15 de febrero de 2013 10:48 AM
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La falta de perspectiva acrecienta la faena de hembras

Los datos de faena de diciembre pasado muestran que la fase de retención sigue perdiendo fuerza. La participación de las vaquillonas creció 40% respecto de 2011. Este giro en la composición de la faena bovina revelaría un cambio de humor y de expectativas en miles de criadores.

Los datos de faena de diciembre pasado ratificarían que la fase de retención del ciclo ganadero se está enfriando. Pese a la recuperación de estos últimos años del stock ganadero sigue cayendo la faena de novillos, que resultó en diciembre un nueve por ciento más baja que en igual mes del año anterior.

Llama la atención también la caída de faena de terneros machos (15 por ciento) pero también es llamativo el aumento de la faena de vacas (13 por ciento) y sobre todo de vaquillonas (40 por ciento), un valor altísimo y que marcaría que cada vez más hembras jóvenes en condiciones de reproducción son destinadas a faena. Esto revelaría también un cambio de humor y de perspectiva de miles de criadores.

 

Datos finales 2012. El año pasado ha cerrado con una faena de 11,6 millones de cabezas con un aumento del seis por ciento con respecto al año anterior.

El aumento se explica por una mayor matanza de hembras (vacas, vaquillonas y terneras) y de terneros machos, la nueva estrella del feedlot.

El porcentaje de hembras en la faena, que llegó a ser del 36 por ciento en la primavera del 2011, hace meses que está aumentando. Mostró en diciembre último una participación del 42,6 por ciento, contra un 38,7 por ciento de un año atrás.

La fase de retención persiste, pero se desacelera mes a mes; todavía los nacimientos superan claramente a la faena (más la mortandad) y todo apunta que a marzo próximo la estimación anual de stock ganadero que hace el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) se ubique en el orden de los 51,5 millones de cabezas.

La futura cifra estaría por encima de los 49,8 millones de marzo de 2012 pero todavía bien abajo de los 57, 6 millones de marzo de 2008.

En 2012, por su parte, la producción de carne de pollo habría totalizado los 2,06 millones de toneladas, un nueve por ciento más que el año anterior.

Con menos vuelo. Del volumen total de producción de pollo, 1,72 millón se habría colocado en el mercado doméstico (que consume 42 kilos por personal), mientras que 340 mil toneladas se habrían exportado.

En los últimos meses del año pasado, la producción de pollo ha mostrado una tendencia ligeramente declinante; pero esta merma no alcanza para revertir la situación de saturación que muestra el mercado interno.

Industriales y analistas coinciden en que para tonificar el mercado y dejar de perder plata sería necesario reducir la producción.

Pero habría varias empresas chicas y medianas que no acatan dicho acuerdo, por lo que la oferta no estaría cayendo lo suficiente.

Ademas, los industriales sostienen que han reducido los precios a la salida de frigorífico, y que esa baja no llega al público consumidor, porque ese mayor margen se lo apropian los mayoristas. O sea, todo un clásico argentino.

Observadores del mercado aviar sostienen que la demanda interna se presenta en los últimos meses más débil que en los meses precedentes y que la producción actual excede claramente las necesidades de la demanda.

En 2007, la producción de carne de pollo era sólo 38,6 por ciento de la de carne vacuna, mientras que en el año 2012 la producción de pollo ya fue equivalente al 80,1 por ciento de la producción vacuna.

Históricamente, cuando en la Argentina se hablaba de carne se hacía referencia a la carne vacuna. Hoy los cortes vacunos son sólo 53 por ciento de la oferta total de carnes, que con 112-115 kilos per cápita, cubre perfectamente las necesidades de los consumidores argentinos.

El año pasado se produjeron 2,55 millones de toneladas de carne vacuna, de las cuales se consumieron 2, 37 millones y se exportaron 185 mil toneladas res con hueso.

De la carne porcina se puede decir que se consumieron en el país unas 450 mil toneladas, de las cuales se importaron unas 25 mil toneladas con un consumo por habitante estimado en unos 11 kilos entre fresco y chacinado.

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