8 de julio de 2013 14:46 PM
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Energía, carne y ahora trigo: argentinos quieren saber por qué hay problemas con el pan en el “granero del mundo”

Cuesta creer que el Gobierno recurra a la Ley de Abastecimiento para evitar faltantes, en un país que puede proveer de alimentos a varias naciones. Pero ciertas políticas desacertadas llevaron a esta situación, que los productores tildan de "insólita". El escenario que viene, según expertos.

Ni el surgimiento de Sergio Massa como el político más convocante de cara a octubre, ni el endurecimiento de la estrategia de Hugo Moyano, quien para hoy convocó a un paro nacional… el mayor enemigo de la administración  K en estos últimos días no se corporizó en la figura de un candidato opositor.

La principal amenaza para el Ejecutivo hoy, sin dudas, es la crisis que se desató por el faltante de trigo.

Las imágenes de molinos suspendiendo personal, de panaderos alertando con bajar sus persianas pero, sobre todas las cosas, de góndolas vacías y con precios que se dispararon en cuestión de días, implicaron un enorme costo político para un Gobierno que, si de algo se jactó continuamente, fue de defender “la mesa de los argentinos”.

En un país que anualmente exporta el equivalente a 2 toneladas de granos por cada habitante y que figura en el podio entre los mayores productores de alimentos del planeta, un estante sin paquetes de harina o sin galletitas o fideos, es una postal contundente que puede valer más que cualquier discurso de la oposición. 

Para los expertos, están todavía muy frescas las imágenes de ciudadanos venezolanos recorriendo mercados y avalanzándose en busca de los pocos alimentos disponibles, producto de una feroz escasez de productos de la canasta básica que está minando las bases del proyecto ideado por Hugo Chávez y hoy continuado por Nicolás Maduro.

Y, consciente del altísimo costo político y el impacto negativo que produce en el humor de la sociedad el hecho de que falte un alimento cargado de simbolismos como es el pan, el Gobierno buscó atacar el problema desde todos los ángulos posibles.

Así las cosas, la estrategia oficial incluyó desde la publicación de recetas para que los consumidores hagan milonguitas caseras, hasta una nueva aparición en escena de Guillermo Moreno quien, tras su aprobación en el Boletín Oficial el viernes pasado, está habilitado para aplicar la Ley de Abastecimiento si no se liberan stocks de trigo, pudiendo incluso avanzar con multas y hasta enviar a directivos de empresas a prisión

Resulta alarmante que, en un país como la Argentina, llamado a ser uno de los grandes graneros del mundo y beneficiado desde hace años por el boom de materias primas agrícolas, el Gobierno deba salir a apagar el incendio de esta crisis de alimentos pidiéndole a los argentinos que amasen su propio pan o amenazando a ejecutivos de multinacionales con ponerlos tras las rejas.

Ahora, ¿cómo es posible que la Argentina, dueña de una de las tierras más fértiles en todo el planeta, hoy no tenga el trigo suficiente como para hacer frente a la demanda doméstica

No hay que remontarse hacia décadas pasadas para buscar años exitosos para la producción triguera en el país. Pese al irrefrenable avance de la soja, este cereal, clave para la rotación de campos -que asegura que la tierra no pierda nutrientes y se vuelva improductiva-, durante la primera parte de la era K supo ser un eslabón clave en la estructura de negocios del campo nacional.

En la campaña iniciada en 2006, justo antes de que irrumpiera la política de intervención oficial, la Argentina ocupaba el cuarto puesto como mayor exportador de trigo y derivados, por detrás de Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea, de la mano de 12 millones de toneladas y un share del 10% en el comercio global de este cereal.

En cambio, para esta última campaña, la crisis de abastecimiento no dio tregua: las cerealeras habían comprometido embarques por 5 millones de toneladas pero debieron regresar 2 millones al mercado interno tras expreso pedido de Moreno. De modo que quedaron apenas 3 millones para el mercado internacional este año.

Con este nivel de ventas al mundo, la Argentina este año estará sufriendo un dramático derrumbe en el ranking global de proveedores de trigo. Y, por primera vez en décadas, está a un paso de caer del top 10, habiendo sido además superada por otros países con poca tradición en el comercio de este cereal.

Así las cosas, mientras que en 2006 la Argentina exportaba seis veces más de trigo que Turquía, por ejemplo, en esta campaña estarán prácticamente empatados.

Pero más llamativo es el comparativo que se puede establecer con Uruguay: apenas siete años atrás, las ventas nacionales al mundo de este cereal eran 50 veces superiores a las del país vecino.

