6 de julio de 2013 11:16 AM
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Australia produce con la fuerza del trabajo en equipo

Los productores cuentan con una vasta red de apoyos y estímulos.

Algunos datos básicos de esta potencia agroalimentaria dan idea sobre sus fortalezas. Con alrededor de 1500 millones de dólares de PBI, con algo más de 22 millones de habitantes, Australia se ubica entre las economías más prósperas y poderosas del mundo. Pero tal vez más importante que el poderío de su economía es el bienestar de sus habitantes.

Es aquí donde este país realmente se destaca, ya que se encuentra segundo en el mundo, sólo después de Noruega, en el ranking de Desarrollo Humano, según los indicadores del PNUD de las Naciones Unidas.

El índice de Desarrollo Humano mide a los países en función de su educación, salud, igualdad, sostenibilidad, innovación y tecnología, entre otros indicadores.

Claramente el sector de servicios y el minero juegan un rol fundamental en el desarrollo de este país, pero cuando se hace foco en su sistema de agronegocios se detecta una constante que atraviesa a todos los complejos y cadenas de valor: la fortaleza de sus instituciones.

Australia exporta anualmente alrededor de 7000 millones de dólares en carnes y subproductos. En este caso varias instituciones interactúan potenciando fortalezas de estas actividades productivas. Por ejemplo, la organización Meat & Livestock Australia (MLA) trabaja proporcionando marketing, investigación y desarrollo para los productores bovinos, ovinos y caprinos.

Esta institución se financia con dos fuentes principales. Por un lado, con el producido de cada transacción de ganado que se realiza, ya que obtiene un ingreso de 5 dólares por cabeza comercializada. A esto se agrega un aporte del mismo importe por parte del gobierno nacional.

Con 160 millones de dólares de presupuesto y 230 empleados, el MLA persigue objetivos como acceso a mercados, generar mayor demanda de carnes (Australia consume 33 kilos de carne bovina per cápita por año), investigación y desarrollo en genética.

Como ya mencionamos, el Estado aporta el 50% del presupuesto del MLA, pero además, a través de instituciones como Austrade (la agencia de promoción oficial de comercio, inversión y educación de Australia), encaran coordinadamente temas críticos como acceso a mercados. En estos casos Austrade financia y brinda herramientas para la obtención de los objetivos comerciales.

Las instituciones académicas y de investigación también trabajan coordinadamente en pos de los objetivos estratégicos fijados. Por ejemplo, la Universidad de Nueva Inglaterra (UNE) provee conocimiento e información en la aplicación de tecnología de la información a procesos de las cadenas de valor agropecuarias.

La semana pasada se llevaba adelante la conferencia sobre el “Futuro rural digital”. En los paneles se abordaban temas como “entendiendo las preferencias del ganado usando sistemas de GPS y sensor remoto”, o temas sobre cómo “generar nuevas relaciones y mercados a partir de las oportunidades que brinda la banda ancha a los productores”.

En línea con esta coordinación estratégica nacional público-privada, no extraña que el Csiro (lo que sería el INTA más el INTI de la Argentina) esté trabajando con la antes mencionada UNE desarrollando lo que denominan The Future Farming (La Producción Agropecuaria del Futuro), mostrando, por ejemplo, los impactos de la aplicación de la “economía digital” en actividades rurales.

Viendo semejante “trabajo en equipo” no es de extrañar que Australia lidere un emprendimientos como la Five Nations Beef Alliance (Alianza Cárnica de las Cinco Naciones). Esta alianza agrupa productores de Canadá, México, los Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia. Entre los cinco representan un tercio de la producción de carne bovina del mundo. Es éste el ámbito donde se procura cumplir con las expectativas de los consumidores de todo el mundo y eliminar restricciones “no científicas” o barreras “políticas” al comercio de carnes.

La fórmula australiana es simple: instituciones altamente representativas, legítimas, profesionalmente administradas y bien fondeadas, más un fuerte trabajo coordinado, público-privado, que opera según prioridades y objetivos fijados estratégicamente. Este plan simple parece ser una buena forma de capitalizar las oportunidades que ofrece el mundo al agro de un país.

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