4 de febrero de 2013 14:40 PM
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Cuando vivir en el campo era sano

La moderna agricultura intensiva, fundada en el uso masivo de agrotóxicos y en plantas alteradas genéticamente, ha tenido el efecto secundario de convertir al campo en un lugar peligroso e insano, donde los riesgos de envenenamiento por plaguicidas ha crecido hasta convertirse en una preocupación que por ahora los gobiernos tratan de ignorar, y en fuente de potenciales enfermedades degenerativas o congénitas.

Los riesgos de envenenamiento por plaguicidas han crecido hasta convertirse en una preocupación.

El médico de Cerrito, Darío Gianfelici, advirtió en su momento que estamos dándonos contra una realidad que no queremos ver con el tema de agroquímicos, tras denunciar reiteradamente problemas sobre todo con recién nacidos que debe atender en su ciudad, rodeada de campos de soja fumigados con glifosato.

“El glifosato se usa con otros herbicidas, por lo que hay una multiplicidad de factores que hacen a los efectos de los agroquímicos”, aclaró Gianfelici, que fue convencional constituyente para la última reforma de la carta magna entrerriana.

Dijo en base a su experiencia de consultorio que en la Argentina el problema de los agrotóxicos no se quiere ver, pero ya nos estamos dando contra la pared por esta persistente ceguera.

Informó que recientemente la Comisión europea de medio ambiente dictaminó que esa sustancia puede tener consecuencias nefastas y condenó a la empresa multinacional de origen norteamericano “Monsanto” por publicidad engañosa en su promoción.

“Uno de los efectos de los agroquímicos es la inmunodepresión” dijo el médico que incluso antes de las reiteradas denuncias de fumigaciones de escuelas con los niños adentro, se preguntó si alguien que vive cerca de una zona de cultivo debe irse de la casa cada vez que se fumigue.

Hay estudios sobre la toxicidad y la teratogenia del glifosato pero las empresas que defienden ante todo sus intereses dificultan obternerlos porque podrían ver perjudicado un negocio fabuloso que no quieren perder a ningún precio.

Lamentó que quienes desde el Estado deben tomar cartas en el asunto se han limitado a negar el problema y decir que no hay datos, cuando obtenerlos es una de sus obligaciones.

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