Sin embargo, con la intervención de Moreno y el despegue de la nación charrúa, la diferencia pasó a ser mínima. De hecho, así como sucedió con la carne, Uruguay comienza a amenazar con superar a la Argentina en el negocio internacional del trigo, un escenario que el sólo hecho de haberlo imaginado hubiese parecido descabellado algunos años atrás. 

De hecho, en jornadas previas se conoció la noticia de que el propio funcionario llamó a un empresario molinero local para prohibirle la importación de trigo uruguayo, una compra que, a ojos del Gobierno, hubiese sido “humillante” por lo que simboliza perder el status de autoabastecimiento de este cereal clave. 

“Ni en pedo te dejo importar trigo“, fueron las claras y contundentes palabras que pronunció Moreno, tal como lo reflejó la prensa uruguaya.

La política de “inundar” el mercado
La irrupción de la figura del secretario de Comercio Interior no es casual. En el negocio agrícola señalan la decisión de este funcionario de intervenir el mercado como el punto de inflexión que marcó un antes y un después para la Argentina y su papel como granero del mundo.

¿Qué fue lo que impulsó a Moreno a irrumpir en el negocio del trigo? Exactamente los mismos argumentos que llevaron a que interviniera en la industria de la carne:

• Con el afán de controlar las subas de precios de los alimentos, el funcionario intentó “desacoplar” las cotizaciones en el mercado interno del boom que venían registrando en las plazas internacionales y así evitar que estas alzas impacten en el IPC.

• Para ello, comenzó a imponer cupos a las exportaciones y a lanzar fiscalizaciones vía la extinta ONCCA, de modo de controlar stocks, con el objetivo de “garantizar la mesa de los argentinos”.

• Moreno tuvo éxito en su estrategia de desacoplar el precio nacional del trigo del que se pagaba en otros mercados, como Chicago, dado que al cerrar los envíos dejó, durante varias campañas, un mercado inundado de este cereal y a una industria molinera que no tenía que competir con las multinacionales que pujaban por hacerse de una cuota de trigo para vender afuera. 

• ¿El resultado? Precios deprimidos en el mercado interno y un fuerte desincentivo para avanzar en la producción de este grano, dada la falta de certidumbre que generaba la estrategia oficial.

En definitiva, se trató de un manejo prácticamente calcado al que el Gobierno aplicó al negocio de la carne: el cierre de las exportaciones derivó en la caída del stock vacuno, lo que a su vez terminó en que más de 100 frigoríficos cerraran sus puertas y la Argentina fuera desplazada del top 10 de mayores comercializadores a nivel mundial.

En diálogo con iProfesional.com, Guillermo Villagra, administrador del pool de Siembra OpenAgro y con más de una década en el negocio, destacó que “el Gobierno nos fue empujando a que dejásemos de sembrar trigo, por el fuerte nivel de intervencionismo que pasó a reinar en el negocio”.

Por su parte, Ernesto Ambrosetti, economista jefe de la Sociedad Rural Argentina (SRA), explicó a este medio que “la política oficial perjudicó a toda la cadena triguera, ya sea cerrando exportaciones como poniéndole precios máximos al pan y a la bolsa de harina. Lo que se hizo fue destruir la rentabilidad del negocio”.

En esta línea, un documento de Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires (CARBAP) destacó que “los consumidores han quedado rehenes de un relato de ficción sobre el cuidado de la mesa de los argentinos, mientras han tenido que pagar cada vez más caro el pan sin otra justificación verdadera que es la que provoca la intervención gubernamental en los mercados”.

“El Gobierno produjo un escenario en el que los molinos se aprovechaban de los productores pagándoles el menor precio posible de trigo y, al mismo tiempo, debían financiar a la industria molinera, mientras que el precio del pan subía sin pausa“, acotaron.

Como resultado de esta política, destacaron que “el productor ha ido dejando de sembrar trigo por falta de rentabilidad“, al tiempo que los consumidores, deben padecer un precio “exorbitante” del pan.

En este sentido, desde Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) recalcaron que estos últimos siete años han sido “destructivos” para la producción triguera, con intervenciones, cuotas de exportación y “otras creaciones lamentables que sepultaron un mercado competitivo y una producción pujante hasta llevarla a los resultados de hoy: la menor superficie sembrada de los últimos 111 años, pérdida de mercados externos y problemas graves para abastecer el consumo doméstico”.

