13 de marzo de 2010 08:51 AM
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Soja: las apariencias engañan

La esperada gran cosecha no significará la recuperación de la prosperidad del campo, atrapado por altísimos impuestos

Según las estimaciones existentes, la siembra de soja finalizada a principios de enero sumaría 18 millones de hectáreas, lo que abre el camino a una cosecha que alcanzaría los 52,5 millones de toneladas, la más alta registrada desde la incorporación de este cultivo a la agricultura nacional, a partir de la década del 70 del siglo pasado. ¿De qué se quejan los productores, entonces? Varios son los hechos que fundamentan esta actitud que el gobierno nacional insiste en desestimar y descalificar. Por un lado, debe destacarse que la reducida proporción del consumo nacional de este grano en relación con los demás ha mantenido sus exportaciones libres de prohibiciones y restricciones, que, por el contrario, han restado rentabilidad y traído incertidumbre y desaliento a los productores de trigo y maíz, los dos cultivos que le siguen en importancia. Sumados a esta condición sus menores costos de producción respecto de aquellos, y beneficiada por oportunas y abundantes lluvias, la soja se transformó en la mejor opción de los productores para aprovechar sus tierras, sus equipos y sus recursos humanos. En este contexto, quedó en el camino la necesaria rotación de sus cultivos con el maíz y el trigo, combinación indispensable para que la llamada siembra directa cumpla con su objetivo de preservar la estructura y fertilidad de los suelos. Un estudio reciente, publicado por la Confederación Argentina de la Tercera Zona (Cartez), representativa de la producción de Córdoba, cuya autoría corresponde a Néstor Roulet, demuestra la altísima presión tributaria que pesa sobre la soja, cuyo principal renglón son las retenciones del 35 por ciento sobre el valor de exportación, proporción desconocida en el mundo entero, donde, además, son pocas las naciones que aplican impuestos a sus exportaciones. El estudio asigna a la cosecha de soja un valor de 18.000 millones de dólares de los cuales 8052 millones ingresan en el tesoro nacional en concepto de impuestos. Sumado a ello el costo de la siembra y del cultivo en general, del transporte y comercialización y otros ítems, quedan para los productores 1963 millones, es decir, el 10,5 por ciento. Esta magra proporción de ingresos corresponde a una cosecha récord del cultivo más importante. Cabe recordar entonces, para completar los resultados económicos del conjunto de los granos, los márgenes negativos correspondientes al trigo y el girasol, y los todavía inciertos del maíz, de siembra escasa, pero beneficiado por las lluvias recientes. Los datos resultantes del trabajo fundamentan las apreciaciones que estiman que serán necesarios entre dos y tres años para compensar los adversos resultados rurales del pasado. Los datos aportados, siempre inciertos por las contingencias y riesgos de los mercados y del tiempo, indican la necesidad de un cambio de las decisiones oficiales en la materia. La enorme proporción de los ingresos representada por las retenciones está indicando la necesidad de iniciar una etapa de su reducción. Sólo así se lograrán las cosechas que el país necesita, hecho este que queda claramente expresado en todo comentario, tanto oficial como privado, acerca de la trascendencia que se asigna a la cosecha de soja como paliativo de los muchos males económicos que soporta la nación.

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