Buenos Aires | Miércoles 30 de Julio de 2014
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Agricultura

Claves para evitar inundaciones de los campos bonaerenses

Evitar las inundaciones de campos de producción agropecuaria es un desafío prioritario de la infraestructura pendiente en la Argentina. El tema lleva años y años de demora. Aquí algunos apuntes a tener en cuenta, antes que sea tarde.

“No se trata sólo de fijar un Plan para sacar el agua sino de establecer una Política para impedir que entre”,
B.Ferrari Bono,
diciembre de 2000



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por SOFÍA LAFERRERE DE PINEDO

Un titular de prensa de septiembre en un importante matutino anunciaba “El agua no es amenaza”. Los políticos en sus campañas electorales ni mencionaban el tema. Las radios no hablaban. La televisión apenas. El agua no era tema. ¿Por qué?

La explosión vino después de las elecciones. Curiosa coincidencia.



Sin embargo, los pobladores de nuestra pampa húmeda hace tiempo que están con el agua al cuello, y hace tiempo que vienen pidiendo respuestas inmediatas a una situación que empeora día a día. Hay 5.500.000 hectáreas inundadas o anegadas y en aumento. Nos vamos acercando a la mitad de la Provincia de Buenos Aires. Las pérdidas son incalculables. Teniendo en cuenta que se trata de las tierras más ricas de nuestro país, estamos ante un drama de consecuencias mayúsculas, difíciles de revertir en el corto plazo.

Al menos, ahora se habla del tema.



Los antecedentes más recientes de peligrosas inundaciones para los que se ha tratado de buscar soluciones, arrancan desde 1978. Se han gastado palabras, declaraciones y páginas y páginas con planes y obras que se empiezan y se interrumpen causando más males de los que se pretende corregir.

Ahora buscamos explicaciones y echamos culpas ¡a la maldita naturaleza que en vez de llover unos 2700 mm. en tres años, nos envió 4500 mm. de agua!

Todas las soluciones que enarbolan las autoridades bonaerenses, se remiten al famoso Plan Maestro Integral para la Cuenca del Salado, elaborado por una consultora inglesa, que se nutrió de muchos estudios de técnicos argentinos. Se lo presenta como el plan que terminará con el flagelo en esa provincia, a pesar de las críticas recibidas.

La etapa inicial de la licitación prevista para el 2002, se va a anticipar. La obra total estará terminada dentro de 18 años. Antes no se pudo hacer nada por falta de presupuesto, afirmó el Vicegobernador Solá, pero se ha decidido que la parte del Fondo Fiduciario Nacional que le corresponde a la Provincia, se emplee en la construcción de esa discutible primera etapa.



Mientras tanto las aguas desbordan por doquier abarcando más de la mitad de la Provincia de Buenos Aires, el Este de La Pampa, el sur de Córdoba y de Santa Fe. Paulatinamente han ido cubriendo tierras, alambrados, tranqueras, viviendas; han ido expulsando hacienda, tapando sembrados, deshaciendo caminos vecinales, salinizando suelos, desabasteciendo pueblos, matando el comercio, inundando los centros urbanos con las consecuencias conocidas. La salud física y psíquica de la población se encuentra en serio peligro.

“El 60% de la producción lechera  bonaerense se encuentra comprometido”, abundó el ministro provincial Haroldo Lebed.

Ahora, cuando el desastre asombra a los distraídos, ya es tarde para ir al fondo del asunto. Las obras tan anunciadas no se pueden empezar. No existen maquinarias anfibias que puedan cavar canales, levantar compuertas, ni siquiera hacer defensas como corresponde, prioridad uno de cualquier plan.



Pero hay más. Expertos argentinos como la Lic.Stella Carballo del INTA, dicen que sería un error iniciar los  trabajos del Plan Maestro, como está previsto, en la cuenca superior del río Salado, aguas arriba.

