27 de marzo de 2010 07:54 AM
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Mañana digo basta…  (Susana Merlo)

Después de casi 5 años de sumar medidas en contra, de promesas incumplidas, de disputas con el Gobierno y de depender, cada vez más casi exclusivamente del clima (que ahora tampoco se viene portando demasiado bien), los productores agropecuarios enfrentan hoy uno de los más fenomenales desgastes, en todos los frentes incluído el anímico, que se tenga memoria en las últimas décadas.

Descapitalización, endeudamiento progresivo, envejecimiento del parque de maquinarias, liquidación del stock vacuno…, son sólo algunas de las manifestaciones más visibles, apenas enmascaradas por los impresionantes avances tecnológicos que mejoran geométricamente la producción, y los precios internacionales que vienen compensando  las caídas de volumen.
Muy lejos, por cierto, de las posibilidades que tiene el país y, más aún, de las que de buena gana lograrían los productores sólo con cierta estabilidad en las reglas y una menor intromisión oficial en los negocios privados.
Dicho de otra forma, no es lo que se logra sino lo que se podría alcanzar con normas mínimas, y ahí aparecen por lo menos 35-40 millones de toneladas de cosecha adicionales (unos U$S 10.000 millones anuales); 10-15 millones de vientres vacunos más que implicarían casi duplicar la producción de carne evitando así los actuales problemas (además del ingreso por exportaciones, de otros U$S 3.000 millones); también implicaría agregar un mínimo de 3-4.000 millones de litros de leche, etc., etc., etc. Pero además, esto multiplica varias veces la actividad económica por transporte, servicios, industrialización, comercio, y así en forma exponencial, aunque apenas se está partiendo de un cálculo de crecimiento productivo más que moderado o conservador.
¿Alguien hace los cálculos sobre lo que representaría que sólo el campo estuviera posibilitando un aumento de exportaciones de U$S 15-18.000 millones adicionales?.
¿Cuál podría ser la situación de la actividad económica en buena parte de las localidades de las distintas regiones productivas si sucediera esto?.
Por supuesto que en la instancia actual se está muy lejos de ese logro, aunque existan todas las condiciones agroecológicas como para alcanzarlo. Es más, se podría obtener con relativa facilidad.
Pero lamentablemente, se está llegando al punto en el que la gente ni siquiera se está dispuesto a la protesta y eso es muy grave ya que implica que no hay expectativas de lograr algún cambio, ni corrección. Dicho de otra forma: mientras hay lucha es porque hay esperanzas, en tanto que cuando se bajan los brazos es porque prima la resignación. Y eso parece estar sucediendo en el campo que comienza a perder algunos trenes…
Como en la novela homónima de hace algunas décadas atrás: “Mañana digo basta…”, pero por hoy sigo, aunque sea inercialmente.
Sin embargo, aún se podría tener una cierta cuota de optimismo pues, si bien no se dice “basta” a las políticas antiproductivas, tampoco se le dice un “basta” final a la producción como conjunto, aunque algunas actividades sigan disminuyendo año tras año.
Es casi como una ley del mínimo: el mínimo esfuerzo, el mínimo de inversiones, y hasta el mínimo de trabajo, como para no desaparecer, mientras se regulan los tiempos para alcanzar alguna forma de cambio y poder empalmar. Probablemente, a esta altura, la mayoría de los productores estén pensando en las elecciones presidenciales del año que viene como la posibilidad más cierta, ya que son cada vez menos los que creen que puede haber algún cambio concreto, estructural, o una verdadera corrección antes del recambio de autoridades.
Pero hasta entonces, el tema es quien se va a hacer cargo de las pérdidas directas de esta etapa y, más aún, de lo que se está dejando de producir y ganar para el conjunto del país.

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