29 de septiembre de 2012 10:45 AM
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El día después de las inundaciones en el tambo

En la crisis es cuando más racionales deben ser las medidas de manejo para atenuar efectos negativos y recuperar la producción.

Una vez más, muchos tamberos de la provincia de Buenos Aires se hallan ante una inundación que los golpea duramente. Ante esta complicada situación es difícil decidir cómo actuar. Sin embargo, en las crisis es cuando más racionales y adecuadas tienen que ser las medidas por tomar.

En primer lugar, hay que aprovechar la experiencia de otros productores. A partir del intercambio aparecen respuestas y nuevas preguntas, no sólo a los problemas operativos, sino también a los anímicos del empresario, de su familia y de su equipo de trabajo.

“En las anteriores inundaciones de 1986 y 1987, el CREA Trenque Lauquen III estaba con todas las dificultades que hoy se enfrentan: caminos intransitables, pasturas y cultivos en graves problemas. Las finanzas por el piso. Todo el equipo de trabajo desmoralizado”, recordó Javier Zubizarreta, asesor del grupo.

“En aquel momento recurrimos a la experiencia de los CREA de la cuenca del Salado, ya expertos en esas dificultades, y el intercambio fue un enorme disparador de acciones. Nos sugirieron qué hacer, qué no hacer y nos ayudaron en lo anímico. Ellos habían pasado muchas, y ahí estaban”, agregó.

“Hoy hay una enorme experiencia de tamberos que ya pasaron más de una inundación. De ella se pueden nutrir los más nuevos o los que en aquellas épocas no tenían tambo”, añadió.

Recomendaciones

Las cuestiones de cada empresa deben ser resueltas “a medida”, entre los directores, los asesores, el personal, los vecinos y los proveedores. No obstante, hay algunos consejos generales que pueden servir a muchos.

“Por empezar, es necesario ser permeables, creativos y estar dispuestos a salir de muchos esquemas y rutinas, muy justificados en una situación normal, pero que hoy pasan a ser secundarios”, aconsejó Zubizarreta.

Inicialmente se debe plantear la posibilidad de seguir o no con la actividad del mismo modo, sacar la hacienda, achicarse o encerrar y suplementar más. Todo eso se deberá redefinir en función de la ubicación del tambo en cuanto a caminos, distancia al pavimento, situación económica y financiera, y fortaleza del equipo de trabajo.

Por otro lado, con el precio de la leche estancado y valores crecientes de los insumos, se deben tener al día los flujos de fondos. “Hay que usar el planeamiento para evaluar distintas alternativas, sensibilizando en función de diferentes variaciones de precios y de producción. No hay que tomar decisiones drásticas sin haber analizado varias opciones en lo económico y financiero”, recomienda el técnico. Es muy probable que el destino principal de los fondos deba ser mantener la infraestructura productiva básica: caminos elevados y secos, y condiciones confortables para las vacas. Los caminos son la indispensable vía de salida para la leche, pero también de entrada para los suplementos. Por eso deben permitir que circulen los tractores y carros, que no deben romperse ni encajarse, y que las vacas mantengan las patas y ubres sanas.

Las superficies de tierra libres de agua determinarán los nuevos planes de siembra. “Puede ser necesario incorporar tecnologías no habituales, de épocas distintas a las normales. Pueden reaparecer las siembras de trébol rojo con avión en primavera y las siembras de avena en maíces”, plantea el asesor.

También deberá ajustarse el pastoreo para no desperdiciar forraje. “Con estos niveles de humedad puede ocurrir que con el 30 por ciento del campo bajo agua, pero con un 50% más de producción, tengamos similar cantidad de pasto que en los recientes años secos, con menos hectáreas creciendo más” distinguió Zubizarreta.

Incluso, teniendo humedad asegurada por las napas cerca de la superficie, las respuestas a la fertilización son más seguras en los potreros que tienen bajo riesgo de cosecha difícil.

Fuente: La Nacion

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