30 de septiembre de 2012 00:58 AM
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Los costos del campo y el Agua

En la actividad agropecuaria el agua es fundamental. Esta expresión para la gente del sector resulta demasiado obvia, casi elemental, al punto tal que su contenido es parte inherente a cualquier conversación de la actividad. Sin embargo lo que llama poderosamente la atención en el norte santafesino, es que luego esto no aparece reflejado en […]

En la actividad agropecuaria el agua es fundamental.

Esta expresión para la gente del sector resulta demasiado obvia, casi elemental, al punto tal que su contenido es parte inherente a cualquier conversación de la actividad.

Sin embargo lo que llama poderosamente la atención en el norte santafesino, es que luego esto no aparece reflejado en ninguna ecuación económica o cálculo de costos. Se da por aceptado que se puede llegar a producir determinado nivel considerado estándar, y consecuentemente todos los costos pasan a centrarse en la tecnología, de semillas, de siembra, de genética, de fertilización, etc., asumiendo que la presencia o escasez de agua, es la que históricamente tiene la región, referenciando a los valores hídricos promedios de la zona.

Pero esos valores hídricos son justamente, promedios, por tanto la realidad es que se tendrán años -uno o varios- por encima o por debajo de los mismos, como ha ocurrido recientemente, y esto por lógica va a producir un desajuste en los rendimientos productivos y económicos.

Es evidente entonces que la productividad de las explotaciones y su rentabilidad, está también ligada a la disponibilidad y al adecuado manejo a partir del agua, sea en excesos, como en sequías.

Y por tanto este costo debe ser asumido en las planificaciones de todas las explotaciones agropecuarias, tal que anticipadamente, permita realizar los manejos pertinentes a nivel de la unidad de explotación, previendo y atenuando los efectos de excesos y sequías, logrando de esta manera acercarse, o mejorar incluso, aquéllos valores promedios de oferta de agua sobre los cuales se planificó.

Esto va a provocar un inmediato y fuerte efecto positivo sobre la productividad de la explotación, motorizando todas aquéllas apuestas a las inversiones en tecnología que se hubieran realizado, y reduciendo los eventuales impactos negativos de los efectos climáticos extremos.

Está claro que las pautas de manejo del agua para el sector agrícola son distintas que las del sector ganadero, pero la esencia del planteo es la misma.

Estos costos, que a priori parecerían una odiosa e inoportuna carga adicional a la ya ajustada ecuación económica, cuando se producen sequías o inundaciones, muy rápidamente pasarán a convertirse en rentables inversiones del proceso productivo, dándole un mayor factor de previsibilidad a las inversiones.

Lo que hoy en día, no es poco

Fuente: El Litoral

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