 

 

El argumento es indiscutible: el río Salado es un río de llanura con escaso declive, que se mantiene igual que en épocas geológicas pasadas; nace en el noroeste de Buenos Aires y su cuenca es el receptáculo final  de la del Río Quinto, de los Arroyos del Sudeste de la Sierra de Comechingones y de la Laguna La Picasa al sur de Santa Fe; nunca se realizaron obras integradas para mejorar el escurrimiento de sus aguas, que “se agrava sobre todo en la cuenca media donde se produce un estrechamiento, que reclama una obra de ampliación urgente” – dice Carballo; a las dificultades en el drenaje hay que agregar la formación de barras producidas por acumulación de materia orgánica y arena que se ha ido depositando en el lecho y en su desembocadura en la Bahía de Samborombón.

Lo primero que hay que hacer, por lo tanto, es solucionar esos problemas. De lo contrario, todas las obras proyectadas y en ejecución que no contemplen ese “pequeño” detalle, son emprendimientos que seguirán perjudicando severamente a numerosos partidos, ya que aumentarán el caudal del río sin las previsiones necesarias que contemplen las situaciones de riesgo.



Lamentablemente, esto que se pronosticó hace un tiempo ya se ha cumplido. Quien fue ministro de Obras y Servicios Públicos bonaerense 1999-2002, Julián Domínguez declaró que “los canales como el Jauretche y el Mercante se encuentran saturados” y no son los únicos.

Trabajos inconclusos y mal realizados, falta de mantenimiento, gruesas fallas en el manejo de cuencas, son errores que los productores vienen denunciando desde hace tiempo sin ser mínimamente escuchados por las autoridades provinciales y municipales. El drama cubre así a Monte, Roque Pérez, Belgrano, Carlos Tejedor, Alem, Junín, Casares, Tapalqué, Chascomús, Dolores, Alem, 9 de Julio y siguen y suman los partidos que ya sobrepasan el número de 59 en todas direcciones.



Es extraño también que no esté contemplado en el Plan Integral el comportamiento de “La Picasa” en el sur santafecino, una laguna de agua salina con una cuenca de 550.000 Has.,  según lo confirmó el Ing. Víctor Pochat del Ministerio de Infraestructura de la Nación en una reunión informativa que organizó recientemente la Sociedad Rural Argentina.

“La Picasa” está desbordando en Buenos Aires.
 
Para bajar el nivel de esa laguna, la Facultad de Ciencias Hídricas de la Universidad del Litoral, planteaba dos alternativas: una al norte y otra al sur. Ambas hacían confluir las aguas hacia el Salado para sumar una masa no habitual de agua.



En Santa Fe un recurso de amparo interpuesto desde Buenos Aires, interrumpió la construcción del canal que llevaba las aguas de “La Picasa” desde el norte hasta la Laguna “El Chañar”. La obra concluida quedó taponada antes de Teodelina. Desde “El Chañar” se planeaba seguirla hasta el Paraná con la ayuda de estaciones de bombeo, debido a la configuración del terreno.

“Se debe pensar que con los juicios no se llega a parar el agua; ellas se someten a una Ley que es la de la gravedad”, explicó en una conferencia el Ing. Bruno Ferrari Bono.
 


A pesar de tantas evidencias, recién ahora se está teniendo en cuenta que un plan que contempla la situación de sólo un territorio provincial – como es el caso del Plan Integral de la Cuenca del Salado-, no resuelve  problemas de este tipo. Se impone entonces de manera urgente una acción concertada entre Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, La Pampa y San Luis. Más vale tarde que nunca.



Algo más sobre la Cuenca del Salado y el Quinto.

Según un viejo estudio del geógrafo francés Martín de Moussy, mencionado en un informe que nos facilitó la Casa de la Provincia de Buenos Aires en 1997, el río Quinto y el Salado forman una sola cuenca. El Quinto nace en San Luis. Después de un curso de 250 km. se pierde en los esteros de “La Amarga”, se infiltra en profundidad para convertirse en un curso subterráneo por 200 km. y forma un enorme lago que se ubica al norte de Buenos Aires en su límite con Santa Fe en los partidos de General Arenales y Junín. Las lagunas “El Chañar”, “Mar Chiquita”, “Gómez” y “El Carpincho” son afloramientos en superficie de dicho lago subterráneo.



