20 de marzo de 2010 13:29 PM
Imprimir

¿Por qué falta nafta, por qué falta carne?   (Juan Carlos de Pablo )

¿Por qué el miércoles pasado, a las 3 de la tarde, no había nafta súper en la estación de servicio donde cargo habitualmente? ¿Por qué el sábado anterior, a las 11 de la mañana, no había bifes de costilla en la carnicería donde mi esposa compra habitualmente?

Estas son preguntas referidas a hechos específicos. Los hechos específicos pueden deberse a causas específicas (porque al camionero que repone la nafta súper en la referida estación de servicio le dolían tanto las muelas y dejó tirado el camión para ir primero a su dentista; porque el carnicero donde compra mi esposa se peleó con su proveedor discutiendo si fue penal o no la jugada que decidió el resultado de un partido de fútbol crucial) o a causas generales.En el mejor estilo del “Dr. House”, para saber si lo que observo es específico o general tengo que recorrer estaciones de servicio y carnicerías. Si faltan nafta super y bifes de costilla en “todas”, respectivamente, la explicación es general, de lo contrario es específica. Antes de zambullirnos en la explicación general, despejemos el campo operatorio. ¿Puede una escasez general ser producida por la mera expectativa de que ocurra? Específicamente, ¿puede ser que frente a la amenaza de falta de combustible los argentinos salgamos a cargar los tanques de nafta con tanto entusiasmo (algo así como una “corrida” naftera, en vez de cambiaria o bancaria), que generemos una escasez allí donde no había razones para que ocurriera? No lo puedo descartar… en el corto plazo, pero esto se corrige en cuanto se advierte que nafta hay (por otro lado, una vez que llené el tanque; ¿dónde más voy a conservar un elemento tan peligroso como la nafta?).En el caso de la carne vacuna, a pesar de la generalidad del freezer no hay evidencia de que la escasez del producto haya sido provocada por una “corrida vacuna”. A propósito: leo en muchas publicaciones que “como aumentó el precio de la carne vacuna se redujo el consumo”. Es una muy mala interpretación de lo que está ocurriendo. La verdadera lectura de los hechos (caída del consumo, aumento del precio relativo) es la siguiente: “Porque se redujo la oferta aumentó el precio”. Pues bien, más allá de lo anecdótico, ¿qué está pasando con la oferta de naftas y de carne vacuna? Que la política de precios llevada a cabo en los últimos años afectó la oferta, pero como se trata de productos exportables, en el corto plazo (varios años) vivimos el milagro de fijar precios que desestimularon aumentar la oferta, elevaron el consumo y consiguientemente redujeron la exportación, pero gracias a la notable mejora de los términos del intercambio, nada de esto “se notó” en las cuentas externas, las cuales a pesar de lo que sigue haciendo el Poder Ejecutivo siguen mostrando superávit de la cuenta mercaderías.De la misma manera que de una vaca salen tantos kilos de lomo, tantos de nalga, etc., de determinada cantidad de petróleo destilado sale tanto de nafta, tanto de gasoil, etc. Desde el punto de vista de la oferta las proporciones las creó Dios, o la Naturaleza. Desde el punto de vista de la demanda, las creamos los seres humanos en base a nuestros gustos, nuestros ingresos y los precios.Así como hay que coimear al boletero para que nos de una mejor ubicación, cuando todas las entradas cuestan lo mismo, habría que coimear al carnicero para que nos vendiera lomo y no nalga si algún funcionario fijara un mismo precio para todos los trozos de carne vacuna, explicó genialmente Fernando Siro en 1992 (¿vio que no se necesita haber estudiado economía para decir cosas sensatas?).El precio relativo de cada trozo de carne es el mecanismo con el cual la demanda de la población coincide con la biología (la centralización de la faena y distribución de carne genera parcialmente lo que la biología todavía no logró: producir vacas con mucho lomo y poca nalga, para vender en los barrios de potentados, y viceversa en barrios poblados por pobres).En una economía abierta no hay que malvender los trozos que la población local no quiere, como saben los productores de pollos que venden las garras en Asia “a precios de oro”. Con los combustibles ocurre lo mismo. La estructura impositiva separa de manera notable la estructura de la oferta de la de la demanda (es tan alto el impuesto a las naftas, que en rigor en la Argentina las estaciones de servicio venden impuestos. Mientras compramos impuestos el empleado a cargo echa un líquido en el tanque de nuestro auto, para que podamos ir hasta la próxima estación de servicio, a seguir comprando… impuestos).Durante la década de 1990, la Argentina no sólo recuperó el abastecimiento petrolero sino que se convirtió en un exportador neto de energía y combustibles. Pero porque la estructura de precios internos no respondía a las proporciones que surgen de la oferta, exportábamos naftas e importábamos gasoil.Pues bien, desde el abandono de la Convertibilidad para acá los precios internos de la energía y los combustibles no sólo no siguieron a la devaluación sino que tampoco reflejaron el notable aumento que se produjo en los precios internacionales. Tal como era de esperar, se afectó la exploración y explotación de petróleo, cuya extracción cayó aproximadamente una cuarta parte a partir de 1998.Como consecuencia de lo cual, lo que durante la década de 1990 era un intercambio de “variedades”, con un neto positivo, ahora se transformó en importación lisa y llana (ni qué hablar del caso del gas, que se importa carísimo y se transforma en energía barata, generando un costosísimo ejemplo de valor agregado negativo).La falta de naftas y de carne vacuna no son hechos anecdóticos, sino el resultado de políticas que se vienen implementando desde hace varios años. Estamos notando los efectos, más allá de la retórica oficialista y el entendible juego del Gran Bonete entre los oferentes.Juan Carlos de Pablo     Economista. Columnistas de Revista Fortuna

Fuente:

Publicidad

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *