2 de febrero de 2013 22:04 PM
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Toros a domicilio y a medida del cliente

Rent a Bull alquila 800 reproductores a 70 criadores;el sistema asegura mayor eficiencia,aunque genera polémicafrente al manejo tradicional.

Una graciosa historieta en su página de Internet invita a romper el paradigma: que el productor ganadero, en vez de comprar los toros para dar servicio, directamente los alquile.

“Pasemos una temporada juntos, después te vas a tu casa y basta de complicaciones!”, son las frases que, en un diálogo simulado de unas vacas con un toro, se leen en la web de Rent a Bull, una empresa que desde 1995 se dedica a alquilar reproductores machos. Lo hacen con las razas británicas Angus, Hereford y Shorthorn.

Los números son sorprendentes: la firma empezó alquilando 30 toros por año y hoy ya está en los 800. Tiene unos 70 clientes, muchos de ellos que acompañan desde el inicio mismo este “sistema”, imitado de un modelo de los Estados Unidos.

Precisamente, de “sistema” hablan Héctor Mario Eyherabide y Alejandro Rodríguez, integrantes de Rent a Bull. Es que ellos son quienes adquieren los reproductores a cabañas y otros proveedores [salvo en Shorthorn, que abastece a la empresa el mismo Eyherabide con su cabaña “Santa Cecilia”, y en toros Angus para vaquillonas de 15 meses, que produce la sociedad] según las necesidades de sus clientes.

Para esos toros hay precios de alquiler de acuerdo con la calidad y categoría. A modo de ejemplo, el costo por temporada de un toro “standard” (definido como novillero de buena calidad para ser usado en vacas generales) ronda los 480 kilos de novillo. El precio incluye un seguro de muerte e inutilización del reproductor, otorgado por la misma empresa.

Además, armaron una logística para abastecer desde tres campos, ubicados en San Vicente, Coronel Pringles y Huinca Renancó (Córdoba) a los clientes.

“Guarderías”

Esos establecimientos funcionan como “guarderías” cuando los reproductores vuelven a trabajar de los servicios a campo. Se van acopiando en un proceso que termina a fines de febrero. Luego, una vez allí, se llevan adelante controles sanitarios (desparasitado, raspajes y algún tratamiento de ojo de ser necesario), los animales se separan y preparan por edades (los más adultos van a lugares más rústicos y los jóvenes a praderas mejores) y se hacen los descartes.

Entre el descarte que se da por edad y por algún problema allí están en un descarte del 30% por año. Normalmente los toros no se usan más de 4 campañas y el promedio trabajando a campo da 3,3 campañas. Nunca los toros van de campo a campo, es decir, de un servicio a otro. En general se mantienen los mismos toros a los mismos clientes, a los que se les suman los nuevos tras los descartes.

Ahora el productor tiene la posibilidad de alquilar toros para los servicios en sus establecimientos. “El productor que se decide por este sistema tiene que romper con el paradigma de ir a comprar los remates”, dijo Rodríguez.

Según este empresario, la gente que hace el cambio es quien el toro más le molesta. Y eso pasa, en su opinión, más en los campos mixtos. “Son los casos en que molestan por la ocupación de superficie, porque no se pueden poner categorías de hembras jóvenes cerca de los toros o quizás tienen que mantener un potrero agrícola de 20 hectáreas para tener unos 6 toros todo el año”, expresó.

Si bien un toro consume 1,6 equivalente vaca, casi siempre usa más superficie y subpastorea. “Tomando un destete de 85% y un mínimo de 1,6 EV nos da que dejamos de producir 1,36 ternero en el espacio que ocupan los toros, es decir, unos 250 kilos de ternero que equivalen a unos 280-300 kilos de novillo”, señalan.

En este contexto, en la firma dicen que hay un “lucro cesante” para quienes tienen un toro todo el año para usarlo sólo tres meses o menos. “Muchas veces el productor ve que por cada toro produce dos terneros menos. Es decir, por cada toro podría tener dos vacas y producir dos terneros más. Hay un lucro cesante de tener el toro todo el año y esto va más allá del costo sanitario, los riesgos para el personal (por accidentes), los alambres (roturas), etcétera”, indicó Rodríguez. Los toros que tienen en la empresa llegan con la información que proveen las cabañas. No reciben ración y permanecen con la condición a campo para que no sufran cambios cuando deban ir a trabajar.

Clientes del sistema

Según Eyherabide, el 90% de los clientes son estables y no llega al 5% el número de quienes vienen a ver los toros previamente. “Confían en el ojo de Rodríguez, que es quien determina lo que el cliente le dice que necesita”, señaló Eyherabide. Rodríguez es un zootecnista y conoce a Eyherabide desde antes del inicio de esta experiencia.

Por lo pronto, en esta firma dicen que sus clientes son más clientes del sistema que de la genética.

“Los clientes les prestan más atención a que el toro sea bueno y les de el servicio que pretende. Son clientes del sistema más que de la genética, porque a la genética la compramos hecha al gusto del cliente; sabemos el toro que le gusta”, dice Rodríguez.

En rigor, aquí dicen que “se identifica el gusto” y se arma “la genética adaptada” para sus clientes..

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