En 1902 el Dr. Santiago Roth, geólogo del Museo de La Plata, elaboró el proyecto del Canal del Norte para unir el Paraná de las Palmas con la laguna de “Mar Chiquita”.  Serviría asimismo para transportar cereales mediante barcazas tiradas por yuntas de caballos que se trasladaban sobre sus caminos costeros. A la vez se canalizaban los ríos Arrecifes y Salto y se excavaba otro canal entre Salto y Junín. La obra se terminó en 1907, pero nunca entró en servicio por falta de agua para hacer navegable su curso.

 

 

El Dr.Roth no había ignorado esta circunstancia, ya que conocía la existencia de un lago subterráneo de enorme caudal cerca de la laguna “El Chañar”.

Según él, hubiera bastado hacer un canal de toma cerca del arroyo Salado, para alimentar con el volumen que se quisiera y por simple gravitación el Canal del Norte entre Junín y Salto. Se asegura que ese lago es el que forma el río Quinto cuando se pierde en “La Amarga”. Hasta aquí la historia. No sabemos qué grado de confirmación tiene como elemento para ser tenido en cuenta, pero vale la mención.



El Quinto “moderno”



Hace unos años el río Quinto fue desviado por consorcios privados y organismos públicos  hacia La Pampa para evitar inundaciones al sur de Córdoba. En La Pampa se construyeron terraplenes y, por gravitación, el río se orientó hacia General Villegas, Rivadavia y Trenque Lauquen, con los resultados que tenemos a la vista: bloqueo de caminos vecinales, anegamientos de más de 300.000 Has., localidades convertidas en virtuales islas inaccesibles. Esto en su momento dio origen a serios conflictos, con enfrentamientos entre las policías de ambas provincias e intervención de la Suprema Corte de Justicia.



Una de las soluciones que se han propuesto es que la autoridad restituya el río a su cauce original, destruyendo las obras que se hicieron para desviar su curso y buscando una solución definitiva a través de un canal que lo conecte con el Paraná, en Santa Fe, con posibilidad de aprovecharlo para regadío.

Parecería entonces que, debido a la falta de concertación regional, no se llegó a contemplar la posibilidad de un proyecto que podría haber sido beneficioso para todas las partes involucradas.

Otro ejemplo de cómo funciona la parsimonia de los gobiernos es lo que sucede con el Código de Aguas, votado hace dos años por la Legislatura de Buenos Aires y que aun no se reglamentó. Hay una nueva Autoridad de Agua que no ha empezado a trabajar los problemas hídricos  con  visión integradora y que, por lo visto, no ha tenido la prolijidad de corregir el descontrol de emprendimientos que, ante cualquier emergencia hídrica, toman a su cargo tanto intendentes como particulares, afectando al conjunto de la provincia –nos comentó un técnico de la Sociedad Rural Argentina.



Curiosamente ahora, en medio de la catástrofe, están apareciendo los pescadores de aguas revueltas que ofrecen comprar a precios “módicos” los campos de propietarios que ya no saben qué hacer de su vida ni cómo enfrentar el futuro de sus hijos.

Si el dicho es que “no debemos llorar sobre la leche derramada”, esta vez nos permitimos, simbólicamente al menos, llorar y mucho por la leche que se está tirando por esas aguas que corren caudalosas en nuestras otrora ubérrimas llanuras pampeanas.

Mientras tanto, en los centros de poder, se mira el problema con una superficialidad e indiferencia que denotan la irresponsabilidad de no saber medir las verdaderas consecuencias económicas y sociales de lo que está ocurriendo. 



