16 de marzo de 2010 08:28 AM
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Eligen una decisión extrema en lugar de acuerdos inteligentes

La baja de precios tardará en llegar a los consumidores. Y el daño es grande para la cadena productiva

Si la carne es para los argentinos como el arroz para los chinos, son pocos los especialistas que ponen en duda que el Estado debe velar para que los consumidores no paguen el lomo como si fuera caviar. Precisamente, el lomo, se vende en las carnicerías en torno a US$ 10 el kilo, la mitad de lo que cuesta en EE.UU, lo mismo que en Brasil y 20% menos que en Uruguay.

Claro que hay maneras más inteligentes de cuidar el bolsillo de la gente. Por ejemplo, con acuerdos especiales con frigoríficos para que destinen una parte al consumo a precios razonables. Algo de eso se puso en marcha con las baratas del fin de semana instrumentado entre exportadores y cadenas como Coto y Carrefour. Se puede alentar, además, la producción de hacienda con políticas sostenidas en el tiempo. "Al Gobierno le falta una hoja de ruta", dijo a Clarín un experto que solicitó el anonimato.

Por cierto, una medida de todo o nada, como cerrar exportaciones, equivale a otro default en los mercados internacionales: el país deja de ser proveedor confiable.

Hace apenas diez días, Cristina Kirchner anunciaba en la Casa Rosada que "después de muchos años de pedidos, el Gobierno consiguió que la Unión Europea nos conceda 1.000 toneladas más de la cuota Hilton. De esta forma, hasta 2014 habrá 30.000 toneladas más de carne para exportar". Sin embargo, el último sábado el secretario de Comercio, haciendo gala de su naturaleza combativa, ordenó retirar cargamentos de algunos barcos.

En diciembre, la Presidenta viajó especialmente a Santiago del Estero para inaugurar una planta de faena para novillos pesados de exportación del grupo Bustos Beltrán. Pero con esta medida ese grupo industrial del interior y otros como Mattievich comenzarán a suspender empleados. Hoy a las 12 ya está agendada una reunión en el ministerio de Trabajo con el sindicato.

Las exportaciones representan el 30% de la carne que se industrializa en unas 70 plantas frigoríficas. De esas fábricas, el 60% no tiene distribución en el mercado doméstico.

Entre ellas, tallan grupos extranjeros como los brasileños JBS y Marfrig o el estadounidense Cargill que, en vez de exportar carne argentina, buscarán en otros países para cumplir con sus contratos. La decisión también deja fuera de carrera a ganaderos que se agruparon en consorcios para exportar carne con marca, como la Angus o Hereford.

Y, para colmo, el beneficio tardará en llegar a los consumidores. Esta vez, nadie se ilusiona con un rápido descenso de los precios, porque se parte de un piso elevado con una cotización de la hacienda en pie que saltó de 3,50 pesos el kilo a 6,50 y que aumentó 40% en promedio en el mostrador desde diciembre.

El cierre de las exportaciones ya se experimentó en marzo de 2006 y lo que sucedió no sólo quedó grabado en la retina de la cadena de producción. Parte de la escasez de hacienda, que hoy motoriza las cotizaciones, deriva de aquella decisión.

Es curioso. Guillermo Moreno confiaba que este mes iban a serenarse los precios. Y en parte comenzó a suceder. ¿Por qué extremó las cosas con este cierre? ¿Cuál será la verdadera intención del Gobierno?

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