A continuación, se puede observar cómo el área sembrada de trigo se fue reduciendo conforme bajaron los incentivos para cultivar este cereal, con una última campaña donde la superficie destinada a este cultivo fue de menos de la mitad que en el ciclo 2001/02

Trigo versus soja: ¿quién gana la pulseada? 
Como quedó de manifiesto, una de las claves por las cuales la producción triguera se vino desplomando en la Argentina está en su continua pérdida de rentabilidad.

A la hora de analizar los costos y beneficios de sembrar este cereal, Villagra destacó que “el trigo, con la intervención oficial, durante años exhibió precios bajos en el mercado interno. Como contrapartida, para cultivarlo se necesitó de un paquete tecnológico caro. Además, el trigo, a diferencia de la soja, que es más rústica, es una planta más delicada, que necesita de mayores cuidados“.

Para tener una noción de costos y beneficios, basta saber que:

• Para obtener 2,4 toneladas de trigo en una hectárea de campo, según cálculos de OpenAgro, hay que invertir unos $2.000 sólo en costos directos (semillas, fertilizantes, labores, etc).

• En cambio, para lograr 2,5 toneladas de soja hay que desembolsar unos $1.800, es decir, un 10% menos. Con la ventaja de que el “yuyito” no está intervenido y se puede exportar libremente.

A esto se suma que, a la hora de levantar la cosecha, en los últimos años: 

• La soja venía dejando una rentabilidad promedio cercana al 20%.

• Como contrapartida, durante años, el trigo ofrecía un retorno de menos de la mitad que la oleaginosa.

“Esto llevó a que más productores optaran por dejar de cultivar el cereal“, aseguró Villagra, explicando así por qué durante la última campaña se alcanzó la menor superficie en más de un siglo.

Cabe destacar que el trigo es clave para asegurar la sustentabilidad de un campo: los nutrientes que la soja le quita a la tierra, se los devuelve este cereal, de modo que los expertos alertan que este desincentivo está llevando a que los ruralistas abandonen los esquemas de “rotación de cultivos”, necesarios para evitar los indeseables efectos que genera trabajar únicamente con el “yuyito”.

El otro aspecto clave es que, si bien trigo y soja se implantan en épocas diferentes, terminan compitiendo entre sí. Y la pulseada la está ganando esta última. 

“El trigo se planta entre junio y julio y se levanta en diciembre. La soja se cultiva entre los meses de octubre y noviembre y se levanta en abril. Es decir que el que opta por el cereal se pierde los primeros meses de cultivo de la oleaginosa. Y si bien el productor después puede hacer lo que se llama ´soja de segunda´, es decir, cuando planta ya entrado el mes de diciembre, los rendimientos y, por ende, la rentabilidad, terminan siendo menores“, explicó Villagra.

“Esto no es bueno para la sustentabilidad del campo argentino, pero es lo que muchos productores terminan haciendo porque si no el negocio no les cierra”, acotó.

¿Se viene otra crisis de escasez? 
Claro que el desplome de la producción y las malas perspectivas para la campaña próxima están produciendo un hecho que era esperable: el precio del trigo en Rosario es más elevado que el de la soja, una situación que, años atrás, hubiese resultado irrisoria.

Esto es lo mismo que sucedió con el negocio de la carne: cuando cayó el stock vacuno y sobrevino la escasez, los valores se dispararon, situación que terminó perjudicando a los consumidores.

Sin embargo, para Ambrosetti, “el hecho de que hoy se estén pagando estos niveles de precios por el trigo no garantiza que crezca la producción. De hecho, los valores a futuro para la próxima campaña son magros. En definitiva, mientras no haya certidumbre, el productor va a ser muy cauto”.

En esta misma línea, un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario alertó que, por estos días, “el trigo está en la última vuelta de siembra y no se vislumbran factores que puedan cambiar las decisiones sobre la superficie del cereal”, de modo que “el área quedaría como el año pasado“,  es decir, repitiendo la peor campaña en más de un siglo. 

En definitiva, los expertos advierten que, de no revertirse el escenario actual, hay riesgos de que la crisis triguera se profundice. 

“El balance está muy ajustado y hay un fuerte riesgo de desabastecimiento total“, alertó Pablo Adreani, director de la consultora Agripac, quien aseguró que, dadas las perspectivas, “en el largo plazo pueden profundizarse todavía más los problemas”.

En este contexto, desde CARBAP coincidieron al asegurar que “de persistir las mismas políticas, el área de siembra continuará viéndose disminuida y todos los argentinos seguiremos perdiendo.

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