10 de julio de 2013 11:11 AM
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Sergio Massa pierde el equilibrio en cada definición de campaña

Arrancó con un manto de neutralidad política que con el correr de los días se afianza en un espacio de oposición de centro derecha. Aunque sus seguidores lo niegan, el Pro reconoció un acuerdo distrital con el Frente Renovador.
“Massa arrancó de un techo, de ahora en más hay que esperar que baje la espuma”. Palabras más o menos eran las que comentaban en el kirchnerismo a una semana de conocerse la candidatura del intendente de Tigre como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires.

Es que la fuerte imagen positiva del ex Jefe de Gabinete de CFK (alrededor del 40% en su mejor intención de voto) se explicaba en buena medida por sus indefiniciones. Sumaba al electorado kirchnerista -que pide un cambio- con voto opositor o directamente anti K.

Massa intentó mantener el delgado equilibrio sobre un cable que dividía los espacios del oficialismo y la oposición irreconciliables. Pasó de ser el representante de un “kirchenrismo prolijo” (como lo califica Francisco de Narváez) a una “opción opositora”, como señaló este martes Darío Giustozzi.

Pero a pocos días de lanzar esa estrategia de equilibrista la periodista Mirta Tundes (tercera en la lista del massimo) rechazó cualquier parecido al oficialismo por muy “prolijo” que se lo etiquete, y no dudó en encontrar más coincidencias con De Narváez que con el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, el candidato de Cristina.

Desde el massismo intentaron explicar la presencia de candidatos a diputados en su lista de reconocida trayectoria macrista. Tales los casos de Gladys González actual diputada y miembro de Agricultura y Ganadería, como la de Christian Gribaudo ex vicepresidente de la misma comisión.

Este último fue el creador de la Mesa de Consenso Agropecuario (MCA) en la Cámara baja en 2009, un espacio alternativo de oposición que se alzó como una comisión de agricultura paralela pero sin peso formal a la que la Sociedad Rural, CRA, FAA y Coninagro acudían como en un bloque asesor. 

Baste con recordar que Luciano Miguens, presidente de la SRA durante los días de la 125, era presentado por Gribaudo como “nuestro secretario de agricultura” dentro del espacio Pro.

También sirvió la MCA de plataforma de lanzamiento para unos cuantos agrodiputados que este año terminan su mandato, aunque el propio Gribaudo quedó afuera en el intento por renovar su banca. Ahora, con Massa, va por su segundo mandato.

No había terminado el massismo de negar cualquier relación con el Pro (a pesar de los candidatos que incluye en su lista) cuando Federico Sturzenegger (candidato porteño y presidente del Banco Ciudad) ratificó que “tenemos un acuerdo distrital con Massa en la provincia de Buenos Aires”.

Para terminar de perder el equilibrio, Massa se desayunó este martes patrio con las declaraciones de su segundo candidato Darío Giustozzi, quien se preocupó por remarcar en declaraciones radiales que “somos una opción opositora”.

Giustozzi buscó responder a De Narváez -tras el lanzamiento del lunes pasado del Frente Renovador- que asocia al massismo con el kirchnerismo: “Estamos en contra de la re reelección…y con esto se termina el intento que algunos planteaban de que éramos una expresión intermedia o no tan claramente opositora”, explicó el intendente de Almirante Brown.

En el oficialismo aseguran que alrededor de un tercio de los que tenían alguna intención de votar a Massa este año, fueron o son kirchneristas. Pero a partir de las declaraciones del intendente de Tigre y del esfuerzo de su entorno por mostrarse tal cual son, ese electorado cambiaría su decisión a la hora de meter el sobre en la urna.

En la Rosada creen incluso -y no sin mediciones- que de los 40 puntos iniciales que tenía Massa antes de lanzarse como candidato, 13 puntos podrían inclinarse por el candidato K, Martín Insaurralde. La estrategia ahora es sustraerle al intendente de Tigre todos los electores que alguna vez votaron por el gobierno. 

Si el kirchnerismo lo logra, Massa pasaría a convertirse en otra oferta opositora más que se reparte los votos anti oficialistas y que en la provincia de Buenos Aires obtuvo hace dos años -en la elección a diputados- el 57% de los sufragios, 44 puntos más que el FAP, la segunda fuerza política más votada entonces.
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