13 de noviembre de 2009 10:07 AM
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El arroz pierde otra chance

La conjunción de malas condiciones climáticas que aún pesan y que encarecen adicionalmente la producción, más el mantenimiento de las restricciones económicas y operativas locales, vuelven a impedir que el arroz capitalice las muy buenas condiciones externas que, según los analistas, podrían mejorar más aún.

De hecho, la brutal recuperación de los precios internacionales, que habían acusado una muy fuerte caída por la crisis mundial del año pasado, fue una de las principales causas para que las exportaciones argentinas de arroz durante el primer semestre, crecieran casi el 70% respecto al mismo período de 2008, alcanzando los u$s 140 millones.
Sin embargo, con un costo local de producción de más de u$s 1.000 por hectárea, evidentemente el arroz no es para cualquiera, a pesar de las nuevamente atractivas condiciones internacionales, y de que la Argentina cuenta con una de las áreas más favorables para el cultivo en el mundo, según coinciden los especialistas.

Seguramente por esto último es que este cereal asiático, que fue domesticado hace más de 10.000 años, sigue manteniendo, y a veces hasta acrecentando, su área de siembra en el país, aunque muy lejos todavía de su verdadero potencial.

El mundo

Ahora los indicadores internacionales están mostrando una franca y alentadora recuperación que, aunque todavía está lejos de los u$s 1.000 por tonelada que el arroz elaborado alcanzó en el pico de 2008, ya se ubica por arriba de los u$s 500 la tonelada, tras haber caído hasta u$s 400 por tonelada.

Los motivos de la mejora pasan por la reversión de la tendencia declinante de la economía mundial, que vuelve a traccionar la demanda de consumo, especialmente de alimentos. Y como el arroz es uno de los principales, con una producción mundial que ahora ronda los 450-480 millones de toneladas, entonces resulta de los más beneficiados, y con una recuperación más rápida aún que otros granos.

Otro motivo importante para la suba, que algunos ya especulan con que puede impulsarlo hasta los récords del año pasado, son las fallas que están registrando algunas cosechas de países importantes por su producción y demanda, debido a las malas condiciones climáticas, tal el caso de la India, donde los vientos monzones (llovedores) de este año no son buenos, y los tifones que están arreciando en Filipinas.

Según la agencia Bloomberg, este último país, principal importador de arroz mundial, podría aumentar sus compras hasta un 25% más a causa del mal clima. De tal forma, si bien el comercio internacional es chico (ya que se tranzan aproximadamente 30 millones de toneladas sobre los 450-500 millones que se producen, ya que la mayor parte se destina al autoconsumo) cuando hay una alteración cualquiera de los fuertes productores, que a su vez son grandes consumidores, el mercado se recalienta, a pesar de que aún falta financiamiento internacional para el comercio, después de la crisis 08.

Argentina

Estas atractivas condiciones internacionales, sin embargo, no van a poder ser capitalizadas por los productores locales.

Los principales impedimentos se centran en: el clima, el financiamiento y las restricciones energéticas.

En el primer caso, la profunda y prolongada sequía afectó la provisión de agua secando las fuentes (represas, tajamares, etc.) que constituyen un alto porcentaje del sistema de riego que exige este cultivo. Incluso, se llegaron a cortar causes de ríos y arroyos que también proveen otro porcentaje al sistema de riego.

Ahora, si bien comenzó a llover en las principales zonas productivas (sur de Corrientes y Entre Ríos), las precipitaciones están llegando tarde para recuperar las reservas, por lo que se deberá intensificar el sistema de bombeo de pozos (profundo) con el consiguiente encarecimiento.

Esto está ligado, a su vez, con el tercer punto, ya que se estima que el arroz requiere de unos 2.000 litros de agua por kilo producido, lo que lo transforma en un grano «energético-dependiente», con lo que eso implica en la Argentina, y especialmente en el interior, donde las limitaciones de energía y combustible son mucho mayores que en las grandes urbes.

En cuanto a la financiación, dado el alto costo del cultivo, ya hace tiempo que se impuso el sistema de joint ventures, entre los capitalistas que en muchos casos son los propios traders y los molinos elaboradores, y los agricultores.

Sin embargo, las limitaciones que vienen registrando las inversiones, tanto locales como de capitales externos, también están afectando a este cultivo cuya producción, con fluctuaciones, ronda 1,3 millón de toneladas, de las que se consumen algo más de 300.000 toneladas y otras dos terceras partes se exportan.

En esta campaña, sin embargo, el área y la producción podrían caer (lo mismo que en el resto del Mercosur donde se espera una baja global del 5%), y así se achicaría el saldo que, en gran porcentaje compra habitualmente Brasil que además, en esta campaña, va a necesitar aumentar sus compras.

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