23 de julio de 2011 07:34 AM
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No hay que dejarse tentar por las grandes cifras

Es difícil no caer en la tentación de sentirse esperanzado cuando alguien dice que el país puede incrementar en un 50 por ciento su producción de granos y carnes en diez años. El potencial está a la vista, por el incremento de la demanda externa y por los recursos que tiene el país. Sin embargo, ese escenario puede quedar sólo en eso, en una tentación, si no se utilizan los instrumentos correctos para alcanzar la meta.

Pasado mañana la presidenta Cristina Kirchner presentará las conclusiones del Plan Estratégico Agroalimentario 2010-2016 que impulsa el Ministerio de Agricultura con el apoyo de universidades estatales y privadas, funcionarios provinciales y municipales, técnicos del INTA y del Senasa y algunas entidades del sector privado.En granos, se establece una meta de producción de entre 146 y 160 millones de toneladas, según se trate de un escenario menos o más optimista. En las proyecciones conocidas hasta el momento no hay modificaciones respecto de la actual proporción entre cereales y oleaginosas. En carnes, se espera un notable crecimiento de la aviar y de la porcina y un incremento de la vacuna, por la mejora de la oferta forrajera y de la productividad de los rodeos.El punto crítico que parece eludir el PEA es cómo se alcanzan esas cifras. La formulación teórica parece prescindir de la incidencia que tiene el mercado para incentivar el aumento de la producción. No hace falta ser un experto en economía para darse cuenta de que si el precio de un bien no se integra por la relación entre la oferta y la demanda es porque hay alguien que domina la formación de ese precio. Y cuando eso sucede, la estrategia para que un negocio alcance el éxito será la de tener muy buenas vinculaciones con quien maneja ese precio.Eso es lo que está sucediendo cada vez con mayor frecuencia en los mercados agropecuarios por la intervención del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. El dominio ya no se limita sólo al trigo o al maíz. Los lácteos, la carne porcina y el algodón, por mencionar algunos productos, también ingresaron en el mundo donde la falta de competencia y de transparencia entre los actores de la cadena le quitan incentivos a quienes quieren invertir en la expansión del negocio.Mientras tanto, la Presidenta repite día a día en sus apariciones por TV la necesidad de agregar valor a la producción. Queda bien, es atractivo. Pero al mismo tiempo avala una política conservadora del funcionamiento de los mercados que sólo favorece a quienes ya están participando en ellos y le pone barreras a los nuevos que quieren ingresar. Además, niega el daño que sus políticas le han causado a la producción. Esta semana, durante el acto realizado en la planta de bioodiésel de Unitec Bio, en Puerto General San Martín, dijo que la economía de Santa Fe había crecido menos que el promedio nacional. Más allá del uso electoralista de las cifras, pocos días antes de celebrarse los comicios en esa provincia, se olvidó de recordar que por la política de ganados y carnes del gobierno nacional las plantas frigoríficas de Santa Fe están paralizadas o con actividad mínima. La producción de carne también influye en el PBI.No es la única visión disociada que tiene el Gobierno. Por ejemplo, mientras el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, viaja a China para intentar abrir mercados a los cítricos, los vinos, las carnes y los lácteos, entre otros productos, Guillermo Moreno sigue fijando las pautas de lo que se puede o no vender. Es como si ambos fueran funcionarios de gobiernos diferentes.Si el Gobierno cree que de esa forma puede atraer los votos del campo está claramente equivocado. La confianza no se restablece con cifras y frases grandilocuentes sino con hechos concretos. Y dejar crecer a la producción en vez ponerle cepos es la mejor manera de alcanzar cifras récord.En estos días, la Exposición Rural de Palermo es un excelente ejemplo que pueden tomar quienes deciden las políticas económicas. Sin la competencia o las ansias por superarse e innovar es imposible lograr números que sorprendan. Se puede apreciar en la ganadería de excelencia, en la maquinaria agrícola y en las redes de empresas de servicios que se extienden en la actividad agropecuaria. Otro muy buen ejemplo también puede tomarse en Tecnópolis, la muestra sobre ciencia y tecnología que organiza el Gobierno. Sin la creatividad del pensamiento científico es muy difícil lograr cambios productivos significativos.Con voluntarismo no se alcanza el valor agregado. Sin mercados que permitan lograr precios transparentes o reglas claras que permitan abaratar el crédito para impulsar proyectos de inversión de largo plazo tampoco es posible modificar la matriz productiva.

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