27 de marzo de 2010 07:07 AM
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Se van a pagar los cien cafés de la noche del martes

Aún no se sabe si la reunión de cuatro horas que mantuvieron el ministro de Agricultura Julián Domínguez con los dirigentes de la Comisión de Enlace para solucionar el problema de la falta de carne sirvió para al menos pagar los cafés. Que sin duda fueron más de cien teniendo en cuenta que la legión de funcionarios y dirigentes de primera línea que estuvieron en el ministerio en la noche del martes pasado no tuvieron otra opción.

Al fin y al cabo había que mantenerse despierto hasta la una y cuarto de la mañana, hora que dieron por finalizado el encuentro y que cada uno partió para su casa que, aunque no hay evidencia de ello, es justo suponerlo. La cantidad de gente convocada se explica a partir de la decisión del ministro Domínguez y de la Comisión de Enlace de llevar toda la tropa, si es que se puede decir tropa a los secretarios Lorenzo Basso, Carla Campos Bilbao y Andrea García, al vicepresidente del Inta, Luis Basterra, y a los subsecretarios Luciano Di Tella, Alejandro Lotti y Jorge Videla, a los que hay que sumar los vicepresidentes, directores y técnicos de las entidades del campo. Por lo que se sabe los únicos que realmente trabajaron esa noche en el despacho privado del ministro fueron Domínguez, Mario Llambías (CRA), Eduardo Buzzi, (FAA), Hugo Luis Biolcati (SRA) y Carlos Garetto (Coninagro). El resto se agolpó en el salón gris y, como no podía ser de otra forma, comenzaron a discutir en serio los primeros cinco minutos hasta que se percataron de que no tenía sentido seguir fingiendo. Lo que importaba se estaba cocinando en la puerta de al lado. Se dedicaron, entonces, a ocupar las horas de la vigilia en tratar de caerse bien contándose infidencias y cuestiones domésticas. ¿Quién lo hubiera imaginado de funcionarios ultra-K y acérrimos opositores del campo? Pero más allá del "clima positivo" de la reunión, tal como la resumió Hugo Luis Biolcati, en la que se discutieron los anuncios del nuevo plan del Gobierno para fomentar la ganadería y la propuesta que llevaron los dirigentes, lo cierto es que se juntaron para apagar un incendio. ¿Cuál será la causa por la que al Gobierno se le hace imposible enfrentar los problemas con anticipación? ¿Había algo más anunciado y predecible que la caída en la oferta de carne? El incendio innecesario de la ganadería argentina consumió en el último año, según lo que se desprende de la última campaña de vacunación informada por Senasa, cerca del 10% del rodeo. Según el organismo técnico en la segunda mitad del año pasado se aplicaron 51.922.968 dosis de la vacuna antiaftosa contra los 57.736.145 animales vacunados en el segundo semestre de 2008. Como muchos animales, especialmente los ubicados en zonas fronterizas, reciben más de una dosis de vacuna, algunos analistas privados ya hablan de un stock vacuno con menos de cincuenta millones de cabezas. Y lo más grave de este incendio fue que eliminó una cantidad todavía no registrada de ganaderos, principalmente criadores, que tuvieron que padecer la seca y los precios pisados por el Gobierno, a tal punto que se vieron obligados a rematar sus vacas a un peso el kilo vivo. Fueron expulsados de la actividad y ahora son meros espectadores de la recomposición de precios de la hacienda. Que dicho sea de paso está provocando una reactivación en la venta de semillas para pasturas, verdeos, tranqueras y otros insumos ganaderos. Según los especialistas este escenario de buenos precios estará presente por lo menos durante los dos próximos años. Del encuentro en el ministerio surgieron iniciativas oficiales, como subsidiar la producción de novillos de más de 430 kilos y propuestas de alto voltaje como eliminar el IVA a los cortes populares. Algo que Julián Domínguez se comprometió a transmitir a la Presidenta. Y quizá lo más importante de la reunión fue que le darán continuidad al trabajo conjunto. Pero a pesar de las buenas intenciones en la multitudinaria noche del martes había una ausencia que inquietaba. Aunque no estaba invitado era indisimulable que faltaba el responsable del incendio de la ganadería y, lo que es peor, el que tiene la caja de fósforos a disposición. Guillermo Moreno sigue rigiendo el destino de las exportaciones, que continúan cerradas, y los precios en la góndola. Hasta hace poco el secretario de Comercio seguía insistiendo, contra la información que le llevaban los técnicos de los distintos organismos del Estado, que el stock vacuno era de 70 millones de cabezas y se mofaba de los pronósticos agoreros que advertían sobre la posibilidad de importar carne. Del resultado de la interna entre Domínguez y Moreno se sabrá si los cien cafés del martes sirvieron para algo.

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