12 de julio de 2013 13:52 PM
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Pan para hoy, hambre para mañana

Nunca mejor aplicada una de esas viejas y sabias sentencias: “Pan para hoy, hambre para mañana”, para significar la calamitosa situación a la que la inexperiencia/irresponsabilidad/tozudez/desconocimiento/torpeza oficial llevó nuevamente a la famosa “mesa de los argentinos”, y por la cual justifican cantidad de acciones improcedentes.

Pues bien, al igual que en 2011 con la carne vacuna, ahora es el turno del trigo.
Igual que entonces, los precios internos “volaron” alentados, en buena medida, por los escandeletes y berrinches emanados de las propias filas oficiales que alardearon tanto sobre la oferta, que consumidores, industriales, panaderos, etc., comenzaron a estoquear “por si falta”. Por supuesto que fue justamente ahí cuando los precios treparon sin control y, simultáneamente, el producto “desapareció” de las góndolas mientras el pan y las pastas se volvían más prohibitivos que el caviar.
Lo malo es que esto recién comienza y, como dice la Ley de Murphy: “si algo puede empeorar, empeora…”, y entonces habrá que esperar a septiembre u octubre para ver cómo sigue la película excepto, claro está, que se haga la vista gorda y se deje entrar –sin ruido–, parte de la harina que en meses anteriores salió para Paraguay, y que también entre desde Uruguay, ya que va a ser difícil que llegue desde Brasil (donde hay muchísima más) dada la casi nula relación comercial que hay entre ambos países y, parece, que también entre ambas presidentes.
Evidentemente, los retos del secretario Guillermo Moreno ordenando una conferencia de prensa en la que todos los dirigentes allí citados (excepto uno) estaban incómodos y no sabían qué hacer, aunque cumplieron a rajatabla el mandato de decir que “el trigo no va a faltar”, y se comprometieron a ofrecer pan a $ 10 el kilo, lo que ocurrió por apenas unas horas al día siguiente, sirven en estos casos para solucionar los faltantes.
Tampoco los retos de la presidente Cristina Fernández a los productores, que solo puso en evidencia que ella no sabe “dónde” está el trigo guardado, producto de que sus propios funcionarios (que si lo saben) no se lo comunican, soluciona los problemas a esta altura.
Menos todavía la tardía reacción del Ministro de Agricultura, Norberto Yauhar, permanentemente “ninguneado” por Moreno, afirmando que: “cuando sale el látigo, aparece la oferta”, aludiendo a los magros envíos que aparecieron en el mercado granario para aplacar un poco las “iras” oficiales, fue feliz ni conducente.
Lo cierto es que nadie en el gobierno se dio cuenta a tiempo, allá por enero/febrero, y/o se tragaron sus propias –dudosas– informaciones de volumen de la cosecha.
Por eso, autorizaron a la exportación a comprar 5 millones de toneladas (en realidad, fue para que ingresaran en forma adelantada las retenciones, dada la avidez de dólares que ya tenía el Gobierno).
Tampoco cerraron, hasta hace pocos días atrás, las exportaciones de harina que seguía saliendo tranquilamente.
Por supuesto que, mucho menos, controlaron las fronteras para aunque sea tener idea de que volúmenes iban saliendo hacia los países limítrofes y que, aunque algunos desconozcan como funciona ese comercio, no es considerado “contrabando”, ya que la compra minorista en frontera no es delito. El asunto son los volúmenes en juego…
Obviamente cuando los precios internos se dispararon, el flujo se paró, pero ya era tarde.
Igual a la exportación, que comenzó a vender parte del volumen adquirido al mercado interno pero ahora, al obligar a “enfriar” el mercado mandando más oferta, en realidad, lo único que se logra es, por un lado, patear la pelota para adelante, pero también agravar más aún la situación.
Y en esto hay dos aspectos negativos: ante las idas y vueltas y la presión puesta por los funcionarios, tanto consumidores como elaboradores creen que el déficit es mayor y, además de acumular, están dispuestos a convalidar precios aún mayores, especialmente por los productos.
Pero también, esta el hecho de que justamente ahora se está sembrando el cereal de la próxima campaña y, lógicamente, los productores ante tanto manoseo, inmediatamente levantaron el pié del acelerador. Después que “entierran” la semilla (equivalente a la inversión) no hay marcha atrás hasta la cosecha, y nadie parece hoy muy dispuesto a “timbrarse” en estas condiciones. Así, el área de siembra podría caer aún más.
Pero en todo caso, lo realmente grave, porque está en juego la salud humana, es que una parte importante del trigo que aún hay en el país, está en malas condiciones ya que fue afectado por Fusarium, un hongo que genera toxinas nocivas para el hombre.
En los países serios, ante una situación así, se decomisa la mercadería, se quema y se indemniza a los productores.
Difícil creer que en Argentina se pueda adoptar una resolución de semejante madurez en un contexto en el que los funcionarios, más vale, hacen “rabietas”, amenazan, o asumen actitudes totalitarias y, en ningún caso, asumen la responsabilidad sobre su accionar anterior, que terminó en semejante descalabro.

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