31 de julio de 2013 17:48 PM
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Fin de la “súper soja”: hasta cuánto puede bajar sin que la economía argentina entre en turbulencia

Otra vez el Gobierno vuelve a prenderle una vela al "ángel guardián" de la economía. El precio del yuyito va en caída y ya encendió las luces de alerta de un modelo que necesita que aumente para "bancar" gasto público y salarios estatales. Los cambios que vienen, si su cotización no repunta.

Muchos comparan a la economía argentina con la vida de un deportista de alto rendimiento que, tras alcanzar la cúspide, cada vez más requiere de una “ayuda” extra para no quedarse atrás en la competencia.

Tras años de crecimiento genuino, con variables sólidas en varios frentes -superávits gemelos, creación de empleo privado, sector inmobiliario con alzas récord, entre otros-, los efectos de la creciente inflación, del atraso cambiario y de la fuga de dólares, comenzaron a pasar factura.

Así, son varios los expertos que afirman que el sostenimiento del “modelo” tal como lo concibe la administración K -marcado a fuego por el entramado de subsidios y un creciente nivel de gasto público- sólo es viable de la mano de una “súper soja“, un puntal fundamental de la caja oficial y la responsable de dinamizar a las economías provinciales.

En los últimos años, el precio por las nubes con el que se benefició el “yuyito” se convirtió en ese “anabólicofundamental que permitió mantener el pie en el acelerador y aplazar el mayor tiempo posible la aplicación de medidas de ajuste de fondo.

Continuando con las metáforas deportivas, tiempo atrás el economista Carlos Melconian trazaba un comparativo más que elocuente: “Para la Argentina, la soja es más que Messi para el Barcelona“. 

Esto no explota por la oleaginosa, que se convirtió en una droga o sostén para evitar un colapso, porque genera una gran oferta de dólares. El milagro de estos tiempos es la aparición de la soja”, recalcaba el analista. 

En la misma línea, Ramiro Castiñeira, de Econométrica, destacó a iProfesional que “el Gobierno, durante estos últimos años, se acostumbró a convivir con una soja por sobre los u$s500, lo que significó un muy buen precio. Todas las variables se movieron en función de ese valor“. 

En tanto, desde la consultora Econviews hicieron hincapié en que “no sólo el Ejecutivo se hizo dependiente de una oleaginosa récord, sino también el sector privado. La economía funciona como lo hizo hasta ahora gracias a una soja en los niveles actuales, cercano a los u$s500″.

En este contexto, marcaron que el “yuyito” resultó “clave para el Gobierno, porque le dio oxígeno y tiempo, entre otras cosas, para extender su política de pagar deuda con reservas del Banco Central“.

¿El fin de un ciclo? 
Como un deportista que busca rendir más a cualquier precio, el economista Agustín Monteverde destacó que la economía argentina necesita más que nunca de ese “anabólico” llamado “súper soja“.

Sucede que, la profundización de la tensión cambiaria, el déficit energético récord y los millones de dólares que semanalmente se van en concepto de turismo, están elevando la “exigencia” y le está metiendo más presión al “modelo K”. 

De hecho, Monteverde apuntó que para el próximo período “el Gobierno sólo estaría cómodo con una soja cercana a los u$s600 la tonelada”, es decir, unos u$s100 por encima de los niveles actuales.

El problema es que a ese “deportista cansado“, que es la economía argentina, se le está cortando la dosis de “anabólicos” que requiere para alcanzar, con algo de comodidad, la línea de llegada.

No es para menos, considerando que la oleaginosa es el principal producto de exportación del país y el mayor pilar de la recaudación por retenciones, sin mencionar además el fuerte efecto derrame que genera en varios sectores, como el automotor y el logístico.

En este sentido, las proyecciones son preocupantes y ya encendieron las alarmas en los despachos oficiales: para mayo del año próximo, es decir, cuando irrumpa en el mercado internacional la nueva soja argentina, se está pactando un precio cercano a los u$s450 la tonelada, unos u$s100 menos que el récord alcanzado este año.

El consultor Salvador Di Stefano, de fuerte prédica en el sector rural, alertó que “hay que retroceder tres años para encontrar un valor similar”.