Conclusiones


Es evidente que, tal como lo había previsto el sabio platense Florentino Ameghino, los canales construidos en territorio bonaerense no han solucionado el problema de las inundaciones, debido a un manejo inadecuado de la red y de los terraplenes, falta de mantenimiento, falencias de construcción y diseño, obras clandestinas de particulares y de intendentes que realizan canalizaciones sin el control imprescindible, obras que no se hacen y otras que no se terminan.



Cuando los ingleses diseñaron la red ferroviaria, calcularon correctamente los límites históricos de las inundaciones. La altura de los puentes y los terraplenes demuestran la eficiencia con que se habían proyectado esas construcciones. Lamentablemente, hoy La Picasa ha sobrepasado los cálculos primitivos y parte de las vías están bajo el agua, en el sur de Santa Fe.



Hay que tener en cuenta también que la intervención de nuevas técnicas de cultivo, como la siembra directa, el riego por aspersión, la deforestación y las obras viales, pueden provocar cambios sustantivos, ya sean favorables o negativos si no se prevén, estudian, monitorean o mitigan  sus  posibles efectos.

 Sería de interés rescatar lo que alguna vez se propuso en un proyecto de ley que no tuvo andamiento: un plan de forestación que no sólo regularía el impacto de los chaparrones sobre el suelo sino que contribuiría a la sustracción del anhidrido carbónico de la atmósfera.

 

 

Los árboles interceptan seguramente el 25% de la precipitación caída, siendo menos del 5% lo que cae de las hojas. No se puede ignorar que la industria forestal tendrá cada vez más importancia como generadora de divisas, industrias y trabajo. Desde el punto de vista ecológico – aseguran expertos -debería ocupar el 25% del espacio productivo.



Se sigue insistiendo en que la primera etapa del Plan Integral de la Cuenca del Salado se iniciará en la cuenca superior desde La Picasa hasta Bragado, a pesar de que no se han resuelto los problemas de las cuencas media e inferior. El argumento es que se da prioridad a recuperar las tierras de más alto valor, una conclusión economicista que no va a resolver la situación de la mayoría de los distritos.



Aunque aparentemente esto ha tenido principio de revisión, a  fin del año pasado, la Secretaría de Obras Públicas de la Nación declaró que no había asignaciones presupuestarias para continuar observaciones hidrológicas en los cursos de agua del país, lo que dio origen a la interrupción de los registros que, en ciertas localizaciones, lleva casi cien años de medición.



Testimonios


* El Ing. Hugo Ferrari Bono, académico de número de la Academia Nacional de Ingeniería , dijo en Diciembre de 2000: “A la desafortunada situación que se presenta físicamente en un territorio de millones de hectáreas fértiles, hoy anegadas e inundadas, se adiciona, según la opinión pública, la aparente desidia y lentitud en reaccionar por parte de las autoridades nacionales, provinciales y municipales las que, sin consenso conjunto, han llegado a situarse frente a la realidad de la emergencia, sin adecuadas previsiones ni realizando acciones en marcha.



“En el peaje de Junín me cobraron $ 2.20 de ida e igual a la vuelta. No había andado 50 m., cuando un viajero me dijo que ni se me ocurriera seguir porque iba a flotar: se acababan de derrumbar las precarias defensas de la Laguna de Gómez  en la ruta 7 que yo acababa de  pasar gracias al trabajo de bombas de achique. Mi indignación fue cuando me hicieron un problema para devolverme los $2.20 que recién había pagado. Al final lo logré. Uno piensa si no cobraban peaje para navegar” – comentaba indignado Santiago Bustillo, productor de Vedia.



*   “Como docente siento una gran inquietud, porque los profesores no pueden llegar a sus lugares de trabajo y los chicos, que tampoco pueden llegar, pierden la oportunidad de sus horas de clase. Es muy difícil acompañar a tu marido y vivir la desesperación de un hombre que se jugó el resto apostando a la producción agropecuaria, privándonos la familia de todo, para hoy no poder ver el fruto de tanto esfuerzo…ni siquiera la posibilidad de llegarse al campo” – Estela, docente, esposa de un productor agropecuario de Alberdi.



