26 de marzo de 2010 08:31 AM
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La ganadería, frente a otra oportunidad

Con la recomposición de precios se ha cerrado la brecha con los países productores y exportadores vecinos.

La hacienda ha recuperado precios en los últimos meses. Los valores actuales se encuentran un 60 por ciento por encima de los de setiembre de 2009 y, con respecto a un año atrás, la suba es del 95 por ciento (promedio). Dado que estas subas exceden a las del nivel general de precios, los precios relativos se han modificado muy favorablemente para la actividad ganadera. Es importante identificar con precisión el por qué ha subido la carne; de esa manera se podrá determinar si se trata de un factor coyuntural o estructural y también evaluar si existe alguna política del Gobierno que pueda retrotraer el precio en el mercado interno a los niveles previos a la suba. En términos simples, los aumentos tienen que ver con una oferta escasa para el tamaño del mercado a abastecer. La oferta es escasa porque hay menos vientres que años atrás, al menos dos millones menos en sólo tres años (más del ocho por ciento del stock). La caída de vientres tiene que ver tanto con una política pública de fuerte desincentivo hacia la actividad como con una feroz sequía que llevó a muchos productores a desprenderse de su hacienda. Se agrega también la propia retracción que sufre la oferta en un contexto de precios en alza y recuperación de la rentabilidad de la actividad (retención de hacienda). Por su parte, el tamaño del mercado a abastecer es muy amplio, particularmente si se incluye en toda su expresión al mercado internacional. Nótese que en 2009 se produjo un fuerte crecimiento de las exportaciones que refleja factores varios; entre ellos, mayor libertad de comercio, la vigencia de la carne argentina en el mundo y problemas en países productores líderes (caso de Brasil). Hacia fines del año pasado y comienzos de éste se suma -presionando al mercado- la recuperación del consumo interno en el marco de la salida de la crisis económica. El mercado ha debido racionar una oferta escasa entre muchos compradores. Para ello se ha valido del instrumento que dispone para estas ocasiones: los ajustes de precios. Con mayores precios se desalienta algunos consumos, por un lado, y se incentiva la mayor producción, por el otro. En relación con el nivel en el que se encuentran los valores de la hacienda, debe notarse que se ha cerrado la brecha con los países productores y exportadores vecinos. Después de varios años con menores precios, los productores ganaderos argentinos han recuperado el valor (promedio) que tiene la hacienda en Brasil, Paraguay y Uruguay, entre 1,3 y 1,4 dólar el kilo vivo de novillo. Más aún, en los últimos días de febrero, la hacienda local de exportación se pagó en muchos casos a más de 1,5 dólar el kilo, récord de al menos los últimos 17 años. Cerca del techo. El hecho que hayamos recuperado valor internacional tiene varias implicancias; una importante es que no debieran esperarse nuevas subas, al menos de importancia, en el precio de la hacienda en Argentina. En otras palabras, se estima que la hacienda habría alcanzado probablemente su valor techo. Nótese que una vez logrado el precio internacional, si el precio interno sigue subiendo deja "descolocadas" a las exportaciones, las desalienta, dado que pierden competitividad en el mercado internacional; con ello se libera producción al mercado interno, y eso tranquiliza al mercado presionando los precios a la baja. En definitiva, llegó la suba en los precios de la hacienda que se anticipaba desde hace un buen tiempo. Se trata de una oportunidad para corregir el rumbo incierto que traía la actividad ganadera en el país. Esta corrección en los precios del mercado está muy cerca de haberse acabado, al habernos aproximado al límite casi inexorable que significa tener una hacienda en valores internacionales. Desde la política pública, el principal objetivo debería ser atenuar los efectos sociales de estas correcciones en los precios. En este desafío, programas de subsidio a la demanda focalizados en los segmentos más vulnerables son los más aconsejables; en un mercado de un bien que se comercializa internacionalmente, sólo un subsidio a la demanda puede mejorar el acceso doméstico al bien, y si además éste es focalizado, se logra una mejor asignación de los recursos públicos al acotar el beneficio que concede el Estado sólo a los grupos sociales a los que se quiere atender. Juan M. Garzón

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