Las razones por las cuales los inversores decretan el fin de la súper soja son múltiples:

• Se prevé un progresivo fortalecimiento del dólar por las mejoras en la economía estadounidense. Como los precios de las commodities se mueven de manera inversa a la divisa, es de esperar una cotización más débil. 

• Se espera una gran cosecha en Estados Unidos. “Hay perspectivas de que crezca el stock mundial de granos. Esto se traducirá en una oferta que superará a la demanda, lo que deprimiría la cotización”, acotó Castiñeira.

• La economía china luce menos dinámica: el gigante asiático es el gran formador de precios de la oleaginosa. Cualquier baja en los niveles de importación, pegará de manera automática en el precio del “yuyito”.

Desde Econviews aportaron otro dato significativo: “No es de esperar un salto en los volúmenes de la próxima campaña que logren compensar un menor valor. Esto implicará una caída en el ingreso de divisas que afectará a la economía”.

Di Stefano reafirmó que la perspectiva de precios a la baja terminará impactando negativamente en los volúmenes. Es decir, habrá menores incentivos para cultivar y se terminará achicando la “caja verde“.

“Con la suba de costos, las altas retenciones y los precios de los alquileres elevados, todo haría indicar que la próxima campaña disminuirá el área sembrada y aportará menos dólares al Banco Central, a lo que se suma una baja significativa de los ingresos fiscales al Estado“, recalcó el experto.

La “delgada línea roja”
Los analistas coinciden en afirmar que una soja a u$s450, en un contexto de “normalidad” no sería un mal precio, dado que se ubicaría bastante por encima del promedio de la última década.

Sin embargo, hay consenso de que, como afirmaba Monteverde, el modelo se acostumbró a una dinámica de cotizaciones en alza y no en baja, especialmente cuando se están disparando tres déficits: el del sector energético, el de la industria automotriz y el del rubro turismo.

En este contexto, Castiñeira afirmó que “la economía se estuvo manejando en base a una soja por encima de los u$s500 la tonelada“. De modo que, por debajo de ese nivel, empezarán a sentirse los efectos.

En una línea similar, Fernando Baer, director de Bconomics, aseguró que “ya una soja de u$s520 la tonelada, como la de los últimos días, venía generando intranquilidad. Ahora estamos cerca de los u$s500 y ya se encendieron las luces de alarma”.

En tanto, Rodolfo Santángelo, socio de Melconian en la consultora M&S, alertó que “si observamos los precios para el próximo período, claramente tenemos un problema”. 

 

Por su parte, Mariano Lamothe, economista jefe de Abeceb, situó el número “clave” en los u$s480 la tonelada: toda cotización por debajo de ese número jugará en contra de las expectativas oficiales. 

Así las cosas, como quedó de manifiesto, el precio que inversores manejan para el año próximo (u$s440) se ubica entre u$s40 y u$s60 por debajo de la “línea de flotación” que marcan los expertos. 

De confirmarse esta baja en la cotización, desde Econviews estiman que: 

• El año próximo las exportaciones de granos y derivados dejarían hasta u$s5.000 millones menos en la economía.

• Esto implicaría una reducción en el ingreso por retenciones superior a los u$s1.600 millones.

• En términos de PBI esto se traduciría en un punto menos de crecimiento. “Si ya se preveía un menor dinamismo para el año próximo, con este menor precio esperado entonces la estimación se ajustará más a la baja”, sentenciaron.

Di Stefano coincidió en los “efectos colaterales” que traerá aparejado el fin del ciclo de la súper soja: “Se viene un escenario de menos exportaciones, dada la probable caída de cantidades y precio en el sector agropecuario”.

Así las cosas, la contracción en el ingreso de divisas pegará de lleno en las posibilidades que tenga el BCRA de incrementar sus alicaídas reservas, que este año, estiman en el mercado, podrían llegar a tocar un piso de u$s35.000 millones.

Estas pobres perspectivas del sector externo llevaron a que, días atrás, el banco británico Barclays Capital ya esté calculando unas arcas todavía más “flacas” para 2014, del orden de los u$s32.900 millones.

