5 de agosto de 2013 11:42 AM
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La concentración de plantas

URUGUAY : La noticia sorprendió mucho: que el Presidente de la República busca evitar la concentración en dos industrias, la frigorífica y la curtidora, razón por la cual ordenó la creación de un grupo de trabajo.

Sorprende que esto aparezca en un momento en el que precisamente se destaca la escasez de ganado o, desde otro punto de vista, la sobredemanda industrial notoria al permanecer cerradas y en conflicto algunas plantas frigoríficas. Sorprende además que la inquietud no tome en cuenta varios estudios encargados por el propio gobierno -comentados en estas columnas- para analizar no ya la concentración, que es lo de menos, sino la formación de los precios en competencia que es lo que verdaderamente importa y que estos análisis destacaron. Ello no obstante debe darse la bienvenida a la inquietud si, como espero, la misma sirviera para evaluar la formación de precios en otras áreas que dependen solo del gobierno.

Mala información.

Las declaraciones del Ministro de Trabajo y del de Industria sorprenden por el nivel de audacia. El primero sostuvo que se va a realizar un seguimiento de ambas industrias “para que no se produzcan situaciones de concentración que afecten la capacidad negociadora de los productores agropecuarios”. El segundo, preocupado por la industria curtidora que -él sí- conoce bien, afirmó que “es una medida de prevención para proteger a los productores…”. Según parece el detonante habría sido considerar -varios años después de que ocurriera- que una empresa llega con sus cuatro plantas a algo más del 20% de la faena. Y que una de las dos empresas más grandes del mundo en la carne estaría avanzando en la compra de curtiembres. Se trata en todos los casos de afirmaciones oficiales que no derivan de un sereno análisis. Contrastan con expresiones del Ministro de Ganadería que, esta vez, ha estado muy bien, dadas las circunstancias. Al menos en sus dichos.

Concentración.

Hay aquí una confusión técnicamente grave: una cosa es la concentración de la faena y otra muy diferente el poder monopólico u oligopólico de la demanda para fijar precios por debajo del nivel de equilibrio con una referencia internacional o de un precio en competencia. Veamos.

La concentración de empresas en la faena es en términos internacionales muy baja, y así lo mostramos en otras ocasiones poniendo ejemplos de Estados Unidos donde 4 empresas dan cuenta del 80% de la faena. En Uruguay cada una ostenta participaciones variables entre el 8 y el 10%, con una que llega a algo más del 20%. En lo personal, mirando como son las cosas en el mundo, me da la impresión de que la eficiencia en esta industria de márgenes muy bajos se asocia a tamaños de explotación industrial muy superiores a los que conocemos en Uruguay. Es una probabilidad cierta por tanto, que aun creciendo la actividad industrial, lo que por el momento está lejos de ocurrir, a lo mejor ella se desarrolla a futuro en mucho menos plantas. Esto, por otra parte, no debe preocupar. Lo que verdaderamente sí debería reclamar la atención oficial es el funcionamiento del mercado, la formación del precio del ganado, estudiando si acaso el mismo está arbitrado con las variables relevantes del negocio. Dicho en otras palabras y exagerando, podría existir una sola planta de faena y no haber perjuicio a los productores por abuso de posición dominante, y podría también haber 25 plantas y una formación de precios no transparente. La diferencia entre estas dos hipotéticas situaciones es la posibilidad que tenga el productor de vender su materia prima -el ganado, el cuero- a otros destinos, rompiendo así el oligopolio que pudiera existir. Esto sí depende del gobierno, en concreto del Ministerio de Ganadería: mantener libre la exportación en pie tal como con audacia y determinación se la implementó en 1993. No es ésta una disposición para que el ganado se vaya, sino para que el precio doméstico arbitre con los de otros negocios análogos, con un piso en el equivalente de exportar. Hoy la exportación en pie no es libre, y la de cueros está sometida a una detracción del 5%, único caso en toda la economía. El Ministro de Ganadería dice que ha firmado no sé cuántos permisos, lo que constituye un abuso ya que al gobierno, legalmente, lo único que le corresponde es extender certificados sanitarios, nunca un permiso para ejercer lo que de derecho es libre, aunque de hecho no. Hasta ahora este abuso parece no haber tenido consecuencias económicas, en tanto el precio doméstico del ganado, producto de una intensísima competencia, supera hace tiempo lo pagado a los productores en Paraguay, Brasil o Australia; y tiene bastante razón Aguerre cuando señala que “resulta clarísimo que en realidad, los productores tuvieron en los últimos años el mayor poder negociador que han tenido en la historia”. Su error está solo en considerar que ocurre desde los últimos años y no desde 1993 que es desde cuando esto es posible.

Si la industria frigorífica no está concentrada; si aunque lo estuviera compite por el ganado en pie con la exportación directa; si las curtiembres cada vez más -aquí y en el mundo- dependen de frigoríficos, ¿qué se puede hacer para asegurar que el productor disponga de un precio -no importa si alto o bajo- pero transparente, libre? Para un país con pocos demandantes por rubro, lo que hay que preservar siempre es la competencia, en particular con el exterior. Por eso es que asegurar la libre exportación de ganado o de cueros sin elaborar, son medidas que dependen del gobierno.

También se cuida la competencia si el gobierno no interviene en la comercialización de haciendas, como con tanta ingenuidad como buena fe algunos productores pidieron al gobierno. En este sentido, hay que destacar el enorme acierto del ministro Aguerre descartando la intervención oficial y definiendo con singular razón los roles que corresponden al gobierno y a los particulares. La verdad que me sorprendió y muy gratamente cuando afirmó que la función de gobierno es aportar información, acaso enseñar a usarla o difundirla, pero no señalar un modo de comercializar el ganado que debe ser libre. Perfecto.

¿Y el resto?

En la industria láctea un demandante tiene el 70%; en la cebada uno solo el 100%; en el trigo hay una empresa más que dominante, la misma que en el aceite; en el arroz una sola tiene el 40%; en la granja, en todos sus rubros, el precio no arbitra con el internacional; en el azúcar hay un monopolio de hecho; y así en el combustible, las comunicaciones… Bienvenida la preocupación de gobierno por la transparencia en beneficio de los débiles, a veces dependiente de la apertura al mundo, y alguna otra de la renuncia a abusar del poder del Estado para imponernos su costo monopólico.

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