*   “En la zona de la desembocadura del Salado la situación es un desastre. El canal 15 no funciona bien porque lo profundizaron demasiado; los terraplenes se fueron comiendo y los sedimentos fueron a parar a la desembocadura; el canal aliviador Rincón de López, que sale de Guerrero, costó un montón y no saca agua. La solución inmediata pasa por construir en ambos dos compuertas que actúen por transvasamiento”- se esforzaba por hacernos entender lo inentendible Ignacio Sáenz Valiente, administrador de campos – “Hay otras zonas donde el agua escurre mejor, pero se siembra y la lluvia barre las semillas; se resiembra, como ocurrió en Rojas, y vuelve a pasar lo mismo”. 


> Carlos Donegani, productor de Carlos Casares explotaba 600 Has., así, en pasado:  “Hoy tengo todo el campo bajo agua y es mi único modo de vida. Esto antes no sucedía, mi campo no es un cañadón. Lo que pasa es que últimamente en campos vecinos y en otros partidos se han hecho canales sin ningún control municipal. Las autoridades no nos recibieron cuando fuimos a plantearles nuestras quejas. Cuando vino el Presidente no sabía dónde estaba. Trajo  2Tn. de alimentos y ofreció zapatillas y colchones, fue a misa y se volvió sin contestar preguntas.”



Anexos



Soluciones clásicas para control de aguas


El Ing. José Speziale, experto en temas hidráulicos señala cuáles son las cuatro soluciones clásicas para el control de las aguas que escurren:


1) Obras de retención (acumulación) embalsando las aguas excedentes, para luego  liberarlas sin superar la capacidad de los canales aguas abajo. El área de embalse se expropia, pero la obra tiene otros fines además del control de crecidas (riego).


2) Obra de retardo que combina la reserva del área de embalse, pero en forma temporaria, por lo que no es necesaria la expropiación sino una servidumbre creada mediante alguna ventaja para el propietario, como exención o reducción de impuestos.


 

 

3) Obra de canalización, con la necesaria consideración de la posible necesidad de medios para la operación y mantenimiento mediante compuertas y, para su autoprotección, vertederos y sifones.


4) Polderización, que viene a ser la inversa de una obra de embalse, ya que no consiste en un recinto para acumular o retener el agua, sino para mantenerla en el exterior, con un complemento que consiste en la instalación de controles de drenaje interno mediante conducción adecuada y bombeo.


Según el Ing. Speziale, estas obras tipo pueden integrarse o combinarse de distintas maneras, constituyendo sistemas de sustitución o complementación de la red hídrica natural para el control efectivo del agua en las situaciones extremas.



Epecuén y Guaminí


Cuando se construyó el canal Florentino Ameghino que vincula la vertiente SO de las Sierras del Tandil con la Laguna Alsina, comunicando dos cuencas diferentes, las concepciones operativas no controladas se invirtieron con respecto a las de su concepción original, lo que contribuyó a causar grandes inundaciones que terminaron haciendo desaparecer prácticamente a Epecuén.


A fines de los ’70, se inició un estudio de todas las regiones bonaerenses. Se llegó a concretar una obra en la cuenca de las Encadenadas y el nacimiento del Vallimanca. La continuidad de los poyectos bien intencionados quedaron interrumpidos por problemas surgidos de cambios políticos. Se desistió así de poner en marcha obras sencillas y de bajo costo para proteger a Epecuén y Guaminí.


Este es otro de los ejemplos de la falta de seriedad y desidia de las autoridades y técnicos de la Dirección de Hidráulica de la Provincia de Buenos Aires.