¿En qué se traduce este escenario? Según afirman desde Evonviews, en primer lugar, se terminará definitivamente el ciclo que permitió pagar deuda con reservas.

“Si el Gobierno no puede generar un superávit comercial mayor para que el BCRA se haga de dólares, entonces hay cuatro consecuencias: una mayor aceleración en la suba del billete verde oficial-para hacer rendir más las divisas que entran-, crecientes controles a las importaciones, mayores restricciones al turismo de argentinos en el exterior y un menor crecimiento de la economía“, acotaron.

En tanto, Santángelo aseguró que “el 90% del problema es cambiario y la soja es un jugador irremplazable. En princpio, un menor precio hará que se agudice la falta de dólares, a lo que se suma la alta emisión de pesos”. 

“Con esta política monetaria, el único camino que veo para el dólar blue es ascendente. Veo la tasa de inflación creciente. Faltan dólares porque sobran pesos. El cepo se mantendrá y no sólo eso: después de octubre se profundizará”, alertó el analista. 

La salida… ¿bajo tierra?
Un punto que preocupa al Gobierno lógicamente es la menor disponibilidad de caja para seguir financiando salarios el gasto público.

Para comprender la importancia de la soja en el esquema de ingresos fiscales, basta saber que en 2012, el 40% de lo que entró a la economía en concepto de retenciones a las exportaciones estuvo explicado por el “yuyito“.

Puesto en cifras, esto implicó unos $24.400 millones sobre un ingreso total de $61.300 millones, equivalente además al 55% de lo que recauda el Estado a través del impuesto al cheque.

Esto implica que, cualquier baja en el precio, se traduciría en una creciente presión para incrementar el ya “acelerado” ritmo de devaluación, de modo de hacer rendir más cada divisa que ingrese a la economía.

Al respecto, Di Stefano sostuvo que “el Gobierno espera remediar la caída de los precios internacionales con una mayor devaluación. El mensaje que dan es ´las retenciones son intocables. Mejor devalúo´“.

En este escenario tampoco ayuda la pobre performance que viene mostrando el plan de blanqueo de capitales que, por el momento, apenas generó unos u$s10 millones. La ecuación es menos favorable, incluso, si se considera que más del 30% de los Cedin ya fueron pasados a dólares

Sin embargo, cualquiera sea la cifra resultante, desde Econviews se mostraron escépticos sobre el impacto que este plan pueda tener en el plano cambiario: “Se podrá lograr cierto stock, pero el problema para el Ejecutivo son los flujos de dólares. Podrá ganar un colchón para tirar unos meses pero, si no hay flujos, las reservas seguirán cayendo”.

En este contexto, en el cual el “frente sojero” luce más complicado y el Cedin no está moviendo el amperímetro, los expertos consideran clave la velocidad con la que el Gobierno pueda avanzar en la explotación del yacimiento Vaca Muerta, dado que esto implicará una mayor disponibilidad de combustibles para el mercado interno y para exportación.

Si bien el propio titular de YPF, Miguel Galuccio, trazó un plazo de seis años para que el país pueda recuperar el ansiado autoabastecimiento, cualquier salto en el nivel de producción repercutirá positivamente en la ecuación cambiaria.

El punto de partida es crítico: la baja en el ritmo de extracción de crudo y gas está llevando a que este año el déficit energético se dispare hasta los u$s7.000 millones, según cálculos de Econométrica.

De ahí que el acuerdo con Chevron despierta fuertes expectativas a nivel oficial. Primero porque permitiría achicar las importaciones -y, por ende, reducir la pérdida de divisas-. Segundo, porque se podría traducir en mayores ingresos fiscales. 

El dato clave es que el año pasado, el sector petrolero -junto con el minero– generaron $15.500 millones en concepto de retenciones, el doble que los dólares que ingresaron a las arcas por ventas al mundo de aceite de soja.

Los resultados no serán inmediatos, pero cualquier hendija por la cual ingrese un dólar extra a la economía, para este Gobierno -afectado por una soja en declive-, será música para sus oídos. Especialmente para los de Guillermo Moreno, que hasta ahora sólo escucha la melancólica melodía que avanza al ritmo de la escasez de divisas.

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