25 de febrero de 2013 10:00 AM
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Un fallo, millones en juego y la “maldición” del riesgo país

CompartiremailFacebookTwitterNo será una semana más para la economía argentina. La audiencia de pasado mañana dejará pistas de lo que puede ser el desenlace de la prolongada batalla judicial entre la Argentina y los fondos buitre. Una disputa en la que enrollar de “buenos” o “malos” a unos y otros es una falacia recurrente. Los mercados […]

No será una semana más para la economía argentina. La audiencia de pasado mañana dejará pistas de lo que puede ser el desenlace de la prolongada batalla judicial entre la Argentina y los fondos buitre. Una disputa en la que enrollar de “buenos” o “malos” a unos y otros es una falacia recurrente.
Los mercados no conocen de sentimientos. Las leyes tampoco. ¿Qué pensaría la presidenta Cristina Fernández de Kirchner si el default lo hubiera hecho EE.UU. con los jubilados y trabajadores argentinos que con sus ahorros compraron bonos del Tesoro estadounidense? ¿Qué postura hubiese tomado?
Del otro lado: ¿Qué posición habrían adoptado los representantes de los fondos buitres si una de sus empresas entra en default porque sencillamente no puede pagar y los acreedores inician una asfixiante campaña para cobrar las deudas a como de lugar?
En este ajedrez político y económico el Gobierno debe preservar a los argentinos. En definitiva, se trata de preservar la marcha de la economía. El norte debería estar puesto en optimizar el resultado de largo plazo, en vez del corto plazo.
Las declamaciones efectivistas pueden lograr ganar la opinión pública. Pero mirar los próximos 20 años de la Argentina implica resguardar las instituciones, fortalecer políticas de estado y la reputación de la República Argentina. Los atajos no sirven.
Es cierto que la Argentina, pese al marcado deterioro del último año, mantiene una de las economías más “sanas” dentro del Grupo de los 20 (G-20). Indicadores como la relación deuda/PBI, o el resultado fiscal y comercial así lo demuestran ¿Por qué entonces los mercados nos “castigan” con un riesgo país que no se condicen con estos indicadores? La respuesta es sencilla. Basta con mirar la situación del Indec, el discrecional control cambiario, o la década de deuda impaga e irresuelta con el Club de París, por citar algunos ejemplos.
Ello no implica recomendar una suerte de revival del neoliberalismo que se instaló en los noventa en el país (curiosamente con un gobierno del mismo signo político que el actual y con muchos de los protagonistas del presente). Sino comprender que defender los intereses de una nación implica, ante todo, negociar con inteligencia. Y para negociar se requiere primero escuchar al otro.
Países de la región como Brasil captaron hace años la importancia de esta estrategia. Nadie se animaría a decir que Brasil ha cedido su soberanía. Nadie en su sano juicio diría que vive de espaldas al mercado. Tal vez por eso se perfila como uno de los líderes globales del nuevo siglo.

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