Florentino Ameghino


Florentino Ameghino presentó en 1884 un estudio que denominó  “Las secas y las inundaciones en la Provincia de Buenos Aires”. Este profético sabio advertía sobre la necesidad de controlar los fenómenos naturales y proponía obras para solucionar el problema de las sequías y las inundaciones recurrentes en su territorio. Se oponía al proyecto de la red de canales de desagüe que estudiaba en esa época el gobierno provincial y proponía la sistematización de los ríos Salado y Samborombón, eliminando las barreras de arena que se forman en su desembocadura. Proponía además formar grandes reservorios de agua, aprovechando lagunas y depresiones naturales y las formadas artificialmente. Esto posibilitaría regular el agua, manejarla en tiempo de lluvia, evitando  grandes inundaciones, y utilizar los reservorios en tiempos de sequía para regar extensas zonas. Sus consejos no fueron escuchados. Se hicieron los canales a comienzos del siglo XX. Sus aguas van directamente al mar, llevándose materia orgánica y lo que arrastren, desbordando en épocas de grandes lluvias e impidiendo su utilización en tiempos de seca.



Un proyecto


Tuvimos ocasión de leer un  proyecto  presentado en la Legislatura bonaerense el 25-10-2001 por el ciudadano Ing. Rodolfo Herrera. Consiste – en apretada síntesis – en declarar sujeto a concesión el espacio de agua que se extiende desde Punta Piedras hasta Punta Rasa, para que se construya sobre la Bahía Samborombón una escollera de piedra emergente cuyo coronamiento debe elevarse un metro y medio más arriba de la máxima altura alcanzada por el Río de la Plata. Plataformas laterales para sustentar unidades de achiques de bombeo, mantendrían el nivel de agua, dentro de la bahía, debajo del nivel medio del Río de la Plata.


Se debe prever una entrada al lago por Punta Piedras para embarcaciones deportivas y otra próxima a Punta Rasa para embarcaciones y artefactos navales de mayor calado como son los barcos fresqueros.

La concesionaria debe mantener el flujo hídrico permanente en toda la cuenca. La obra deberá ser terminada a los cinco años de librado el acuerdo y se financiará con un sistema de alícuota sobre la contribución inmobiliaria rural cuyo monto se destinará al repago de la deuda que la Provincia haya contraído con la concesionaria.



Por su costo es una iniciativa de díficil realización en estos momentos, pero quizás sirva como muestra de que hay personas con imaginación y creatividad, algo que está faltando en nuestra dirigencia. Además la proximidad de una cementera en la zona, le daría la facilidad de tener materiales a menor costo.



Inundaciones y sequías

Existen referencias históricas de una gran inundación en 1770. Hubo una terrible en el invierno de 1887, tan grande que un barco de vapor partió de Buenos Aires y remontando el Río Salado llegó a Chascomús. Se pretendió entonces crear una ruta fluvial permanente, pero, al poco tiempo el río volvió a su módulo normal y se desechó la idea.

En 1900 se inundaron 6.000.000 de Has. La inundación de 1980 fue la más grave del siglo XX.
En 1932, el Ing. Carlos Posadas, Director de la Comisión de Desagües de Buenos Aires, decía en un estudio sobre inundaciones: “La Provincia de Buenos Aires tiene su problema fundamental por resolver, problema que hace más de medio siglo se discute y que pronto será centenario si no se decide a emprender sin demoras ni vacilaciones las obras necesarias”.



El dato más antiguo de sequía en la región pampeana es de 1574/76. En 1832 se produjo “la gran sequía”, durante la cual se secaron totalmente los ríos Salado y Samborombón.

En 1910 disminuyó tanto la Laguna de Chascomús, que podía cruzarse de un extremo a otro a pie. En 1979  las pérdidas en Buenos Aires fueron cuantiosas por la seca producida ¡entre las inundaciones de 1978 y 1980! Cuidado entonces cuando no se piensa más que en sacar las aguas sin prever los ciclos de sequías.

Publicado el: 12 noviembre, 2012    Fuente: Urgente 24


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