20 de marzo de 2010 08:02 AM
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La política de encarecer la carne

La prohibición de exportar este producto desalentará su producción y, por lo tanto, se traducirá en un aumento de su precio

Restringir exportaciones de carnes ha producido una gran disminución productiva y un aumento de precios. Continuar ese camino provocará aún menos producción y mayores precios en el mercado interno. La desacertada decisión del gobierno nacional de prohibir las exportaciones de carnes vacunas y reiterar la vigencia de precios administrados indica que nada ha cambiado en esta trascendente materia, pese al rotundo fracaso del cúmulo de disposiciones que se vienen sucediendo desde fines de 2005. Por lo que se sabe hasta ahora, sólo se eximen de tan contundente y perjudicial decisión las carnes de la cuota Hilton, destinadas a la Unión Europea, y tal vez algunas otras. Se ha recurrido incluso a retirar de los barcos anclados en los puertos o de los aviones en los aeropuertos los contenedores respaldados por la documentación destinada a los respectivos destinatarios. Tampoco pudieron trasponer nuestras fronteras terrestres aquellos envíos a naciones vecinas, ni siquiera los destinados a Chile, donde todo abastecimiento de alimentos resulta de imperiosa necesidad. Mientras aquí se están realizando intensos esfuerzos para ayudar al pueblo chileno, se prohíbe o por lo menos se retrasa el abastecimiento de un insumo tan crítico. Hay mucho más en juego: en materia laboral tienen lugar despidos y suspensiones de miles de obreros y empleados, mientras se suspenden o lisa y llanamente se borran del mapa productivo las ya escasas inversiones que registra este vital sector de la economía. Como si ello fuera poco, para dicha de nuestros competidores, el país continúa dándoles la espalda a los mercados exteriores, donde nuestras carnes fueron reconocidas por su excelencia. Según lo expuesto, se sigue erosionando la seguridad jurídica, tema que tanto molestó a la presidenta Cristina Kirchner cuando fue mencionado por un alto representante de la administración norteamericana. Las exportaciones vacunas tenían ya fuertes restricciones por vía del Registro de Operaciones de Exportación (ROE), instrumento internacionalmente objetable que constituye un permiso de exportación. Para nada se justificaba agregar a cada operación la firma y sello del secretario Guillermo Moreno, que parecería querer demostrar la fuerza e inviolabilidad de la decisión adoptada y, de paso, también la primacía de esta área de la administración, para mayor desmedro y desaire del Ministerio de Agricultura. La prohibición adoptada sigue la línea correspondiente a las exportaciones de trigo y de maíz, cuyo resultado no puede haber sido más negativo a la luz de la disminución operada en las siembras de ambos cereales. Sólo las excepcionales y oportunas lluvias salvaron al maíz de los magros resultados de la cosecha de trigo. La ganadería vacuna redujo su producción de manera alarmante. De las 60 millones de cabezas existentes en 2006, quedarían hoy entre 50 y 52 millones y su producción estaría disminuyendo de 3,1 millones de toneladas a 2,6 millones, cantidad aproximadamente igual al consumo de este producto en años recientes. Obviamente lo que están persiguiendo el ex presidente Kirchner y el secretario Moreno, inspiradores de las infelices medidas, es privilegiar al consumidor al bajar los precios actuales, algo que sería legítimo si por esa vía se pudiera reconstruir la desalentada producción. Lamentablemente esto no es así, pues una menor producción se traduce siempre en un encarecimiento de la carne. De mantenerse las decisiones que han llevado al descenso productivo, las penurias de los consumidores se acentuarán sin cesar ante producciones cada vez menores y precios cada vez más altos.

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