23 de marzo de 2010 13:43 PM
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El Malbec argentino dejó de ser una moda para convertirse en una marca con fuerte prestigio

Luigi Bosca es una bodega centenaria ubicada en Mendoza, que cuenta con viñedos propios en las zonas más ricas de esa provincia, como Luján de Cuyo, Maipú y Tupungato.

Sus vinos gozan de alto prestigio, tanto en la Argentina como en el mundo: en los puntajes de las revistas internacionales especializadas nunca falta un Luigi Bosca.

Y esta fama tiene como correlato un alto valor: en las estanterías de las vinotecas, junto a las etiquetas más caras del país, siempre habrá un vino de la familia Arizu.

La bodega nació en 1901, cuando el viejo Leoncio Arizu, español de nacimiento, inauguró los primeros viñedos y comenzó a comercializar sus primeros vinos bajo la marca “Bosca”. Debieron pasar varias décadas para que el nombre “Luigi Bosca” finalmente viera la luz.

Hoy, la empresa está comandada por la tercera y cuarta generación Arizu. Y Alberto, su director, hoy es sinónimo de vino argentino de calidad.

En el marco de la última edición del Argentina Wine Awards, iProfesional.com dialogó con este exponente de la industria sobre el presente y futuro de la bodega.

-El último año dejó un sabor agridulce para la industria: en exportaciones el país crece. Sin embargo, en el mercado local hay preocupación porque el consumo no deja de caer…
-En el mercado internacional hubo bodegas que cayeron entre 5 y 7%, algo normal en una crisis, pero hubo otras que crecieron mucho en función a un mejoramiento en el nivel de precios. Lo bueno es que en enero y febrero las exportaciones mostraron buenas tasas de variación. En lo que respecta al mercado interno, es verdad que el balance no fue el más optimista, pero lo interesante es que en los dos últimos meses de 2009 notamos una fuerte recuperación. Este es un síntoma de que las cosas están mejorando. Sin embargo, hay que estar alerta porque hay algunos inconvenientes que pueden complicar estas buenas perspectivas.

-¿Se refiere a los altos niveles de inflación?
-Exacto. En primer lugar, los niveles de cosecha no fueron tan espectaculares y va a provocar que la relación entre oferta y demanda esté muy ajustada. Esto va a generar una modificación en los valores de la materia prima, a lo que hay que sumarle un alza en los precios de todos los insumos que se utilizan en la cadena de producción, que la realidad es que no tienen límites. La Argentina ganó un volumen y logró insertarse en un interesante nicho en los mercados internacionales. Sería grave perder ese lugar porque, detrás nuestro, tenemos muchos países competidores que buscan ocupar nuestro puesto. La realidad es que la inflación nos está trayendo muchos problemas de competitividad.

-¿Y cuál es la clave para evitar esto en un escenario con suba de precios?
-A los productores de uva hay que pagarles un precio razonable, eso es verdad. Lo que nos preocupa es que esperábamos una pequeña devaluación de la moneda para, con ese diferencial en el valor del dólar, cubrir parte de lo que este año se va a pagar de más a los viñateros.

-¿Una modificación en el tipo de cambio entonces sería clave para recuperar esa competitividad?
-Sí, pero no pedimos un ajuste brusco. Con un leve deslizamiento, que lleve el tipo de cambio nominal a 4 pesos por dólar, se acompañaría en parte la inflación de los últimos meses y compensaríamos la suba de costos que tuvimos. Pero, más allá de todo este debate, hay algo positivo y es que hay un mayor entendimiento entre las bodegas y los viñateros para trabajar juntos y crecer a la par.

-¿En qué fase está actualmente la empresa?
-Estamos en un punto consolidado y ahora toda la voluntad está puesta en llevar a la empresa a otro nivel. En los últimos años tuvimos tasas de crecimiento muy altas, del orden del 25% anual. Ahora, es el momento de afinar la puntería y ganar más participación en los mercados donde no estamos tan afianzados, ser mucho más incisivos. Además, está claro que en un país como este, el crecimiento que no está bien medido, totalmente programado, puede traer problemas financieros.

-¿Cuáles son esos mercados donde apuntarían a ganar market share?
-Básicamente los mercados europeos, donde sí estamos presentes, pero el nivel de ventas es bastante bajo. Lo cierto es que acá hay un trasfondo que nos supera. El Gobierno tiene que sentarse a la mesa con las autoridades de la Unión Europea y resolver los problemas que existen para el negocio vitivinícola, como las barreras pararancelarias que nos impiden crecer. Sin estos ruidos, los vinos argentinos funcionarían muy bien.

-¿Cuál es el techo para el vino argentino en el mercado internacional?
-Tenemos un potencial armado excelente, somos entre 80 y 10 bodegas que podemos avanzar muy fuerte en el mercado. Lo bueno de nosotros es que el negocio está muy diversificado, no estamos atomizados como en Australia, donde dos o tres grupos manejan el destino de la industria. Y lo positivo es que entre las bodegas hacemos un trabajo mancomunado. Se acabó el modelo del pasado, que era muy individualista. Hoy se habla, se conversa, se lucha en conjunto. Desde mi óptica, la Argentina tiene que seguir aprovechando el contexto favorable y lograr tasas de crecimiento del 15% durante los próximos años.

-¿Y qué papel jugará en esto el Malbec? ¿Encontró su techo?
-El Malbec va a ser fundamental. Todavía no llegó a su potencial máximo. Ya dejó de ser un vino de moda, ahora es una marca que goza de un fuerte prestigio, es decir, de una fama consolidada.

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