27 de febrero de 2013 13:29 PM
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Bolivia : Competencia desleal al trigo nacional

La producción nacional de trigo es objeto de grandes campañas en su contra por parte de mecanismos oficiales y, naturalmente, en vez de que aumente la agricultura de ese grano, sigue decayendo, con grave detrimento para la economía nacional y lo que ha venido en llamarse “seguridad alimentaria”.

El más grave problema que enfrenta la producción de trigo en el país es la competencia desleal que practica el Gobierno con los agricultores de ese grano. Ese sabotaje viene de tiempo atrás, cuando se empezó a importar trigo de Chile y posteriormente de Europa y Estados Unidos. Esas importaciones tuvieron el agravante de que ese grano se vendía con precio más barato que el de origen interno y tal disposición fue matando la producción de trigo nacional.

Esa política oficial de no fomentar la producción de trigo ha llegado a su culminación en años recientes, cuando el Gobierno decidió hacer grandes importaciones de trigo y harina y vender el producto con precios muy inferiores a los de la producción nacional. Actualmente EMAPA importa trigo a Bs. 240 el quintal y lo vende en Bs. 135, precio subvencionado que significa una feroz competencia al trigo nacional, cuyo costo de producción (Bs. 250 por quintal) no compite con el importado.

La competencia desleal de la harina y trigo extranjeros está causando la ruina de los pequeños agricultores, por un lado, y la muerte de la agricultura intensiva de ese grano. Los campesinos apenas producen trigo para sus necesidades y los agricultores grandes de Santa Cruz han sufrido tan graves efectos que han decidido no producirlo, a pesar de sus intenciones.

En esa forma, el país -que antes comía su propio pan- ahora come pan argentino sólo de trigo, si no es de harina que, por lo demás, es de mala calidad. Por consiguiente, el pueblo boliviano (cuya dieta se basa principalmente en el pan) está cada día peor alimentado, con graves consecuencias en el futuro.

Por otra parte, en vez de que las autoridades apliquen políticas destinadas a mejorar la producción agrícola, en particular de trigo, parece que se empeñara en combatir ese interés. En efecto, las políticas agrarias en vigencia lo que hacen es conducir a la ruina a la agricultura de alimentos tradicionales y más bien fomentar el cultivo de algunos otros productos, como por ejemplo de la coca, cuyo cultivo gira en alrededor de las 30 mil hectáreas, pese a la publicitadas campañas de erradicación de esa hoja.

Esa política determinará, por supuesto, la caída de la producción de trigo, papa, fruta, hualusa, maíz y otros, por lo que el Gobierno tendrá que importarlos para calmar el hambre del pueblo, como ocurre con el caso del trigo.

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