferente al mejoramiento genético tradicional, ya sea mediante selección masal para autógamas o la hibridación para alógamas. Todo agregado de valor mediante la incorporación de genes debe ser reconocido mediante algún tipo de remuneración (regalía) tan sólo con el registro de la nueva variedad, híbrido o evento, más allá de su patentabilidad.

Intentar legislar para obtener beneficios diferenciales en los transgénicos significa desmerecer a las empresas y organismos nacionales que tanto han hecho e invertido por el trigo y la soja en nuestro país. Es importante recordar que cuando se liberó la soja RR en 1996, en la Argentina ya existían más de 200 variedades de soja, suficientemente testeadas y establecidas en las diferentes regiones, que sirvieron de sustento (base genética) para incorporar esta nueva tecnología.

Fui y soy un ferviente defensor del uso propio, pero estoy de acuerdo en que hace falta explicarlo, reglamentarlo y regularlo para que a través de su uso adecuado signifique una contribución al bien común. El uso propio es el derecho que tiene el productor de usar parte de los granos producidos como semilla para la campaña siguiente en igual superficie a la realizada con la compra inicial de la semilla fiscalizada. Así, cualquier aumento en el área sembrada con grano (transformada en semilla) representa indefectiblemente multiplicación ilegal de semilla. En esos casos donde se incremente el área sembrada con granos (como semilla), a mi criterio, es cuando debe incorporarse en la nueva ley el concepto de regalía extendida, ampliamente complementario al concepto de uso propio. Para su control el Inase debería tener poder de policía intra-predial.

Bien entendido en sus alcances y correctamente regulado, la incorporación a la ley del concepto regalía extendida sería relativamente simple (la ley actual no lo considera y los acuerdos actuales son entre privados de limitada validez) y resultaría muy conveniente para todos los actores. Así, tanto las nuevas variedades como los nuevos eventos de todas las autógamas (trigo y soja) podrían conseguir la remuneración correspondiente a su agregado de valor genético.

Son entonces muy pocos los cambios para modernizar la ley de semillas y maximizar su alcance como para que también cubra a los eventos transgénicos: fortalecer el concepto de “uso propio” e incorporar el concepto de “regalía extendida”. Con los criterios antes mencionados podemos contribuir al bien común defendiendo y generando mecanismos para una justa retribución al mejoramiento genético con un impacto significativo en el desarrollo agropecuario y la sociedad en su conjunto.

Fuente: Miguel S. Campos LA NACION

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