2 de julio de 2013 00:01 AM
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Biodiésel argentino en crisis por aranceles de la UE

El sector de biodiésel de Argentina atraviesa una crisis y su producción está en caída libre desde el anuncio a finales de mayo de la aplicación de mayores aranceles por parte de la Unión Europea, que compra el 90% de lo que exporta el país sudamericano.

Argentina es el primer productor mundial de biodiésel, fabricado a base de aceite de soja, con una producción de 2,5 millones de toneladas en 2012 (US$1.800 millones), de las cuales 1,6 toneladas tienen por destino la exportación, por delante de Indonesia y de Malasia que lo elaboran a partir de aceite de palma.

La crisis comenzó en abril de 2012 cuando España, que importaba la mitad del biodiésel argentino, puso un freno a sus compras en represalia a la decisión del gobierno de Cristina Kirchner de expropiar el 51% de las acciones de la petrolera YPF que estaba en manos de la española Repsol.

Además el Estado argentino subió los aranceles de exportación del biodiésel perjudicando aún más las ventas.

En un primer momento se estimaba que las exportaciones argentinas de biodiésel rondarían los dos millones de toneladas pero en 2013 finalmente no superarán las 500.000 toneladas, dado que las medidas de la UE “colocan al biocombustible argentino a un precio prohibitivo”, advirtió Gustavo Idigoras, experto en bioenergías de Business Issue Management.

Idigoras puso como ejemplo la situación del grupo francés Louis Dreyfus Commodities que “invirtió sabiendo que sería más competitivo producir en Argentina y estructuró su producción para poder responder a las normas europeas”.

La sanción contra el biodiésel argentino –junto al indonesio– cayó como una bomba en el polo portuario de Rosario, 300 km al norte de Buenos Aires, sobre el río Paraná, donde se concentran las fábricas de tratamiento de soja, sea para biodiésel, harinas, aceites o lecitina.

Algunas fábricas debieron suspender su producción aunque sin impacto sobre el empleo por ahora.

En Argentina, la producción de Biodiésel hizo su despegue en 2006 y se multiplicó por diez entre 2007 y 2012, como resultado de una inversión en infraestructura de 1.000 millones de dólares en cinco años.

Además de Dreyus, los principales actores son las empresa estadounidenses Bunge y Cargill, la suiza Glencore y las argentinas Molinos Río de la Plata y Vicentin.

Acusaciones cruzadas

La medida de la UE de imponer aranceles a las importaciones fue calificada como “agresivo proteccionismo” por el Estado argentino, que ve en ella una represalia por la nacionalización en 2012 de la petrolera YPF que perjudicó al grupo español Repsol.

Buenos Aires formalizó en mayo un reclamo contra la UE ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

De su lado, la Unión europea acusa a los productores argentinos e indonesios de dumping, de beneficiarse con ayudas a la exportación, es decir, de ejercer una competencia desleal para los productores europeos.

El aumento del arancel para Argentina anunciado por la UE -de 6,8 a 10,6%– se aplicó además tras medidas del gobierno argentino, criticadas por empresas extranjeras de diversos sectores por considerarlas proteccionistas, además de los obstáculos puestos para la repatriación de los beneficios empresariales a las casas centrales.

Los productores argentinos de biodiésel se sienten tan perjudicados por la política del gobierno argentino como por la de la UE.

“Cuando Europa le cierra la puerta al biodiésel argentino, se perjudica a nuestra industria que es eficiente pero también al consumidor europeo, que va a pagar un producto más caro y menos sustentable ambientalmente”, dijo a la AFP Luis Zubizarreta, presidente de la Cámara Argentina de Biocombustibles (Carbio).

Hasta ahora, 90% de las exportaciones argentinas de biodiésel estaban destinadas a la Unión Europea, que consume 11.000 toneladas al año, el resto va a Perú y Australia.

“No es fácil sustituir a la Unión Europea por otros mercados. Donde sí se puede crecer es en el mercado interno”, estimó el economista Luciano Cohan.

Actualmente, el diésel vendido en las gasolineras de Argentina debe contener de 8 a 10% de biodiésel, por lo que los productores aspiran a recibir un empujón del gobierno, que lo lleve a 20%. En 2012, fueron inyectadas 900.000 toneladas de biodiésel en el mercado argentino.

Los industriales que se dedican a la transformación de la soja temen que el aumento del volumen de aceite de soja no convertido en biodiésel pese en el mercado y signifique una caída de los precios. Alrededor de 40% del aceite de soja producido está destinado al biodiésel.

La búsqueda de nuevos compradores es un esfuerzo vano debido a lo reducido del mercado de biodiésel, que depende esencialmente de las políticas públicas que favorecen su utilización.

El sector argentino cree que la Comisión Europea terminará por darle la razón: “estamos convencidos de que la Comisión Europea no impondrá derechos antidumping, si no puede llegar a significar la pérdida de la industria argentina del biodiésel”, advirtió Idigoras.

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